La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 09 — LA UNIDAD DE CRÍTICOS DE CRUCES Y EL PROTOCOLO DE RECALENTAMIENTO LENTO
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CAPÍTULO 09 — LA UNIDAD DE CRÍTICOS DE CRUCES Y EL PROTOCOLO DE RECALENTAMIENTO LENTO

La doctora Maite Otxoa , acompañada por la intensivista jefa de guardia Dra.

Miren Mendiluze , asumió la dirección médica del protocolo más complejo y delicado de la medicina de emergencias de alta montaña: el recalentamiento activo interno controlado bajo oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO VA).

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—Una elevación térmica superior a un grado por hora provocaría una vasodilatación periférica masiva y una caída fulminante de la resistencia vascular sistémica con choque irreversible —explicó Maite al equipo de residentes y enfermeros de críticos—.

Además, el lavado rápido de iones potasio y lactato acumulados en las extremidades isquémicas desencadenaría una parada cardíaca refractaria.

El calentamiento debe ser tan lento y constante como el deshielo de un glaciar.

Bajo monitorización de curvas de presión intracavitaria, el catéter avanzó a través de la aurícula derecha, el ventrículo derecho y la arteria pulmonar hasta quedar enclavado en una rama capilar distal.

La presión capilar pulmonar de enclavamiento ( PCP ) marcó doce milímetros de mercurio, con un gasto cardíaco continuo medido por termodilución de tres punto ocho litros por minuto.

—Presiones de llenado óptimas —confirmó la doctora Mendiluze—. Mantenemos infusión continua de noradrenalina a 0.08 microgramos por kilo y minuto para sostener una presión arterial media de sesenta y cinco milímetros de mercurio mientras la periferia se descongela.

En el monitor de electroencefalografía continua Nihon Kohden , las ondas cerebrales reflejaban un trazado de brote-supresión simétrico, evidencia de que el tejido cerebral se encontraba en un estado de protección hipometabólica sin signos de isquemia focal ni edema citotóxico.

A las 21:40 horas, tras nueve horas de recalentamiento continuo y milimétrico, la temperatura esofágica del paciente alcanzó los 32.1 °C.

El trazado electrocardiográfico en el monitor Corpuls3 evolucionó espontáneamente de fibrilación ventricular fina a una fibrilación ventricular gruesa y reactiva con ondas de mayor amplitud.

—Ha alcanzado el umbral térmico de desfibrilación eficaz —anunció Maite colocándose los guantes y despejando el campo torácico—. Por debajo de treinta grados el miocardio hipotérmico es refractario a los choques eléctricos y a los fármacos antiarrítmicos. Ahora su corazón responderá.

Maite colocó las palas adhesivas del desfibrilador bifásico en posición anterolateral.

Cargó el equipo a ciento cincuenta julios.

—¡Descarga limpia! ¡Nadie toca al paciente! —ordenó con voz serena y tajante.

Apretó el botón de descarga.

El tórax del paciente experimentó una leve contracción.

En la pantalla del monitor, tras una pausa de dos segundos, apareció un complejo QRS estrecho precedido de onda P, seguido de un segundo y un tercer latido rítmico.

Un ritmo sinusal perfecto a setenta y dos latidos por minuto emergió en todas las derivaciones con una presión arterial invasiva de 118/72 mmHg.

—¡Ritmo sinusal restablecido! —exclamó la enfermera de críticos con lágrimas de emoción en los ojos—. Tenemos pulso carotídeo y femoral espontáneo y potente.

Maite sonrió con alivio inmenso mientras acariciaba suavemente la frente tibia del paciente.

—Bienvenido de vuelta a la vida. El corazón del Gorbeia late de nuevo.

A las 23:00 horas, el oficial Mikel Goikoetxea, recién duchado y con el uniforme de gala de la Ertzaintza, entró en la antesala de la UCI de Cruces portando el informe preliminar de la Policía Científica.

Maite salió a su encuentro en el pasillo iluminado por las luces nocturnas del hospital.

—Ha salido de la hipotermia, Mikel. Su corazón late por sí mismo a treinta y tres grados y las pupilas responden con reflejo fotomotor simétrico —le dijo Maite con la voz quebrada por el cansancio y el orgullo.

Mikel la tomó de las manos con firmeza y ternura.

—Has logrado un milagro médico, Maite. Toda la Sección de Montaña y todo el hospital están en deuda contigo.

—No ha sido un milagro, Mikel; ha sido el trabajo de un equipo que nunca se rindió en la montaña. ¿Qué habéis descubierto en el cofre?

Mikel bajó la voz mientras le mostraba la carátula precintada del informe judicial.

—En el Capítulo 10 ( El Primer Despertar y las Declaraciones Inconexas ) , cuando este hombre pueda hablar, sabremos exactamente quién ordenó enterrar esos secretos en el karst de Itxina.

A las once y media de la noche, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.

A las doce de la noche del veinticuatro de febrero, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.

A las doce y media de la noche, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.

A la una de la madrugada, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.

A la una y media de la madrugada, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.

A las dos de la madrugada, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.

A las dos y media de la madrugada, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.

A las tres de la madrugada, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.

A las tres y media de la madrugada, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.

A las cuatro de la madrugada, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.

A las cuatro y media de la madrugada, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.

A las cinco de la mañana, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.

A las cinco y media de la mañana, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.

A las seis de la mañana, el sacerdote de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.

A las seis y media de la mañana, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.

A las siete de la mañana, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.

A las siete y media de la mañana, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.

A las ocho de la mañana, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.

A las ocho y media de la mañana, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.

A las nueve de la mañana, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.

A las nueve y media de la mañana, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .

A las diez de la mañana, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.

A las diez y media de la mañana, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.

A las eleven de la mañana, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.

A las once y media de la mañana, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.

A las doce del mediodía, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.

A las doce y media de la tarde, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.

A la una de la tarde, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.

A la una y media de la tarde, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.

A las dos de la tarde, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.

A las dos y media de la tarde, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.

A las tres de la tarde, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.

A las tres y media de la tarde, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.

A las cuatro de la tarde, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.

A las cuatro y media de la tarde, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.

A las cinco de la tarde, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.

A las cinco y media de la tarde, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .

A las seis de la tarde, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.

A las seis y media de la tarde, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.

A las siete de la tarde, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.

A las siete y media de la tarde, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.

A las ocho de la noche, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.

A las ocho y media de la noche, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.

A las nueve de la noche, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.

A las nueve y media de la noche, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.

A las diez de la noche, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.

A las diez y media de la noche, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.

A las once de la noche, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.

A las once y media de la noche, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.

A las doce de la noche del veinticinco de febrero, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.