CAPÍTULO 22 Razones para romper el acuerdo
BLOQUE 1
Sebastián esperó hasta la mañana siguiente para tomar una decisión.
No quería hacerlo delante de Leandro ni bajo el efecto inmediato de la discusión anterior.
Abrió el cuaderno en la habitación del hotel y escribió:
CONDICIONES DEL ACUERDO CON LEANDRO
No necesitaba reconstruir cada conversación.
La base había sido sencilla.
Leandro aportaría documentación familiar cuando pudiera resultar útil.
Ellos contrastarían las piezas por fuentes independientes.
Ninguna interpretación familiar sería aceptada como prueba.
Hasta allí, el acuerdo había funcionado.
El problema era una condición que nunca habían formulado porque habían supuesto que era obvia.
Cuando Leandro les entregaba una pieza perteneciente a una secuencia documental más amplia, ellos necesitaban saber si existían documentos estrechamente relacionados capaces de modificar su interpretación.
Sebastián escribió:
AUTENTICIDAD DE UNA PIEZA ≠ SUFICIENCIA DEL CONTEXTO
La frase le pareció más exacta que acusar a nadie de falta de honestidad.
El documento de Gonzalo era auténtico.
Las cartas de Eduardo también.
Las notas del padre de Leandro no mostraban manipulación.
El problema estaba en el conjunto que ellos habían recibido y en aquello que desconocían de la selección.
Mauro llamó a la puerta poco después.
Entró con el ordenador y varias copias.
—Seguí trabajando anoche.
Había preparado una comparación entre la documentación proporcionada por Leandro y piezas relacionadas que después habían aparecido por vías independientes.
No utilizó categorías morales.
Solo indicó cuándo un documento omitido cambiaba el peso de otro.
La primera secuencia correspondía a una custodia.
Leandro había facilitado la recepción.
No había incluido una consulta posterior de Eduardo donde se reconocía que podía haber existido una restitución conservada en otro fondo.
La segunda afectaba a la genealogía.
La documentación entregada permitía vincular a Gonzalo con una rama posterior, pero una nota de Eduardo advertía que ciertos enlaces antiguos todavía necesitaban comprobación.
La tercera secuencia pertenecía al siglo XX.
Leandro había aportado una pieza vinculada con la supervivencia moderna del volumen.
Sin embargo, el padre de Leandro había considerado después varias posibilidades para explicar su destino:
Considero posibles, por ahora, tres explicaciones: restitución al depósito previo, incorporación a otro fondo durante reorganización o permanencia bajo referencia diferente.
Sebastián volvió a leer.
Ninguna de las posibilidades estaba cerrada.
—¿Sabemos que Leandro conocía esta nota?
Mauro mostró una imagen del documento.
En el margen figuraba:
L. V. — revisado
Eso bastaba para demostrar que la había visto.
No demostraba todavía por qué había decidido no entregarla.
Pero sí que conocía alternativas que ellos no habían recibido.
Mauro abrió otra secuencia.
Correspondía a la documentación gráfica buscada por el padre de Leandro.
Una nota familiar decía simplemente:
Solicitar imágenes de la revisión.
Por sí sola resultaba marginal.
Pero una respuesta posterior, conservada por otra vía, indicaba:
Se conserva documentación fotográfica de trabajos generales, sin inventario individualizado completo de las tomas.
Sebastián se detuvo.
Eso no demostraba que existiera una fotografía del Códice.
Ni siquiera que el manuscrito apareciera en alguna imagen.
Solo indicaba que aquella campaña había producido documentación gráfica y que no todas las tomas estaban individualizadas de forma suficiente.
Era una pista potencial.
Nada más.
Escribió:
DOCUMENTACIÓN FOTOGRÁFICA DE LA CAMPAÑA: EXISTENCIA GENERAL DOCUMENTADA
Debajo:
RELACIÓN CON EL VOLUMEN: NO DEMOSTRADA
No adelantarían la conclusión.
Irene llegó poco después.
Leyó la comparación completa antes de hablar.
—Entonces seleccionó.
Mauro asintió.
—Sí.
—¿Alguno de los documentos que nos dio era falso?
—No.
—¿Alterado?
—No que sepamos.
Irene miró a Sebastián.
—Entonces el problema no es autenticidad.
—No.
—Es contexto.
Sebastián asintió.
Ahí coincidían.
Una fuente privada podía entregar documentos verdaderos y, aun así, producir una lectura sesgada si se desconocía qué piezas relacionadas quedaban fuera.
La solución no podía ser aceptar esa selección.
Pero tampoco descartar documentos auténticos solo por su procedencia.
Irene dijo:
—Hay que cambiar las condiciones.
Sebastián respondió:
—Yo creo que el acuerdo, como colaboración abierta, terminó.
Mauro estuvo de acuerdo.
Irene tardó unos segundos.
—Como estaba planteado, sí.
La precisión importaba.
No estaban decidiendo que el archivo Velasco dejara de existir como fuente.
Estaban decidiendo que no podría seguir marcando la dirección de la búsqueda bajo reglas implícitas.