La Santa Compaña: Expediente I CAPÍTULO 6 - INFORME POLICIAL 19-A
40%

CAPÍTULO 6 - INFORME POLICIAL 19-A

DOCUMENTO RECUPERADO

La carpeta sobrevivió con daños mínimos pese a encontrarse dentro del sector más afectado por el fuego.

No existe explicación técnica para ello.

Montenegro abrió el expediente lentamente.

El papel desprendía un olor húmedo y antiguo.

Como tierra mojada encerrada durante décadas.

El investigador comenzaba a asociar aquel aroma con los momentos previos a cada incidente.

Y eso lo inquietaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

El informe original correspondía a una desaparición simple.

Un conductor identificado como Ernesto Vidal, treinta y siete años, desapareció mientras realizaba un trayecto nocturno de rutina entre localidades rurales.

La última comunicación radial ocurrió a las 02:51 AM.

TRANSCRIPCIÓN - RADIO DE TRANSPORTE

CENTRAL: Unidad 12, confirme posición.

VIDAL: Voy retrasado… hay niebla en la ruta.

CENTRAL: No hay reportes climáticos en la zona.

[silencio breve]

VIDAL: Sí… ya lo noté.

El tono del conductor cambió durante los siguientes minutos.

La respiración comenzó a escucharse más rápida.

VIDAL: Hay luces adelante.

CENTRAL: ¿Vehículos?

VIDAL: No… no creo.

La grabación presentaba una interferencia irregular después de aquella frase.

Como si varias frecuencias se superpusieran al mismo tiempo.

VIDAL: Espere…

¿Por qué están caminando en medio de la carretera?

Silencio.

VIDAL: Dios…

La transmisión terminó abruptamente.

Montenegro apoyó lentamente los dedos sobre el escritorio.

El patrón seguía creciendo.

Niebla.

Silencio.

Luces.

Y después…

la aparición.

INFORME DE RECUPERACIÓN DEL VEHÍCULO

El camión fue encontrado a las 07:13 AM detenido en mitad de la ruta.

Motor encendido.

Luces funcionando.

Puerta abierta.

No existían señales de frenado.

Ni huellas de terceros.

Pero había algo imposible.

OBSERVACIÓN FORENSE

“El reloj del vehículo marcaba las 03:03 AM pese a haber sido encontrado cuatro horas más tarde.

Todos los relojes mecánicos recuperados del interior permanecían detenidos exactamente a la misma hora.”

Montenegro sintió tensión en el pecho.

03:03.

Otra vez.

Las horas comenzaban a repetirse demasiado.

03:03. 03:12. 03:14. 03:17.

Siempre cerca.

Siempre durante la madrugada.

El cuerpo de Ernesto Vidal jamás apareció.

Sin embargo, los investigadores encontraron algo extraño alrededor del vehículo.

Marcas.

FOTOGRAFÍAS RECUPERADAS

Las imágenes mostraban barro húmedo extendiéndose desde el bosque hacia la carretera.

No eran huellas humanas normales.

Parecían líneas arrastradas.

Decenas de ellas.

Como si un grupo entero hubiera cruzado lentamente el camino durante la noche.

Y todas rodeaban el camión.

DECLARACIÓN - OFICIAL RICARDO MENA

“No nos gustó ese lugar desde que llegamos.”

El policía describió una sensación constante de presión en los oídos.

Como si el ambiente estuviera contenido dentro de algo invisible.

“Lo peor era el silencio.”

Otra vez.

“Ni insectos.

Ni viento.

Ni árboles moviéndose.

Nada.”

Montenegro cerró los ojos unos segundos.

Ya podía anticipar las frases antes de leerlas.

Cada caso parecía una variación del mismo evento.

Como si el fenómeno aprendiera a repetirse.

La declaración del oficial continuaba.

“Después vimos las velas.”

El investigador levantó la vista lentamente.

“Había restos de cera en el asfalto.

Pero ninguna marca de fuego.”

Aquello no tenía sentido.

La cera aparecía en casi todos los casos.

Pero nunca existían señales de combustión real.

Como si las velas no pertenecieran completamente al mundo físico.

ANEXO CONFIDENCIAL

La siguiente sección había sido removida del informe oficial.

Montenegro encontró las páginas dentro de un sobre separado.

Marcado únicamente con una cruz torcida.

TESTIMONIO NO AUTORIZADO

El oficial Ricardo Mena entregó una segunda declaración semanas después del incidente.

Nunca fue incluida en el archivo policial.

“No dije todo esa noche.”

