7 LA OFERTA IRREVOCABLE #2
Al llegar al descanso del piso superior, las puertas dobles del despacho presidencial se abrieron de par en par.
El espacio estaba dominado por un inmenso escritorio de caoba oscura y ventanales que ofrecían una vista panorámica de los distritos bajos, sumidos en la niebla gris de la contaminación industrial.
El santuario gótico urbano de Ethan Knight se presentaba como el escenario definitivo de mi sumisión laboral.
—Asiento —ordenó el Alfa, señalando la silla de cuero negro situada frente a su terminal ejecutivo.
Me senté, alisando los pantalones vaqueros sobre mis muslos aún trémulos por la tensión del encuentro en el vestíbulo.
Mis pulmones se llenaron del olor a papel digital y feromonas territoriales estancadas en el cuarto.
Ethan se rodeó el escritorio con pasos lentos, su imponente tamaño bloqueando la luz que entraba por el ventanal, sumergiendo mi cuerpo en su sombra masiva.
Desplegó un documento holográfico en mitad del aire.
Las cláusulas del contrato de Medica parpadearon en un tono azul eléctrico, detallando las cifras de la transferencia de los cincuenta mil créditos, la anulación de las deudas médicas de Alexis Vance y los términos de mi reclusión doméstica como cuidadora exclusiva de Chloe Knight.
Al final del texto, el espacio para la firma digital esperaba el código de mi terminal de muñeca.
—Revisa las condiciones, Madison —dijo Ethan, apoyando ambas manos sobre la superficie de madera, inclinándose hacia mí hasta que su rostro quedó a escasos centímetros del mío—.
Todo está especificado según los estándares de la alta sociedad.
Tendrás cobertura médica total, transporte ejecutivo y un fondo de contingencia para cualquier urgencia del distrito bajo.
—A cambio de mi sumisión biológica completa —añadí, sosteniendo su mirada dorada, mis ojos fijos en la tensión de su mandíbula—. Quiere que viva bajo su techo, que respire su aire y que me convierta en una pieza más de su propiedad residencial.
—Quiero que estés donde te corresponde, Omega —corrigió él, su voz descendiendo a un tono barítono que hizo vibrar el centro de mi ser—.
Tu cuerpo reconoció mi rastro desde el primer encuentro en el parque.
Esta resistencia verbal es un retraso innecesario para un destino que ya está sellado en nuestras castas. Firma el documento.
Miré el indicador temporal de mi terminal.
Restaban treinta minutos para el cierre de la asignación médica en el Hospital Central.
El rostro de mi madre, demacrado por la falta de supresores avanzados, cruzó mi mente con la fuerza de un mandato ineludible.
El orgullo obrero que había defendido durante años en las fábricas textiles de la periferia se desmoronaba ante la realidad implacable de su poder transaccional.
Estiré la mano hacia el campo holográfico, mis dedos temblando de forma evidente mientras el código de autorización se cargaba en el sistema.
Ethan Knight observaba el movimiento con una fijeza depredadora, el aroma de su pre-release volviéndose más denso a medida que la firma digital se completaba en la pantalla azul.
Un pitido agudo confirmó la validación del contrato.
El estatus de mi madre en la base de datos de Medica cambió a "Aprobado - Cobertura Total" en el acto.
Un suspiro de alivio biológico escapó de mis labios, un sonido suave que delató la vulnerabilidad extrema que intentaba ocultar. Mis hombros cayeron, el cansancio acumulado de las noches de vigilia y angustia financiera cobrándose su precio en un instante.
—Ya tiene lo que quería, señor Knight —declaré, alzando la cabeza con un último rastro de obstinación—. He firmado su pacto de sangre corporativo. Ahora déjeme ir a ver a los niños al cuarto de juegos.
Ethan no se movió. Se enderezó con una lentitud amenazante, rodeando el escritorio hasta quedar de pie junto a mi silla.
Su mano enorme descendió de nuevo, hundiéndose en el pelo de mi nuca con una presión insistente que me obligó a inclinar la cabeza hacia atrás, exponiendo la curva de mi cuello donde la piel latía con fuerza por el desorden de mis pulsaciones.
—La negociación laboral ha terminado, Madison —murmuró, su mirada dorada brillando con un hambre voraz que me dejó sin aliento—.
Ahora comienza tu periodo de adaptación a este territorio.
Tu aroma a miedo y desafío rústico está impregnando mi despacho, y no tengo ninguna intención de dejarte salir de esta habitación hasta que tu cuerpo entienda quién es el dueño de esta colina.
El impacto visual de su cercanía y la fuerza de su agarre en mi nuca anularon cualquier capacidad de réplica.
La atmósfera del despacho se volvió puramente erótica, un espacio sellado donde la fijación obsesiva del Alfa se preparaba para reclamar su primera recompensa física.
El segundero del quirófano se había detenido, pero el cronómetro de nuestra perdición biológica acababa de activarse en el ático de cristal negro.