8. Algo termina #2
Me encogí de hombros. —Habéis ganado todos.
Estoy diciendo que los Cruzados tengan un Cuartel General.
Un lugar donde podamos dormir mientras tanto, guardar las armas que Cindy inevitablemente echará fuera y un lugar que sea solo eso…
el Cuartel General de los Cruzados. Significa que si la gente tiene problemas con nosotros, que vengan a por él.
No a casa de Cindy, ni a tu apartamento.
—Es como la protección de ser una entidad legal corporativa, pero contra ataques de monstruos.
—Exactamente. Y he estado pensando en otras cosas.
Necesitamos más gente. Por poco no ganamos esa cacería de la mantis.
Puedo cazar una docena de zombis yo sola, ¿pero qué pasa con un centenar?
Con Puretide hundiéndose y Drakenbane pensando que los no muertos son indignos de ellos, alguien tiene que tomar el relevo.
Y puede que ese alguien tengamos que ser nosotros.
—¿Quién eres y qué has hecho con mi Kat? —Brett sonrió, pero luego asintió—. Hay cientos de cazadores en esta ciudad que quieren trabajar contigo. Ya es hora de que les demos la oportunidad. ¿Imagina si no hubiéramos tenido a Heather para ese cíclope?
Gruñí algo. Él frunció el ceño.
—Has estado borde con ella. Más de lo habitual —dijo.
—No es nada.
—No parece que no sea nada.
Suspiré. Resignada a mi destino. No servía de nada negar nada cuando Brett y Treth no dejarían de darme la lata hasta que soltara prenda.
—¿Qué hacía Heather cerca de casa de Cindy cuando Hammond está achicharrado en el hospital? ¿Y por qué fue la primera en llegar al depósito?
—Ella y Hammond.
—Hammond se quemó hasta quedar como una pira. Y conocemos a Hammond. Lo conocemos desde hace siglos. Le corté el brazo, por el amor de Atenea. ¿Pero conocemos realmente a Heather?
—Nos ha ayudado. No solo antes de que volvieras, sino después también. Es buena en lo que hace.
—Y, sin embargo, no puede superar su aparente asombro hacia mí. ¿No parece un poco conveniente? Una fan deslumbrada que apenas puede articular una frase pero que puede ensartar a un cíclope con facilidad. Simplemente no cuadra…
—Estás cansada… —dijo Brett, frunciendo el ceño más que antes—. Heather es de confianza. Doy fe de ello. Y ni siquiera sé por qué no lo sería. ¿Qué ganaría ella?
—Una agente doble…
—¿De parte de quién?
—¡Del Cónclave!
—El Cónclave no está en todas partes, Kat. A veces es solo un monstruo. Y a veces tus amigos son solo tus amigos. Echa una cabezadita. Llamaré a Conrad y veré qué podemos hacer para alquilar esa oficina. Tan pronto como podamos. Preferiría no dormir aquí esta noche…
Como para incitarme a dormir, Alex, que antes había estado durmiendo en el asiento trasero, se acurrucó en mi regazo y empezó a ronronear feliz. Le acaricié la cabeza mientras mis párpados empezaban a sentirse pesados. Más pesados. Y después… nada.
***
Brett lo solucionó todo mientras yo dormía en el asiento delantero. El fondo de emergencia de los Cruzados era lo suficientemente grande como para poder pagar al contado. Se nos daba muy bien no gastar ese fondo, a pesar de todas las emergencias.
Desperté justo a tiempo para el atardecer. Pero seguía cansada.
Brett sonrió al verme despertar.
—Te acabas de perder a todo el mundo —dijo—. Trajeron regalos para la inauguración. Bueno, todavía falta mucho mobiliario pero, por una noche, es mejor que la furgoneta.
—¿No me has despertado? —bostecé.
—¿Y perturbar tu carita de sueño tan mona?
Hizo ademán de pellizcarme la mejilla. Traté de apartar su mano de un manotazo y fallé. Le dejé disfrutar de esta victoria mientras yo ponía cara de pocos amigos.
—Todo está dentro. Le he comprado un cuenco nuevo a Alex y está comiendo como si no le hubieras alimentado en meses.
Parpadeé y miré la hora. El sol no se estaba ocultando simplemente, estaba a punto de ponerse del todo. Y era verano. Había dormido casi todo el día.
—No habías dormido desde el jueves. No te iba a despertar para que forzaras tu tobillo herido cargando cajas.
Consideré discutir, pero en su lugar…
—Gracias.
Y lo decía en serio. Me costaba confiar en la gente. Pero a veces… tenía que hacerlo.
Me abrió la puerta, muy caballeroso. Treth asintió en señal de aprobación.
Mientras que el Gravekeeper era una monstruosidad de ladrillo, el edificio de enfrente mantenía un poco de su antigua fachada colonial, con salientes de filigrana.
Estaba pintado de un gris carbón, con los marcos de las ventanas y puertas en blanco para contrastar.
Un balcón daba a la calle. Los fumadores lo disfrutarían.
—Hora de la visita guiada, jefa.
Brett hizo una reverencia exagerada, dejándome entrar por una doble puerta de madera. Agarré la puerta y examiné sus bordes, dándole unos golpecitos.
—Solo madera —murmuré.
—Haremos que le pongan un blindaje.
Entré de lleno y Brett cerró la puerta tras de mí. Oí un pitido que indicaba que la furgoneta estaba cerrada. A esto le siguió el chasquido de él echando la llave y el doble… triple pestillo. Eso me hizo respirar un poco más tranquila.
—¿Pensamos dormir aquí esta noche? Hay gente que reserva habitaciones de hotel.
Brett resopló. —¡Esto es mucho mejor! Las oficinas recién reformadas son el último grito en romanticismo ahora mismo.
En realidad no me importaba. Los hoteles eran caros. Y necesitábamos este sitio de todas formas. Mejor aprovecharlo.
—Así que comienza la visita. Por favor, sígueme a recepción —empezó Brett, muy animado.
—Es solo una habitación vacía.
—¡Error! Estoy seguro de que hay algo de polvo. Pero mira ahí arriba.