Silencio en la grabación.

Respiración inestable.

“Había alguien parado frente al camión.”

Montenegro sintió un escalofrío inmediato.

“No llevaba túnica.”

El oficial comenzó a llorar durante la entrevista.

“Pensé que era el conductor…

pero no se movía como una persona.”

La voz del hombre descendió casi hasta un susurro.

“Y estaba sosteniendo algo.”

El entrevistador preguntó qué objeto llevaba.

Hubo una pausa larga.

“No lo sé.”

Otra pausa.

“Pero parecía pesado.”

Montenegro apartó lentamente las hojas.

El peso invisible.

Otra coincidencia imposible.

Entonces escuchó un sonido detrás de él.

Una campana.

Única.

Lejana.

El investigador giró rápidamente.

El despacho permanecía vacío.

Pero las luces fluorescentes comenzaban a oscilar otra vez.

Miró el reloj de pared.

03:03 AM.

El mismo minuto del informe.

La temperatura descendió bruscamente.

Montenegro observó cómo el vaho escapaba de su respiración.

El olor húmedo apareció nuevamente.

Tierra mojada.

Cera derretida.

Madera vieja.

Entonces escuchó el arrastre.

Lento.

Pesado.

Avanzando por el pasillo exterior.

Uno.

Luego otro.

Y otro más.

No era una sola presencia.

Eran muchas.

Montenegro permaneció inmóvil mientras los sonidos atravesaban lentamente el corredor.

Sin voces.

Sin respiraciones.

Solo pasos arrastrándose en perfecta sincronía.

Las luces comenzaron a apagarse una por una en el pasillo.

Primero la más lejana.

Luego la siguiente.

Y otra más.

Como si algo avanzara hacia el despacho consumiendo la luz a su paso.

Montenegro retrocedió lentamente.

Las sombras cubrieron el corredor.

Cada nueva oscuridad iba acompañada por otro paso.

Otro arrastre.

Otro sonido húmedo sobre el piso.

Hasta que solo quedó encendida la luz frente a su puerta.

Silencio.

La bombilla vibró violentamente.

Y se apagó.

Oscuridad total.

Entonces alguien respiró al otro lado de la puerta.

CAPÍTULO 7 - EL AUDIO

Expediente asociado: SC-23-PT Ubicación: Viana do Castelo, Portugal Fecha del incidente: Febrero de 2011 Estado del material original: Parcialmente corrupto Clasificación: Registro sonoro activo

ADVERTENCIA

El siguiente archivo fue retirado de circulación tras múltiples incidentes reportados por personal técnico encargado de su análisis.

Se recomienda no utilizar auriculares durante la reproducción.

La duración original del audio era de 18 minutos y 43 segundos.

Las copias recuperadas presentan variaciones de contenido imposibles de explicar.

Montenegro permaneció observando aquella advertencia durante varios segundos.

La había leído antes.

Exactamente la misma frase aparecía en el expediente de las campanas de San Martiño.

Eso significaba una cosa:

los archivos comenzaban a conectarse entre sí incluso fuera de los testimonios.

Como si el fenómeno dejara marcas dentro de la propia documentación.

El investigador introdujo el dispositivo de almacenamiento en el computador del despacho.

La pantalla tardó demasiado en reconocer el archivo.

Cuando finalmente apareció, el nombre del audio resultó extraño.

No tenía fecha.

No tenía clasificación.

Solo una palabra.

“ESCUCHA”

Montenegro sintió una presión incómoda detrás de los ojos.

Algo dentro de él le decía que no reprodujera el archivo.

Pero la necesidad de entender ya era más fuerte que el miedo.

Hizo clic.

Los primeros segundos contenían únicamente ruido ambiente.

Viento.

Pasos sobre grava.

Respiración agitada.

La voz de un hombre apareció poco después.

TRANSCRIPCIÓN PARCIAL - AUDIO RECUPERADO

“Creo que me perdí…”

La voz pertenecía a Rui Ferraz, excursionista desaparecido durante una noche mientras atravesaba un antiguo camino forestal cercano a Viana do Castelo.

Su teléfono fue encontrado tres días después.

Cubierto de barro.

La batería permanecía cargada pese a haber estado expuesto a lluvia intensa.

La grabación continuaba.

“No reconozco este lugar…”

Pasos.

Ramas quebrándose.

Respiración más rápida.

“Hay niebla otra vez.”

Montenegro cerró lentamente los ojos.

Siempre empezaba igual.

El sonido ambiente disminuyó abruptamente.

