La Ruta de los Manuscritos (El Secreto de San Millán: Tomo VI) CAPÍTULO 26 El regreso que nadie había advertido
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CAPÍTULO 26 El regreso que nadie había advertido

BLOQUE 1

La documentación de recepción no apareció reunida en un solo expediente.

Llegó en fragmentos conservados en series distintas.

Primero recibieron una relación general.

Después, dos hojas pertenecientes a un inventario provisional.

Más tarde apareció una copia mecanografiada conservada en otro fondo y, finalmente, una nota administrativa tan escueta que Mauro estuvo a punto de descartarla porque parecía limitarse al número de piezas recibidas.

Sebastián pidió que ordenaran todo únicamente por fecha.

No por importancia.

Habían aprendido demasiado bien lo fácil que resultaba construir una secuencia perfecta cuando se colocaban primero los documentos que parecían confirmar lo esperado.

La primera hoja registraba la salida de materiales atribuidos a fondos monásticos riojanos.

No individualizaba el volumen.

La segunda confirmaba que un conjunto había sido remitido para revisar su adscripción.

Tampoco identificaba las piezas.

La tercera procedía ya del organismo receptor:

Recibidos materiales procedentes de revisión de fondos de origen religioso, acompañados por relaciones parciales de procedencia.

Debajo figuraba una cantidad.

Mauro comparó ambos documentos.

—Coincide.

Sebastián lo miró.

—¿Qué coincide?

Mauro entendió.

Escribió:

NÚMERO DE UNIDADES REMITIDAS = NÚMERO DE UNIDADES RECIBIDAS

Irene añadió:

IDENTIDAD INDIVIDUAL DE CADA UNIDAD: TODAVÍA NO DEMOSTRADA

El conteo servía como continuidad administrativa del conjunto.

No bastaba para identificar cada objeto.

Eso requería una descripción.

La siguiente hoja la proporcionó.

Era una relación provisional de recepción.

Buena parte de sus asientos resultaba demasiado genérica, pero uno hizo que Irene se detuviera:

Volumen de pergamino, sin principio, cubierta de cuero oscuro, reparación visible en lomo. Ángulo inferior deteriorado.

Leyó de nuevo.

Sebastián se acercó.

Mauro hizo lo mismo.

Ningún rasgo era nuevo.

Precisamente por eso importaban juntos.

Aquella descripción no procedía de la documentación septentrional que ya conocían ni era una reproducción de la ficha técnica anterior.

Había sido redactada durante una recepción posterior.

Otra mano.

Otro momento administrativo.

Y, sobre todo, una observación que incluía el deterioro inferior desarrollado durante etapas tardías del recorrido.

Irene pidió la reproducción original.

La imagen mostraba una hoja mecanografiada con correcciones manuscritas. La transcripción era fiel.

Junto al asiento aparecía un número provisional.

Nada más.

Sebastián comenzó a escribir:

PRESENCIA MATERIAL POSTERIOR A LA REMISIÓN...

Irene lo interrumpió.

—Podemos ir más lejos.

Él la miró.

—¿Hasta dónde?

—La combinación de rasgos acumulados ya no es una semejanza genérica. La recepción está describiendo físicamente el mismo volumen que venimos siguiendo.

Sebastián volvió a la hoja.

Pergamino.

Falta inicial.

Cubierta de cuero oscuro.

Reparación del lomo.

Daño en el ángulo inferior.

La última característica era especialmente importante.

No podía proceder de una descripción medieval repetida durante siglos porque aquel deterioro había aparecido mucho después.

La ficha estaba describiendo un objeto presente.

Sebastián tachó lo escrito y puso:

PRESENCIA MATERIAL DEL MISMO VOLUMEN TRAS LA REMISIÓN: DEMOSTRABLE POR CONTINUIDAD DE RASGOS

Mauro sonrió.

—Entonces sí viajó.

—Sí.

—¿A La Rioja?

Sebastián miró el encabezamiento completo de la documentación receptora.

Había evitado pronunciarlo hasta cerrar la identidad material.

La unidad que había generado aquella relación pertenecía a una estructura encargada de recibir y ordenar fondos históricos de procedencia riojana.

No era todavía un monasterio.

Tampoco una localidad concreta.

Pero sí una recepción territorialmente vinculada con La Rioja.

—Volvió a territorio riojano dentro de un circuito administrativo de fondos riojanos —dijo.

Mauro abrió la boca para objetar la prudencia.

Irene lo detuvo.

—Alcanza.

Sí.

Alcanzaba.

Después de siglos de desplazamientos, el mismo volumen reaparecía físicamente dentro de una recepción riojana del siglo XX.

No una copia.

No una relación antigua reproducida.

El objeto.

Sebastián miró el mapa.

Durante meses habían seguido la salida desde La Rioja hacia Santo Domingo, después las etapas occidentales y septentrionales, los depósitos y las oficinas técnicas.

Ahora una recepción independiente demostraba que el volumen había regresado al territorio del que había partido.

Mauro tomó el lápiz.

Esta vez Sebastián no lo detuvo cuando trazó una línea desde el último punto material demostrado hasta La Rioja.

La línea terminó en una zona amplia.

No en San Millán.

Mucho menos en Yuso.

Irene contempló el recorrido.

—Ahora sabemos que volvió.

Sebastián puntualizó:

—A La Rioja.

Ella sonrió.

—Y todavía no querés cerrar el círculo.

—Todavía no.

Era correcto.

El regreso territorial estaba demostrado.

El regreso institucional no.