La Ruta de las Cenizas (El Código del Camino de Santiago 6) CAPÍTULO 1 — El Segundo Incendio
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La Ruta de las Cenizas (El Código del Camino de Santiago 6)

La Ruta de las Cenizas (El Código del Camino de Santiago 6)

Por Daniel Enrique Chicote

© inepub.com

CAPÍTULO 1 — El Segundo Incendio

BLOQUE 1

El monasterio abandonado cerca de Astorga, apenas una hora y media de viaje desde el primero, todavía humeaba cuando Gabriel, Lucía y Adrien llegaron acompañados por el sargento Otero,

que había coordinado con la Guardia Civil local para asegurar el perímetro antes de que el propio equipo forense terminara su trabajo.

---Mismo patrón exacto que en León ---confirmó Otero, guiándolos entre los restos ennegrecidos con el cuidado de quien ya había recorrido aquella misma escena horas antes en la otra ubicación---.

Tres puntos de ignición simultáneos, sin ningún rastro de acelerante convencional que los peritos hayan podido identificar todavía, lo cual sugiere un conocimiento técnico considerable sobre cómo iniciar un incendio de esta magnitud sin dejar pruebas fáciles de rastrear.

Gabriel, avanzando entre lo que quedaba de lo que probablemente había sido, siglos atrás, una pequeña capilla monástica secundaria, sintió que la familiaridad inquietante de aquella escena --restos calcinados, un símbolo tallado esperando a ser descubierto,

la certeza creciente de enfrentar algo considerablemente más organizado de lo que un simple acto de vandalismo aislado podría explicar-- le devolvía, de golpe, toda la tensión que había logrado dejar atrás durante los últimos meses de calma relativa.

BLOQUE 2

La segunda piedra tallada, encontrada por el propio equipo forense en un punto simétrico al de la primera, mostraba el mismo símbolo que Adrien había examinado apenas horas antes: la cruz de brazos desiguales invertida, rodeada de llamas estilizadas,

tallada con una precisión que sugería preparación previa, no una improvisación realizada durante el propio incendio.

---Esto confirma que no fue una coincidencia ---dijo Adrien, fotografiando la nueva pieza con el mismo cuidado meticuloso de siempre---.

Alguien preparó ambas piedras con anticipación, decidido a dejar una firma clara en cada ubicación, como si quisiera asegurarse de que entendiéramos, sin ninguna duda posible, que se trata de ataques deliberados y coordinados, no de hechos aislados.

Lucía, examinando el propio contexto arquitectónico de la capilla destruida, formuló la pregunta que representaba, para todo el equipo, la principal incertidumbre inmediata.

---¿Este lugar formaba parte de la red que documentamos en investigaciones anteriores?

Otero, consultando sus propias notas, confirmó lo que Gabriel ya sospechaba.

---Según los registros que su equipo compartió con nosotros hace meses, sí. Aparece marcado en el mapa completo como uno de los siete puntos adicionales identificados en la propia correspondencia de los Fieles Guardianes, aunque nunca llegaron a investigarlo directamente.

BLOQUE 3

Gabriel, procesando la magnitud de aquella confirmación, sintió que la amenaza que enfrentaban esta vez tenía un objetivo considerablemente más específico y más inquietante que cualquiera de las anteriores.

---No están atacando al azar ---dijo, mirando hacia el resto del equipo---.

Están atacando, específicamente, los lugares que nosotros mismos identificamos y documentamos a lo largo de los últimos años.

Cada publicación académica que hicimos, cada mapa que compartimos, se convirtió, sin que lo supiéramos, en una lista de objetivos para alguien más.

Adrien, procesando aquella implicación con una inquietud considerable, formuló en voz alta la conclusión que empezaba a tomar forma con una claridad incómoda.

---Entonces esto no es un enemigo que llegó antes que nosotros, ni uno que protege un secreto que nosotros amenazamos con revelar ---dijo---. Es alguien que reaccionó, después del hecho, a lo que ya revelamos. Un enemigo que nuestro propio éxito, de alguna manera, terminó creando.

Lucía, sintiendo el peso completo de aquella reflexión, miró hacia los restos todavía humeantes del monasterio, pensando en las semanas de calma que apenas habían empezado a disfrutar tras el cierre sereno del tomo anterior.

---Necesitamos alertar de inmediato a cada institución responsable de cualquier otro punto de la red ---dijo---. Si tienen una lista completa de nuestros propios hallazgos, cualquier lugar que documentamos podría ser el siguiente.

Gabriel, sacando su teléfono para empezar, de inmediato, aquella cadena de alertas urgentes, sintió que el breve respiro que habían disfrutado llegaba, esta vez, a un final considerablemente más abrupto del que cualquiera de ellos había anticipado.