Capítulo 91
El canal de televisión de Duluth mostraba un radar que señalaba una espesa franja de tormentas eléctricas en rápido desarrollo que se extendía desde Nebraska hacia el noreste, llegando hasta Ontario, Canadá.
Era un frente lento que prometía lluvias torrenciales, rayos y fuertes ráfagas de viento durante varias horas.
La buena noticia, según dijo la meteoróloga con tono alegre, era que detrás de la tormenta llegaría un tiempo fresco delicioso, un alivio muy esperado por toda la región después del calor sofocante del verano.
—Magnífica noticia —observó Maddie— para quien sobreviva a este monzón.
Cambió de canal justo cuando un relámpago iluminó las ventanas, seguido un segundo después por un trueno que hizo temblar la cabaña. Al instante, las luces se apagaron.
—¿En serio? —exclamó—. No me jodas.
Cogió el móvil y la pantalla se iluminó con la fecha y la hora. Era como una cuerda que la mantenía conectada con el mundo más allá de la tormenta. Al desbloquear el teléfono, notó que le temblaba la mano; el corazón le latía con fuerza.
—Tranquila —susurró.
Comprobó la señal y vio que solo tenía una raya de cobertura. Casi nunca utilizaba el teléfono en la cabaña de Ethan. En parte porque casi siempre estaban juntos, salvo cuando él salía a pescar al lago. Marcó su número y Ethan respondió al segundo tono.
—¿Todo bien? —preguntó entre chasquidos de la conexión.
—Se ha ido la luz.
—Ajá. ¿Sabes dónde está el generador?
—Sí —respondió ella—. Me acuerdo. Detrás de la casa.
—Debería de tener gasolina. Tira de la cuerda y todo volverá a funcionar. Ya casi estoy en el pueblo. ¿Quieres que vuelva?
—No. Compra lo que necesitamos. Pero date prisa.
—De acuerdo.
Colgó y se levantó del sofá. Se metió la pistola detrás, en la cintura del pantalón. Iluminando el camino con la linterna del móvil, atravesó la cocina y se dirigió hacia la parte trasera de la cabaña.
En el patio, bajo el techo de la cochera descubierta, estaba el acceso al pequeño hueco bajo la casa donde guardaban el generador de gasolina. No era la primera vez que una tormenta los dejaba sin electricidad y Maddie sabía bien cómo resolverlo. Había ayudado a Ethan muchas veces.
Al girar el picaporte de la puerta trasera, tuvo que empujar con fuerza para vencer el viento. La lluvia rugía al golpear el techo de chapa del espacio para el coche. Maddie cerró la puerta al salir para evitar que la lluvia, que caía de lado, empapara el interior de la cabaña.
Se inclinó y utilizó la luz del móvil para encontrar la argolla de la trampilla donde guardaban el generador. La abrió y lo sacó sobre sus ruedas hasta dejarlo bajo el techo de la cochera.
Otro relámpago iluminó la noche y Maddie se preparó para el trueno. Cuando estalló, el suelo tembló… y ella sintió una mano sobre el hombro.
Su grito se mezcló con el estruendo de la lluvia. En un solo movimiento, se volvió y sacó la pistola de la cintura. Pero con la mano resbaladiza por el agua, no logró sujetar la empuñadura y el arma cayó al suelo con un golpe seco.