Vectores
Vectores
Un país sin luz no se calla de inmediato; se vuelve ruido blanco.
Hay motores, alarmas residuales y millones de teléfonos buscando redes muertas.
Sin embargo, en el inmenso ventanal de la planta cuarenta y dos, ese caos quedaba filtrado por un cristal de triple grosor.
Adentro solo reinaba el zumbido de los servidores y el brillo de las pantallas.
En el mural de ultra alta definición, la red nacional aparecía fragmentada en islas de contención. Pero entre la marea de datos muertos, el director de Análisis detectó un hilo de luz. Una secuencia limpia, metódica y sin el temblor que provoca el pánico.
—Tenemos una desviación en el perímetro exterior —informó Análisis, ampliando un cuadrante del mapa—. Es la misma firma de antes. No hace peticiones masivas. Toca el nodo, extrae un paquete mínimo y cierra la conexión antes de que podamos hacer un ping de retorno.
—¿Trazabilidad? —preguntó Ugarte desde la cabecera de la mesa.
—Cero. Está recomponiendo el mapa aprovechando nuestras propias ventanas de intermitencia. Se mueve en los puntos ciegos del reinicio.
En aquella sala inmaculada, la idea de la invisibilidad era una ofensa estadística. Todo dejaba rastro, a menos que el intruso conociera la arquitectura desde dentro. Ugarte dejó su vaso de agua sobre la mesa de corian.
—El activo Ortega —diagnosticó, sin sombra de duda ni enfado.
—Las latencias coinciden con su perfil operativo —confirmó Análisis—. No usa la fuerza bruta. Está escaneando la red como si supiera exactamente cómo funcionan nuestros algoritmos de criba.
—Podría estar delegando en la IA heredada —apuntó la directora de Comunicaciones.
Ugarte unió las yemas de los dedos. Habían apagado un país con precisión quirúrgica, creando islas limpias y aislando a la población.
Tenían la fuerza bruta y el control de los nodos, pero la anomalía en pantalla demostraba que el «criterio lógico» —el que había diseñado el núcleo de DALIA— seguía vivo y aprendiendo en manos de Álvaro.
—Estado de la fricción social —ordenó Ugarte, cambiando de tema como quien pasa al siguiente punto del orden del día.
—Dentro de los márgenes aceptables —respondió Riesgos—. Las plantillas de radio institucional están estabilizando la curva de pánico. El mensaje de «eviten desplazamientos» está calando. La mayoría de la población ha optado por el confinamiento voluntario asumiendo una avería temporal.
—¿Proyección para mañana?
—Al amanecer, el Gobierno central desplegará a las fuerzas y cuerpos de seguridad y al Ejército en las calles de las grandes ciudades para imponer su presencia visual.
—Excelente. —Ugarte asintió levemente—. Orden público subsidiado.
Necesitamos esa contención visual para que el rebaño no se mueva.
Sin embargo, la luz del día también es una ventaja logística para Ortega.
Si vuelve a su nodo principal y recupera su infraestructura física, su capacidad de fricción aumentará un cuatrocientos por ciento.
Ugarte miró al director de Logística Estratégica.
—¿Confirmación visual del ático de Ferraz?
—Vigilancia externa pasiva activada —informó el joven—. Ocupación cero. El objetivo no ha regresado desde el evento de las 20:30.
—Autorizo embargo preventivo de sus equipos —dictaminó Ugarte, con el tono de quien aprueba la compra de material de oficina—. Quiero todo el hardware de esa vivienda vaciado, empaquetado y subido a esta torre antes de la madrugada. Si hay discos, servidores o notas manuscritas, me los traen.
El director de Logística tecleó en su tablet para dar luz verde a los equipos de asalto que aguardaban en la calle. No hubo gritos, ni armas amartillándose. Solo líneas de código.
—No quiero externalidades —añadió Ugarte—. Minimicen la huella acústica. Que los vecinos piensen que es un equipo de mantenimiento.
En la pantalla secundaria, un bloque de texto comenzó a actualizarse en tiempo real:
[OPERACIÓN INCURSIÓN_FERRAZ: EN CURSO]
Mientras la barra de progreso avanzaba, Ugarte volvió la vista hacia la anomalía en el mapa principal. Seguía apareciendo a golpes y desvaneciéndose justo antes de ser atrapada.
—El algoritmo se está adaptando —murmuró Análisis.
—Se adapta y aprende —precisó Ugarte—. Y un sistema que aprende no se apaga cortando la luz. Se apaga secuestrando su base de datos.
Se giró hacia Riesgos.
—Siguiente variable: Lucía Rey.
—Pérdida de telemetría confirmada desde el inicio del apagón.
—Recordad nuestro objetivo con este activo —advirtió Ugarte, con frialdad—.
No quiero una confrontación directa que eleve su nivel de estrés.
Un activo asustado toma decisiones irracionales.
Un activo estático y confundido es gestionable.
No bloqueen sus rutas de forma evidente.
Si busca respuestas, que encuentre burocracia, contestadores automáticos y puertas cerradas.
—¿Y si logra contactar con Ortega?
—Que lo haga. Lo importante no es evitar que se muevan, sino registrar adónde van cuando creen que nadie los ve.
Dos actualizaciones seguidas parpadearon en la pantalla secundaria:
[OPERACIÓN INCURSIÓN_FERRAZ: ACCESO CONFIRMADO]
[OPERACIÓN INCURSIÓN_FERRAZ: EXTRACCIÓN HARDWARE COMPLETADA]
El equipo había desmantelado el santuario de Álvaro en menos de doce minutos.
—Si el núcleo que buscamos estaba en ese piso, lo sabremos en cuanto los técnicos de La Torre lo auditen —dijo Ugarte, levantándose y ajustándose el botón de la chaqueta.
Miró hacia la ciudad a oscuras, donde pronto empezarían a patrullar los militares sin saber que trabajaban para él.
—Mañana el escenario cambia, señores. Con uniformes en la calle y la luz del sol, la obediencia será masiva. Ortega no tendrá dónde esconderse.