CAPÍTULO 4 — Alerta en la Diócesis de León
BLOQUE 1
El obispo de León, informado directamente por Vilanova sobre la magnitud de la amenaza que enfrentaban, convocó una reunión de urgencia con representantes de cada parroquia y monasterio de la propia diócesis mencionado, aunque fuera de pasada,
en cualquiera de las publicaciones académicas de los últimos tomos, buscando coordinar una respuesta conjunta antes de que el patrón de incendios continuara extendiéndose.
---Nunca imaginé que tendríamos que convocar una reunión como esta ---admitió el propio obispo, un hombre mayor de considerable experiencia pastoral, ante el grupo reunido en la propia sede diocesana---.
Proteger nuestro patrimonio de ladrones, sí.
De vándalos ocasionales, también. Pero de un movimiento organizado dispuesto a quemarlo deliberadamente por motivos religiosos, jamás pensé que tendríamos que prepararnos para algo así.
Gabriel, presente en la reunión junto a Padre Esteban, sintió la responsabilidad considerable de tener que explicar, ante representantes de instituciones que apenas conocían los detalles completos de la investigación, la magnitud real de lo que estaba en juego.
---Entendemos que esto representa una carga adicional considerable para cada una de sus comunidades ---dijo---.
Pero cualquier medida de protección adicional, por modesta que resulte, podría significar la diferencia entre perder o conservar un patrimonio que llevó siglos enteros sobrevivir hasta este momento.
BLOQUE 2
Padre Esteban, aportando su propia perspectiva pastoral a la reunión, ofreció una reflexión que ayudaba a situar la propia amenaza dentro de un contexto más amplio.
---Es importante que entendamos algo sobre este movimiento, para poder enfrentarlo correctamente ---dijo, dirigiéndose al grupo reunido---.
No se trata de criminales comunes motivados por lucro, ni de una organización tradicional como las que enfrentamos en investigaciones anteriores.
Se trata de personas convencidas, con una sinceridad religiosa distorsionada pero genuina, de que están defendiendo la propia fe que todos ustedes también profesan.
Eso no los hace menos peligrosos, pero sí significa que cualquier respuesta puramente defensiva, sin abordar también el propio discurso que los radicaliza, probablemente resultará insuficiente a largo plazo.
Uno de los párrocos presentes, visiblemente preocupado por la seguridad de su propia iglesia, planteó una pregunta práctica que representaba la principal preocupación de la mayoría de los presentes.
---¿Qué medidas concretas podemos tomar, más allá de simplemente esperar y vigilar?
BLOQUE 3
Otero, presente también en la reunión para coordinar la respuesta civil junto a la eclesiástica, ofreció una serie de recomendaciones prácticas: sistemas de alarma reforzados, patrullas nocturnas adicionales en los sitios de mayor riesgo,
y un protocolo de comunicación directa entre cada parroquia y las fuerzas de seguridad correspondientes, para garantizar una respuesta rápida ante cualquier indicio de actividad sospechosa.
---También les pedimos discreción sobre los detalles específicos de esta amenaza ---añadió Gabriel---.
No queremos generar pánico innecesario, ni tampoco darle al propio movimiento la publicidad que probablemente busca con cada ataque.
Cuanto menos sepan sobre nuestra propia respuesta coordinada, más difícil les resultará anticiparla.
La reunión, extendida durante casi tres horas completas, terminó con un compromiso general de cooperación reforzada entre todas las instituciones presentes, aunque Gabriel, saliendo finalmente hacia el coche que lo llevaría de regreso a Santiago, no pudo evitar sentir que aquella respuesta,
por necesaria que resultara, todavía dejaba considerablemente expuesto a cualquier sitio que no hubieran logrado identificar a tiempo como parte de la propia lista de objetivos probables.
---Hicimos lo que pudimos por ahora ---dijo Padre Esteban, acompañándolo hacia el coche---.
Pero me temo, doctor Llorente, que esta va a ser una carrera considerablemente más larga de lo que cualquiera de nosotros esperaba, contra un enemigo que no podemos simplemente detener con una sola detención decisiva.
Gabriel, asintiendo con la misma preocupación compartida, sintió que aquella reflexión capturaba, con considerable precisión, la naturaleza distinta y más difusa de la amenaza que apenas empezaban a enfrentar.