La niña de la maleta (Trilogía SG 1) (Thriller del FBI de Abby Kane 7) CAPÍTULO CINCUENTA Y CUATRO
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CAPÍTULO CINCUENTA Y CUATRO

Después de mi reunión con Green, regresé a la oficina. Kang estaba sentado a su escritorio, con la mirada clavada en el ordenador.

—¿Te cuesta encontrar la respuesta perfecta al correo? —pregunté mientras me acercaba.

—No todos somos maestros del sarcasmo como tú. ¿Qué tal te fue?

—No se ha arrojado ninguna luz.

—¿Eh?

—Vamos. —Le hice señas para que me siguiera—. Entremos en el despacho de Reilly, así solo tengo que contar esto una vez.

Llamé a la puerta del despacho del jefe y asomé la cabeza. —¿Tienes un momento?

Reilly cerró una carpeta y la dejó a un lado. —Sí, pasad.

—Green terminó la autopsia. Cree que el abogado se suicidó.

—¿Hay alguna conexión con nuestro tirador?

—Nada concluyente, pero hay algo en el suicidio que me dio que pensar. Green cree que Yu se inyectó cloruro de potasio. Las concentraciones altas pueden provocar un infarto masivo.

—Abby, no entiendo la importancia de esta reunión. Así que Yu se suicidó y no hay conexión con nuestro tirador. —Reilly se encogió de hombros, visiblemente molesto.

—Creo que Yu tiene relación con esto, y no solo porque fuera el abogado de Chow.

—¿Así que crees que fue él quien orquestó esta masacre y luego se suicidó porque estaba seguro de que todas las pistas llevarían hasta él?

Vaya, alguien se ha levantado con el pie izquierdo.

—Quizá, pero ese es precisamente el problema. No estoy segura de cuál es la conexión ni cuál fue su papel, pero representar a Chow y su banda sin prácticamente ningún otro cliente y luego suicidarse de repente... bueno, resulta sospechoso.

Reilly miró a Kang. —Estás muy callado.

—Creo que Abby tiene razón y merece la pena investigarlo.

—Bien. Seguid vuestra corazonada —dijo Reilly mientras nos indicaba con un gesto que saliéramos de su despacho.

Kang se metió las manos en los bolsillos mientras volvíamos a nuestros escritorios. —¿Eso es todo lo que dijo Green?

—Básicamente, sí. Green mencionó que si encontráramos la jeringuilla que usó Yu para inyectarse, podría examinarla y quizá darnos más respuestas.

—Los de la Científica ya peinaron el lugar. No aparecía ninguna aguja en el informe de pruebas.

—Quizá se les escapó.

Estábamos recogiendo nuestras cosas cuando Reilly asomó la cabeza desde su despacho y nos volvió a llamar.

¿Y ahora qué?

Cuando volvimos a su despacho, Reilly estaba sentado tras su escritorio. Junto a él, de pie, había un hombre delgado con bata blanca de laboratorio y una sonrisa en el rostro.

—Sentaos. Este es el agente Richard Vasquez.

—Vaya, de verdad que os parecéis mucho —comentó Vasquez—.

Disculpe, agente Kane. Nunca nos hemos visto en persona, pero la conozco por correo electrónico.

Bueno, he visto su nombre. En fin, me enteré de lo del parecido con la niña, pero no esperaba que fuera tan...

bueno, seguro que se lo dice todo el mundo...

—Agente Vasquez, ¿por qué no va al grano? —lo apremió Reilly.

—Sí, claro. —Vasquez soltó una risita nerviosa—. Un poco de contexto: yo fui quien extrajo el ADN de la maleta y lo comparó con el de Chow.

—Se lo agradezco. Fue muy útil —dije.

Vasquez seguía sonriendo. De hecho, no había dejado de hacerlo desde que entramos en el despacho de Reilly.

—Bueno, también hice algo más con, eh, con el ADN de la niña que no se me había pedido, pero es que mi mente tiende a divagar. A menudo resulta útil porque puede llevar a nuevos descubrimientos, como el que acabo de hacer.

—¿Ha identificado a Xiaolian?

—¿Quién?

—Así es como llamamos a la Niña de la Maleta —aclaré.

—Ah, vale. Sí, tiene sentido. Es un nombre más bonito que el otro. Bueno, en fin... yo, eh, más o menos la he identificado.

—Defina «más o menos» —dije mientras cruzaba las piernas.

—Se lo diré sin rodeos. Comparé el ADN de Xiaolian con el suyo.

Me quedé boquiabierta. —¿Por qué demonios haría eso?

—Como le dije antes, a veces mi mente divaga y me desvío hacia cosas que no se me han pedido necesariamente. Y teníamos sus muestras de ADN en el archivo. En fin, hice la prueba.

—Y... —Mi tono dejaba clara mi irritación.

—Probablemente debería habérselo dicho antes de hacerlo, pero...

—Agente Vasquez, ¿está a punto de insinuar que ha descubierto que la niña y yo estamos emparentadas? Porque si es ahí adonde va esta conversación, lamento decepcionarle.

—No, ese es precisamente el problema. No estoy intentando decir que estén emparentadas. Es más que eso. Ella es usted.