22. Luces azules
Luces azules
Luces azules y rojas siguieron a las sirenas. Conrad frenó en seco en la maltrecha carretera de los barrios bajos mientras una fila de coches de policía nos bloqueaba el paso.
Iba en el coche con Conrad, que conducía a pesar de su evidente fatiga.
Cindy se llevaba a Candace a otro sitio.
Habíamos previsto la intervención policial y queríamos separarnos.
Aun así, no esperaba una reacción tan grande.
¿Sabrían que había matado al hijo de un concejal?
No sentía mucho miedo a pesar del peligro.
Estaba cansada. Demasiado cansada. Solo quería dormir.
Las sirenas no cesaron mientras los policías bajaban de sus vehículos y nos apuntaban con sus armas. Una voz familiar sonó por un megáfono.
—Kat Drummond. Salga del vehículo o abriremos fuego contra usted.
James, el puto Montague. Y yo que pensaba que éramos amigos.
Me desabroché el cinturón de seguridad. Conrad puso su mano frente a mí para detenerme. Lo miré.
—Es culpa mía. No hace falta que te sacrifiques más por mí.
Él mantuvo el brazo allí.
James repitió: —Salga del vehículo. Es el último aviso.
Aparté el brazo de Conrad de un empujón y salí. Mis piernas casi flaquearon, y entorné los ojos ante el crudo sol del amanecer que se alzaba sobre los tejados.
—Suelte sus armas —ordenó.
Solo quedaba un arma. Desenvainé Voidshot y la deposité en el suelo. Incluso desde esta distancia, veía a los polizontes inquietos. Serían capaces de matarme por accidente.
—Quítese el abrigo de fuego.
Así lo hice y sentí que una desesperación emanaba de mi abrigo. No quería que me fuera. Treth tampoco, pero él también estaba cansado. Resignado. Como yo .
Mi abrigo siseó al golpear el asfalto.
—Ponga las manos sobre la cabeza y acérquese. Despacio.
Las levanté y di un paso adelante. Luego el otro. Y el siguiente. Pesadamente. Sin pensar.
Más cerca. Más cerca.
James soltó el megáfono y desenfundó su pistola reglamentaria. Me apuntó con ella cuando me encontré a unos diez metros de la línea policial.
—¿Quién cojones habría imaginado que sería usted la que matara a Drake? —escupió—. Me da asco.
No discutí. ¿Qué diferencia habría supuesto? Las Garrapatas eran estúpidas. Corruptas. No escucharían. Y yo estaba demasiado agotada como para siquiera intentarlo.
—Estoy por matarla aquí mismo, yo mismo.
Oí coches a lo lejos. Tráfico. Vida. Incluso en los barrios bajos. Siempre viviendo. Respirando como un animal.
—Traición. Asesinato. Conspiración. Robo —me miró como si su mirada pudiera matar—. Deslealtad.
Oí un clic mientras amartillaba el arma. Qué pistola tan anticuada.
—El Espíritu de la Ley no llega hasta aquí. Pero el mío sí.
—¿Kat? —preguntó Treth. Sin embargo, él también sabía lo que venía. Y ambos estábamos cansados. Así era más fácil.
La furgoneta negra destrozó tres coches patrulla al embestirlos. En un solo movimiento, Brett abrió la puerta del coche, empuñando una de las pistolas ametralladoras de Guy. Apuntó directamente a la cabeza de James.
Se me agrandaron los ojos. Estaba herido. Con el brazo vendado. Quemaduras. Pero estaba vivo. Y yo también.
Y no quería morir.
Oí multitud de clics cuando los policías que no habían sido alcanzados por el choque nos apuntaron con sus armas.
—Brett… —dije—. No tienes por qué hacer esto.
—Esto me gusta —dijo James—. Todos los putos traidores en un mismo lugar. Y estando tan lejos, ningún tribunal sabrá siquiera qué ha pasado.
—Pero tú estarás muerto —respondió Brett, con una voz tan fría como el hierro.
—Y habré servido a Hope City —respondió él.
Nadie disparó. Mantuvieron sus armas niveladas. Ningún sonido.
James abrió la boca y casi pude sentir la descarga de balas cuando gritara la orden de fuego.
Pero no lo hizo. Explotó en sangre y vísceras. Brett y yo saltamos hacia atrás mientras las piernas abandonadas de James se desplomaban al suelo, con el torso aniquilado.
Los policías no dispararon. Se metieron de nuevo en sus coches patrulla y se largaron a toda prisa. Ninguno estaba preparado para luchar contra magos.
Vislumbré a otro, que me miraba desde arriba. Alcé la vista con mi propio ojo y vi a una figura encapuchada agacharse y desaparecer.