La novia vengadora del rey mafioso (Serpe Rossa Mafia nº 1) Capítulo 26
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Capítulo 26

ARLO FITZGERALD

El senador Carrington ya empieza a irritarme con toda su palabrería política.

Es el tipo de persona que adora que le acaricien el ego y recibir gloria por cosas que no son más que su deber.

Kyland, su hijo, parece un poco mejor, pero sabemos que es cuestión de tiempo que acabe igual que su padre.

Si mi trabajo legítimo no me obligara a llevarme bien con estos peces gordos, los mandaría a todos a la mierda.

Aryan parece agitado a mi lado, mira a su alrededor y apenas presta atención a la conversación. Si no fuera porque mi tío Klaus me está salvando el culo esta noche, estaría jodido.

Miro a mi alrededor, pero no hay rastro de Sienna. Hace un rato que ella y Maya fueron al baño. Empiezo a preocuparme y decido ir a buscarla.

—¿Adónde vas, Arlo? —Aryan me agarra nada más levantarme de la mesa.

—A buscar a Sienna.

—Solo fue al baño. Relájate, tío. —Fuerza una sonrisa.

Me suelto de un tirón y le lanzo una mirada irritada.

Nadie va a decirme qué hacer, joder.

—Disculpen, voy a buscar a mi esposa —anuncio. El senador asiente y mi tío me fulmina con la mirada por dejarlo solo.

Camino hacia el baño y enseguida noto que algo va mal. Algunas señoras cuchichean entre ellas y se está formando un corrillo cerca del baño. Echo a correr, apartando a la gente a empujones e ignorando las quejas.

Veo a Maya en el suelo, con la cara herida, sostenida por un miembro del personal.

—¡Joder! —grito, y me agacho junto a Maya—. ¿Dónde está Sienna?

—Arlo, no lo sé. Un hombre me golpeó y no vi nada —dice con voz ahogada.

Mierda.

Entro en el baño; hay un empleado dentro junto con un curioso. Reviso los cubículos, empujando las puertas una tras otra con fuerza suficiente para romperlas.

—Señor, va a romper las puertas —dice el empleado detrás de mí.

—¿Qué coño ha pasado aquí? ¿Dónde está mi esposa?

—Señor, no sé nada.

Salgo del baño y echo a correr. Miro a mi alrededor, paso por la cocina y me dirijo al aparcamiento. Pregunto al personal, pero nadie sabe nada. Solo un empleado de cocina me dice que una pareja pasó por la cocina hace poco, pero no hay ni rastro de ellos.

—¿Arlo? —me llama mi hermano, que viene corriendo hacia mí—. Hermano, ¿qué...?

—Se la llevaron, Aryan. Se llevaron a Sienna.

Desesperado, vuelvo corriendo a los baños. Klaus ya está sujetando a Maya. Me acerco a ella.

—¿Adónde fue, Maya? ¿Quién se la llevó?

—No lo sé. Estaba inconsciente. Ese maldito hombre me golpeó.

—¿Cómo era?

—Un hombre de unos cuarenta años. Tenía el pelo castaño, los ojos tirando a claros. No lo sé —grita, desesperada.

—Ya basta, Arlo —dice Klaus con brusquedad—. Está herida.

—Sienna ha desaparecido, Klaus. Y seguro que fue ese cabrón de Luke quien se la llevó. Pero voy a encontrar a ese hijo de puta y lo voy a matar. —Agarro el arma de la funda que llevo en la cintura.

—¿Qué coño estás...? —Klaus me agarra y me empuja contra la pared—. ¿Te has vuelto loco? Mira a tu alrededor. Todo el mundo nos está mirando, grabando con el móvil. Esto no es un evento de la mafia, Arlo. ¿Vas a sacar una puta arma aquí? Contrólate, joder.

—Luke se la llevó, Klaus.

—Lo sé, pero vamos a gestionar esto con calma. Sin llamar la atención.

—¿Qué está pasando? —dice el senador Carrington detrás de nosotros. Klaus me suelta y se da la vuelta con su mejor sonrisa a modo de máscara.

—No ha sido nada, senador —responde Klaus.

—Pero dicen que han secuestrado a una mujer. ¿Ha sido tu esposa, Arlo? —me pregunta el senador.

Me acerco a él.

—Es solo un asunto familiar que queremos resolver con discreción. Si pudiera hacer que la gente se aleje, se lo agradecería. Y también quiero ver las grabaciones de las cámaras de seguridad.

