BLOQUE 2
La relación de remisión había sobrevivido dentro de una serie distinta.
No estaba en la institución receptora.
Tampoco permanecía junto a la respuesta que acababan de leer.
Durante una reorganización posterior había sido copiada y enviada con otros documentos administrativos a un depósito regional.
A esa altura, la dispersión ya no sorprendía a nadie.
Formaba parte del problema.
Buscaron primero por fecha.
Nada.
Intentaron después por destinatario.
Tampoco.
La relación apareció finalmente gracias al número de bulto citado en una carta.
Era breve.
Incluía varios libros de características diferentes.
Uno estaba descrito como:
Pergamino grande, falto al principio, cuero oscuro, señal antigua y reparación visible en lomo.
Irene no necesitó comentar la coincidencia.
Mauro preguntó:
—¿Destino?
Había una abreviatura.
Sebastián reconoció una forma parecida a otras ya vistas, pero no quiso desarrollarla todavía.
Buscaron apariciones del mismo escribiente.
En una carta posterior, el nombre completo aparecía primero y la abreviatura algunas líneas después.
Correspondía a una institución septentrional vinculada con la guarda temporal de fondos antiguos procedentes de distintas casas eclesiásticas.
No era un gran centro conocido.
Era una institución de función práctica.
Recibía materiales y podía mantenerlos durante un tiempo antes de una nueva decisión.
Mauro preguntó:
—¿Y ahora tenemos recepción?
—Todavía tenemos destinatario.
Necesitaban un documento producido del otro lado.
La institución había conservado parte de su documentación histórica en el mismo fondo regional.
Encontraron un libro de entradas.
La fecha coincidía.
También el número de bulto.
El asiento general decía:
Recibidos los libros relacionados en despacho anterior.
Mauro cerró los ojos.
—Llegó el lote.
—El lote —corrigió Sebastián.
Todavía no el volumen individual.
Irene buscó las revisiones realizadas después de la recepción.
Existía un registro inicial destinado a determinar el estado de los libros y decidir su ubicación.
El orden ya no coincidía con el del bulto.
Tampoco conservaba las referencias de salida.
Debían reconocer las piezas mediante la descripción.
Mauro recorrió varias entradas.
En la página siguiente encontró:
Manuscrito de pergamino, incompleto al comienzo. Cubierta de cuero oscurecido, con depresión antigua en plano. Costura rehecha. Desgaste en ángulo inferior.
Irene quedó inmóvil.
Por primera vez, una sola descripción receptora reunía casi todo el perfil material acumulado durante las etapas anteriores.
El pergamino.
La pérdida inicial.
La cubierta oscura.
La depresión antigua.
La costura rehecha.
También el deterioro inferior.
Sebastián comparó las fuentes.
La coincidencia era excepcionalmente fuerte.
Pero había algo todavía más importante.
El documento receptor utilizaba vocabulario propio.
La salida decía señal antigua.
La recepción hablaba de depresión antigua en plano.
En la remisión se mencionaba una reparación visible en lomo.
La revisión receptora registraba una costura rehecha.
No parecía una copia de la descripción anterior.
Parecía una observación independiente del mismo cuerpo.
Irene dijo:
—Esto lo examinó alguien al recibirlo.
Sebastián asintió.
Ahora sí tenían los dos extremos.
Una salida producida por la institución anterior.
Una recepción documentada dentro del destino.
El lote coincidía.
Y el perfil material, descrito con lenguaje independiente, permitía individualizar el mismo ejemplar.
Sebastián tomó el mapa.
Trazó una línea continua.
Mauro lo observó.
—¿Ésa queda?
—Ésa queda.
No necesitaba dramatizarlo.
El movimiento estaba suficientemente demostrado.
Escribió:
SALIDA: DOCUMENTADA
Después:
RECEPCIÓN: DOCUMENTADA
Y añadió:
IDENTIDAD MATERIAL: CONVERGENCIA DE OBSERVACIONES INDEPENDIENTES
Aquel tramo podía incorporarse a la ruta física.
No como una deducción.
Como una entrega material documentada desde ambos extremos.
Irene siguió leyendo.
El asiento receptor terminaba con otra frase:
Queda para reconocimiento posterior por no constar procedencia cierta.
La situación volvía a repetirse.
Después de siglos de entregas y reclasificaciones, el volumen seguía entrando en instituciones donde nadie podía identificar con seguridad su origen.
Y, aun así, seguían conservándolo.