La Ruta de los Manuscritos (El Secreto de San Millán: Tomo VI) CAPÍTULO 15 Alguien encontró el códice en el siglo XX
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CAPÍTULO 15 Alguien encontró el códice en el siglo XX

BLOQUE 1

El expediente de revisión no estaba completo.

Sebastián comprendió la importancia antes de leer una sola línea.

La carpeta conservaba una portada administrativa, una relación de materiales examinados y varias notas internas. También había correspondencia posterior. Sin embargo, algunos de los informes individuales mencionados en el índice no estaban.

No existía una explicación.

Tampoco una constancia de expurgo o transferencia.

Simplemente faltaban.

Mauro revisó la numeración.

—Son cuatro.

—¿Seguidos?

—No. Están intercalados.

Eso reducía la posibilidad de que faltara simplemente un bloque físico de hojas.

Irene estudió el índice.

Cada informe correspondía a un manuscrito remitido para examen antes de una posible reclasificación. Algunos estaban identificados por título. Otros conservaban una procedencia conocida.

Varias piezas figuraban sin atribución.

Una entrada llamó inmediatamente su atención:

Volumen de pergamino incompleto. Examen material y noticia de procedencia.

Mauro comprobó el número.

El informe no estaba.

Durante unos segundos nadie habló.

Sebastián verificó las hojas anterior y posterior.

Ambas se conservaban.

El documento correspondiente a aquel volumen, no.

Irene preguntó:

—¿Podemos relacionarlo con el nuestro?

Sebastián negó.

—Todavía no.

La descripción era demasiado amplia.

Habían encontrado muchos manuscritos de pergamino incompletos durante la investigación.

Lo que sí resultaba significativo era la fecha.

Coincidía con el período en que el volumen había dejado de aparecer en la última serie donde su presencia material estaba demostrada.

Sebastián escribió:

INFORME AUSENTE

Y debajo:

IDENTIDAD DEL VOLUMEN: NO DEMOSTRADA

No permitiría que la ausencia empezara a resolver por sí sola el misterio.

Buscaron otras menciones del número de expediente.

Apareció en una relación posterior de trabajos realizados:

Examinado. Se remite nota descriptiva a la oficina correspondiente.

Mauro preguntó:

—¿Qué oficina?

La abreviatura pudo desarrollarse mediante una tabla administrativa del mismo período.

Era una dependencia encargada de centralizar información relativa a fondos antiguos procedentes de diferentes instituciones.

Eso seguía sin decir dónde había sido examinado el objeto.

Solo permitía saber adónde había viajado la información.

Irene dijo:

—Podían mirar el manuscrito en un lugar y archivar el informe en otro.

—Exactamente.

Otra vez, objeto y documentación podían seguir caminos diferentes.

Sebastián revisó el registro de comunicaciones.

El mismo número figuraba allí:

Remitida nota sobre manuscrito sin comienzo, pendiente de identificación.

Nada más.

Mauro apoyó las manos sobre la mesa.

—Tenemos constancia de una nota que salió y no tenemos la nota.

—Todavía.

Parte de la documentación de la oficina receptora había terminado en un fondo técnico diferente.

Allí había correspondencia recibida y fichas de reconocimiento. También series de catalogación y expedientes relacionados con procedencias dudosas.

Irene observó la fecha.

—Ya estamos plenamente en el siglo XX.

Sebastián asintió.

Eso cambiaba la naturaleza de la evidencia que podían esperar.

Un examen moderno podía contener dimensiones aproximadas y observaciones directas sobre la encuadernación. También podía distinguir reparaciones o daños materiales con una precisión imposible en muchas relaciones antiguas.

Pero esa ventaja tenía un riesgo.

Una descripción detallada podía parecer concluyente solo por ser moderna.

Sebastián recordó la regla.

La precisión no sustituía a la procedencia.

Primero necesitaban saber de dónde salía cada observación.

Después podrían valorar qué demostraba.

En la correspondencia recibida apareció un resumen:

Nota relativa a manuscrito antiguo en pergamino, sin primeras hojas, encuadernación de cuero, reparada, cuya procedencia no ha podido establecerse.

Irene levantó la vista.

La coincidencia empezaba a ser considerable.

Pergamino.

Pérdida inicial.

Cubierta de cuero.

Una reparación antigua.

Todavía faltaba un rasgo suficientemente individualizador.

Sebastián escribió:

COMPATIBILIDAD MATERIAL ALTA

Y debajo:

FALTA IDENTIFICADOR ESPECÍFICO

Irene siguió leyendo.

La ficha remitía a una hoja complementaria conservada en una serie de conservación.

Sebastián localizó la referencia.

Cuando apareció la reproducción, Irene se inclinó sobre la pantalla.

El documento no estaba escrito por alguien interesado en la historia del manuscrito.

Describía su estado.

Había una leve deformación de la cubierta y tensiones en el cosido rehecho. También registraba desgaste del cuero y una pérdida en uno de los ángulos inferiores.

Al final aparecía una frase:

En plano anterior permanece huella hundida de antiguo elemento desaparecido.

Irene quedó inmóvil.

Sebastián supo inmediatamente qué estaban viendo.

La impronta.

No una noticia antigua reproducida.

No una fórmula heredada.

Alguien había observado físicamente aquella depresión sobre la cubierta durante el siglo XX.

Mauro habló primero.

—Tuvieron el libro delante.

Sebastián afinó:

—Tuvieron delante un volumen con una combinación material extraordinariamente próxima a la que seguimos.

Mauro lo miró.

—¿Todavía no alcanza?

—Nos falta cerrar la continuidad administrativa.

Irene seguía leyendo.

—Pero esta hoja exige observación directa. Está describiendo tensiones del cosido y deformación de cubierta. La huella hundida tampoco puede salir de una copia textual.

Sebastián asintió.

Por primera vez, una fuente del siglo XX demostraba que un volumen con aquel perfil físico había sido examinado directamente.

La pregunta empezaba a cambiar.

Ya no era solamente cuánto tiempo había sobrevivido el manuscrito.

Ahora necesitaban saber si ese volumen moderno podía enlazarse documentalmente con el que habían seguido hasta la etapa anterior.