CAPÍTULO 16 Ningún inventario explicó su regreso
BLOQUE 1
El problema no era encontrar inventarios posteriores al examen técnico.
Había demasiados.
La campaña del siglo XX había alcanzado fondos pertenecientes a varias instituciones, y cada una había producido sus propios instrumentos de control antes y después de las revisiones.
Algunos registraban colecciones completas.
Otros solo consignaban materiales desplazados temporalmente.
También existían comprobantes de devolución y relaciones de piezas pendientes de una nueva clasificación.
En teoría, aquella abundancia debía facilitar la reconstrucción.
En la práctica, multiplicaba las posibilidades.
Sebastián colocó sobre la mesa las tres instituciones que todavía podían ser compatibles con el lugar donde el volumen había sido examinado.
Habían descartado aquellas donde la campaña no llegó a realizarse y las que solo habían remitido impresos. Las restantes conservaban manuscritos medievales y habían recibido visitas técnicas dentro del intervalo correspondiente al expediente.
Mauro observó los nombres.
—Uno de estos lugares tuvo el volumen.
Sebastián corrigió:
—Uno de estos lugares sigue siendo compatible con las fuentes.
—No es exactamente lo mismo.
—Por eso.
Irene había reunido los inventarios inmediatamente anteriores y posteriores a la campaña.
—Si el manuscrito salió para ser examinado y después volvió, podría haber alguna señal administrativa.
—Si salió —dijo Sebastián.
La precisión importaba.
Todavía no habían demostrado que el volumen hubiera abandonado físicamente su lugar de guarda para ser revisado.
También podía haber sido examinado allí durante una visita técnica.
La documentación general mostraba que, cuando los materiales sí se desplazaban, se producían comprobantes de salida y devolución.
El procedimiento parecía relativamente ordenado.
Eso convertía al caso del manuscrito en un problema documental interesante, no necesariamente en una anomalía.
Comenzaron por la primera institución.
El inventario anterior a la campaña contenía varios manuscritos anónimos de pergamino.
Ninguno coincidía suficientemente con el perfil material que ya podían exigir.
Las dimensiones no encajaban bien.
Tampoco las descripciones de incompletitud.
Después de la campaña no aparecía ninguna pieza nueva que permitiera reconstruir un enlace.
Mauro dijo:
—Primera descartada.
Sebastián negó.
—Primera sin correspondencia demostrable.
La segunda institución ofrecía una posibilidad aparentemente mejor.
Antes de la campaña figuraba:
Volumen de pergamino, incompleto, sin atribución.
La fecha era compatible.
También el formato general.
Pero no había referencia a la cubierta oscura ni a una reparación antigua.
Tampoco se decía que la pérdida estuviera específicamente en el comienzo.
Irene pidió ver qué ocurría después.
El mismo número reaparecía en el inventario posterior:
Pergamino incompleto. Texto litúrgico fragmentario.
Irene negó.
—No es el nuestro.
Sebastián revisó las notas.
Tenían información suficiente sobre el contenido conservado del volumen que venían siguiendo para excluir aquella descripción.
La segunda opción caía.
Quedaba la tercera.
Su inventario previo era el menos preciso.
Parte de los manuscritos estaban individualizados, pero otros quedaban incluidos dentro de grupos generales.
Una de las fórmulas decía:
Varios pergaminos antiguos sin clasificación.
Mauro señaló.
—Podría estar ahí.
—Y también muchos otros.
No bastaba.
El inventario posterior era más detallado.
Aun así, no aparecía ninguna descripción capaz de enlazarse de manera segura con el expediente técnico.
Irene frunció el ceño.
—Si el volumen fue examinado acá, uno esperaría que después resultara más fácil reconocerlo.
Sebastián buscó las instrucciones emitidas al terminar la campaña.
La explicación estaba allí.
Las observaciones técnicas producidas por los especialistas no debían incorporarse necesariamente a los inventarios generales de las instituciones visitadas.
Los informes detallados quedaban centralizados en la oficina encargada de la revisión, mientras cada depósito podía conservar su propia forma de clasificar los materiales.
La ficha que describía la impronta y el estado del cosido podía haber quedado en un archivo técnico.
El inventario local podía seguir llamando al objeto simplemente manuscrito antiguo sin identificar.
Mauro apoyó la espalda.
—Entonces no podemos esperar que la descripción moderna aparezca repetida.
—No —respondió Irene—. Pero podemos buscar continuidad administrativa.
Eso cambiaba la estrategia.
Necesitaban números previos o referencias de conjuntos.
También alguna constancia de salida o retorno si el manuscrito había sido trasladado.
Si había sido examinado sin moverse, debían hallar otro tipo de vínculo.
Revisaron entonces las relaciones generales de materiales gestionados durante la campaña.
Algunas identificaban piezas individuales.
Otras trabajaban con paquetes o lotes.
Al final apareció una devolución general:
Se restituyen a sus depósitos de procedencia los materiales recibidos o examinados durante las visitas correspondientes, conforme a las relaciones parciales conservadas en cada expediente.
Mauro señaló la frase.
—Puede estar ahí.
—Puede.
Las relaciones parciales no estaban completas.
La correspondiente al expediente del volumen faltaba.
Volvían al mismo límite.
El manuscrito podía haber salido físicamente y luego ser devuelto.
También podía haber sido revisado en su propia institución sin desplazarse.
Sebastián escribió:
EXAMEN MATERIAL DEMOSTRADO
Debajo:
DESPLAZAMIENTO PARA EL EXAMEN: NO DEMOSTRADO
Y luego:
RESTITUCIÓN GENERAL DOCUMENTADA — INCLUSIÓN INDIVIDUAL DEL VOLUMEN AÚN NO DEMOSTRADA
La prudencia parecía excesiva únicamente hasta que se consideraba la alternativa.
Una frase ambigua bastaba para inventar un viaje que quizá nunca hubiera ocurrido.