Capítulo 45
Cortafuegos
Ginebra, marzo
El informe filtrado por Clara a los medios de comunicación fue impecable.
Técnico, preciso y calibrado con una sutileza emocional magistral.
Negaba rotundamente cualquier «implicación directa del Grupo Wexler en programas de experimentación genética sin consentimiento» y anunciaba, a cambio, una auditoría externa supervisada por un comité internacional de ética.
—Queremos transparencia —declaró Clara durante la multitudinaria conferencia de prensa—, pero también justicia. Y la justicia no se logra con titulares escandalosos, sino con datos, contexto y responsabilidad.
Los periodistas aplaudieron. Algunos con escepticismo; otros, con evidente temor.
Lo que nadie sospechaba era que esa documentación entregada estaba meticulosamente seleccionada, purgada y editada. Los verdaderos archivos de BLACKROOT —los que detallaban el Proyecto Eunomia, los vectores virales y las firmas falsificadas— permanecían bajo llave, intactos.
Zúrich, ese mismo día
Luc preparaba una transferencia cifrada destinada a una periodista independiente en Berlín. Habían acordado un canal seguro y un intermediario de absoluta confianza.
Sin embargo, al acceder a la red de subida, un aviso en rojo parpadeó en su pantalla:
Canal comprometido. Intervención activa. ID: GRB-42.
Reconsidere. Están observando.
Luc se congeló. Desconectó el sistema de inmediato y cerró la pantalla del portátil.
Apenas cinco minutos después, llamaron con firmeza a la puerta de su apartamento.
No era Clara.
En el umbral aguardaba un hombre alto, cincuentón, ataviado con un abrigo largo y guantes de piel. Le dedicó una sonrisa cansada antes de hablar:
—Tu padre me llamaba «el gestor de lo irrecuperable». Pero puedes llamarme Dominik Grüber. Fui socio de su padre. Y del tuyo. Hasta que me apartaron por saber demasiado.
Luc lo sostuvo la mirada, tenso.
—¿Qué quieres?
—Advertirte. Si filtras ese archivo, no derribarás un imperio: activarás un enjambre. Ellos no están protegiendo a Clara; se están protegiendo a sí mismos. Y créeme, no imaginas cuántos son.
Luc no respondió, pero en su interior algo terminó de romperse. O de endurecerse.
Instinto de supervivencia
En la sede central, la secretaria irrumpió en el despacho de Clara:
—Grüber ha reaparecido —informó con preocupación—. No sabemos cuáles son sus intenciones.
Clara, sin inmutarse, dio la orden de inmediato:
—Contactad con Kroll International. Quiero un rastreo completo de todos sus contactos desde 2010. Si da un solo paso, lo sabremos antes que él.
Se levantó de la mesa, caminó hacia el ventanal que dominaba la ciudad y, sin volverse, añadió:
—Y enviadle un mensaje a Luc… Decidle que la verdad sin estrategia solo alimenta tumbas.
La metamorfosis
Esa noche, Luc se encerró en su estudio rodeado de notas y esquemas. En la primera página de su libreta personal, redactó una sola frase:
«A veces, para no ser cómplice, tienes que convertirte en monstruo.»
Cerró el cuaderno. Esa noche no pegó ojo.