El viento desapareció.

Los pasos dejaron de escucharse.

Y entonces ocurrió algo extraño.

El silencio del audio no parecía natural.

No era ausencia de sonido.

Era como si algo lo hubiera consumido.

Montenegro sintió un escalofrío inmediato.

Porque el despacho comenzó a sentirse igual de silencioso.

La grabación continuó.

“¿Hola?”

La voz de Rui sonó más lejana ahora.

Temblorosa.

“Creo que hay gente aquí…”

Un nuevo sonido apareció de fondo.

Muy leve.

Campanas.

Montenegro miró automáticamente el reloj de pared.

03:14 AM.

Las campanas del audio continuaban sonando lentamente.

Funerarias.

Húmedas.

Exactamente como las que había escuchado en el edificio días antes.

Entonces apareció otro ruido.

Arrastres.

Muchos.

Sincronizados.

La respiración del excursionista se aceleró violentamente.

“No… no… no…”

El investigador sintió tensión en las manos.

Otra vez aquel peso invisible.

Más fuerte ahora.

La voz del hombre descendió hasta convertirse en un susurro.

“No están caminando…”

Silencio.

Y entonces ocurrió algo imposible.

Otra voz apareció en la grabación.

Muy cerca del micrófono.

“No mires.”

Montenegro apartó inmediatamente las manos del escritorio.

La voz no pertenecía al excursionista.

Sonaba más grave.

Más lenta.

Como si varias personas hablaran al mismo tiempo.

La grabación se distorsionó violentamente durante algunos segundos.

El monitor del computador comenzó a parpadear.

Interferencias negras cubrieron la pantalla.

Y entonces las luces del despacho se apagaron.

Oscuridad total.

El audio seguía reproduciéndose.

Ahora ya no se escuchaban pasos.

Solo respiración.

Muchas respiraciones.

Demasiadas.

Montenegro permaneció inmóvil.

La pantalla del computador era la única fuente de luz.

Un resplandor débil y azulado dentro de la habitación oscura.

La voz de Rui volvió a escucharse.

Pero algo había cambiado.

“Creo que ya me encontraron…”

El investigador sintió un nudo frío en el estómago.

Porque la voz del hombre ya no parecía provenir del audio.

Sonaba dentro del despacho.

Las respiraciones aumentaron.

Más cercanas.

Más densas.

Y entonces apareció un nuevo sonido.

Goteo.

Lento.

Constante.

Montenegro miró hacia el escritorio.

Tierra húmeda caía lentamente desde algún punto del techo.

No.

No desde el techo.

Desde el aire.

El investigador retrocedió.

Las gotas de barro golpeaban la madera formando pequeñas manchas oscuras alrededor del computador.

La grabación continuaba.

“Hay uno delante…”

Campanas.

Respiración.

Arrastres.

“No lleva capucha…”

El monitor comenzó a llenarse de estática.

La imagen vibró violentamente.

Y durante una fracción de segundo…

apareció un rostro.

No completo.

Solo una silueta pálida iluminada por velas.

Con ojos abiertos demasiado tiempo.

La imagen desapareció de inmediato.

Pero Montenegro alcanzó a verlo.

Y lo peor…

la figura parecía observarlo directamente.

El investigador intentó apagar el computador.

No respondió.

La grabación seguía avanzando sola.

Entonces Rui gritó.

Un grito breve.

Ahogado.

Como si el aire hubiera sido arrancado de sus pulmones.

Y después…

Silencio absoluto.

La reproducción parecía haber terminado.

Pero el contador del archivo seguía avanzando.

19:01. 19:02. 19:03.

Imposible.

El audio original duraba menos de diecinueve minutos.

Montenegro sintió algo detrás de él.

Presencia.

Inmediata.

Inmóvil.

No quiso girarse.

No pudo.

Entonces el audio emitió un último sonido.

Muy cerca del micrófono.

Una respiración lenta.

Y luego una voz.

La misma voz imposible.

“Ahora tú.”

El computador se apagó violentamente.

Las luces regresaron al despacho al mismo tiempo.

El ruido eléctrico volvió.

La ventilación.

La lluvia.

Todo.

Montenegro cayó hacia atrás intentando recuperar el aire.

Miró desesperadamente alrededor.

El despacho estaba vacío.

Pero en la pantalla negra del monitor…

Había una marca húmeda.

Como la huella de una mano apoyada desde dentro del vidrio.

Y debajo de ella…

alguien había escrito una frase.

Con barro.

“SIEMPRE HAY UNO VIVO”