El senador hace lo que le pido: ordena a su personal que ponga excusas y aleje a la gente. Nos lleva a ver las cámaras de seguridad, pero no sacamos nada en claro salvo la confirmación de que Luke se llevó a Sienna.

—Joder. Sabía que era ese cabrón. El muy cabrón —gruño, intentando no montar un numerito delante del senador.

—¿Lo conoces? —pregunta el señor Carrington. Asiento—. Tenemos que llamar a la policía.

—No —dice Klaus rápidamente—. No es necesario; nos encargaremos de la situación.

Esto no es un secuestro, senador. —Fuerza una sonrisa—.

Perdone, no nos hemos explicado bien. Es que él es el tío de la chica.

Es una disputa familiar interna, ya sabe cómo son estas cosas.

La habrá convencido de irse con él, pero la traerá de vuelta pronto.

No hay de qué preocuparse. ¿Verdad, Arlo? Explícaselo.

Furioso, paso junto a ellos y me dirijo de vuelta al aparcamiento. Aryan está justo delante, hablando por teléfono, pero cuelga en cuanto me ve.

—¿Y bien? ¿Has encontrado a la chica?

—No. Ese maldito Luke Rosewood se la llevó. —Golpeo el capó del coche con la mano, furioso.

—He hablado con Victor. Están buscando.

—Arlo —oigo la voz de Klaus a mi espalda—, ¿por qué te has ido así? El senador se ha puesto suspicaz.

—¡Que se joda! Ese cabrón se llevó a Sienna.

—Necesitas calmarte, sobrino. Pero, sinceramente, has visto las grabaciones: Sienna salió con él tan tranquila.

—¿De qué estás hablando? La secuestró, joder. Sienna no se habría ido con él por voluntad propia. Seguro que llevaba un arma escondida.

—De acuerdo, lo entiendo. No estoy de acuerdo, pero lo entiendo. Y si quieres, intentaremos encontrarla. Pondremos a nuestros hombres a buscarla —mi tío intenta calmarme. Pero joder, tengo la cabeza hecha un lío.

Es entonces cuando recuerdo la pulsera. Le puse un rastreador.

—Joder, ¿por qué no pensé en eso antes?

Cojo el móvil y llamo a Raruk. Rechaza dos llamadas antes de contestar:

—¿No puedes esperar? Estoy en medio de algo importante.

—Luke se llevó a Sienna.

Se queda en silencio y oigo la voz de una mujer quejándose. Murmura algo, luego oigo un portazo.

—¿De dónde se la llevó exactamente?

—Del baile del senador. Pero eso no importa. Necesito que compruebes su ubicación en la pulsera y me la envíes ahora mismo.

—Joder, espera. No tengo el ordenador aquí. Veré qué puedo hacer. Dame cinco minutos.

—Raruk, esto es de vida o muerte.

—Cinco minutos, Arlo —cuelga.

—¡Joder! —rujo de rabia.

—¿Qué estás haciendo, Arlo? —pregunta Aryan—. ¿Rastreaste a Sienna?

—¿Necesito explicar lo obvio, Aryan? Por el amor de Dios. Reúne a los hombres y ven conmigo.

—Yo también voy —dice Klaus.

—¿Y Maya?

—Ya la envié a casa. Voy contigo, Arlo.

—¿Adónde vamos? —pregunta Aryan.

—A buscar a Sienna. Raruk va a enviar la ubicación.

—¿Estás loco? —grita Aryan—. Esto es una misión suicida. No sabemos con qué nos vamos a encontrar. Ya oíste lo que dijo el tío Klaus: se fue porque quiso. El tipo es su tío. Deja a esa maldita chica en paz. ¿Te vas a dejar matar por esa zo—?

Antes de que Aryan pueda continuar, lo agarro por el cuello de la camisa y lo empujo contra el capó del coche.

—Si dices una palabra más sobre Sienna, olvidaré que eres mi hermano y te recordaré por qué soy el puto Consigliere de la Serpe Rossa. Vamos a buscar a Sienna, vengas o no, ¿entendido? —lo empujo contra el capó.

Aryan se ajusta el traje con los ojos ardiendo de rabia.

—Solo necesito hacer una llamada rápida —dice.

—¿A quién?

—A papá. Voy a contarle lo que pasó —Aryan intenta sonar tranquilo, manteniendo la voz suave, pero lo conozco de sobra para saber que está nervioso.

—No le vas a contar a nadie. Guarda ese puto teléfono y sube al puto coche ahora mismo. Vamos a buscar a mi esposa y mataremos a cualquiera que se interponga.