Capítulo 3 La prisión invisible
La separación no trajo la libertad que Alejandra imaginaba.
Después de años sintiéndose responsable de todos menos de ella misma, Alejandra quería recuperar algo de la juventud que nunca había vivido. Quería salir con amigas, reír, bailar y sentirse una joven más.
Aunque ya estaban separados, su exesposo seguía ejerciendo control sobre ella.
Cuando la veía caminando por las calles del pueblo o reunida con amigas, aparecía inesperadamente.
En numerosas ocasiones la obligaba a subir a su automóvil.
Lo que seguía eran insultos, amenazas, humillaciones y agresiones físicas.
Alejandra vivía atrapada entre el miedo y la confusión.Lo más doloroso era que ni siquiera reconocía que estaba siendo víctima de abuso.