La marca del psicópata Capítulo 51
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Capítulo 51

El gobernador Mark Jones llegó escoltado al despacho de Ari Cutlass, director del centro penitenciario de máxima seguridad de Wisconsin, el miércoles por la mañana.

No habían transcurrido ni veinticuatro horas desde su reunión con Ethan Hall, durante la cual descubrió que Francis Bernard había activado una proverbial bomba de tiempo que no solo amenazaba la vida de una chica, sino también su carrera política si gestionaba mal la situación.

También se había enterado, por primera vez en una década, de que su hija estaba muerta.

—Gobernador —dijo el director Cutlass cuando entró—, ¿a qué debo el placer de una visita sin previo aviso?

—Hola, Ari. Perdón por venir sin avisar.

—No hay problema. Algo importante debió de surgir para alejarte de tu cómoda mansión en Madison y traerte hasta el pueblo perdido de Boscobel. ¿Es algo serio?

—Me temo que sí. Tiene que ver con uno de tus reclusos. Francis Bernard.

—¿Bernard? Cumple cadena perpetua. —Ari alzó la vista, pensativo—. En realidad, no. Se acogió a una cláusula transitoria y es probable que salga en libertad condicional obligatoria en algún momento. Pero lleva aquí treinta años.

—Treinta y dos —lo corrigió Mark—. Y necesito un favor.

—Ah, ¿sí?

—Tenemos que trasladarlo a Columbia.

—¿Por qué?

—Ve a por un café y siéntate. Te lo contaré todo.

Después de escuchar la historia del gobernador, Ari Cutlass ladeó la cabeza.

—Es una situación muy complicada. ¿Cuánto tiempo lleva desaparecida la chica?

—Un mes. Y mis hombres temen que no le quede mucho tiempo.

—Vaya, qué putada, Mark.

—Ni que lo digas. Pero hay más. Nadie sabe cómo, pero este hijo de puta dice tener información sobre el caso de mi hija. Y solo está dispuesto a soltar lo que sabe después de que lo trasladen. Lo consideraría un favor personal, Ari, si pudiéramos hacer que ocurriera cuanto antes.

—La rapidez no es el problema, Mark. Puedo enviarlo a Columbia hoy mismo. El problema es la responsabilidad. Si apruebo el traslado y Bernard acaba con los reclusos comunes en Columbia y luego mata a alguien, el responsable soy yo.

—Me aseguraré de que tengas inmunidad frente a cualquier responsabilidad.

—Es una promesa muy bonita, pero tu firma irá en la orden de traslado debajo de la mía. Así que si algo sale mal en Columbia, estarás tan jodido como yo.

—Te estoy pidiendo un favor, Ari. No solo por esta chica desaparecida, sino también por mi hija. ¿Qué haría falta para realizar el traslado el lunes?

El director de la cárcel miró al techo mientras pensaba.

—Como mínimo, necesitaría que Bernard se sometiera a una evaluación psicológica y que el terapeuta confirmara que está mentalmente apto para relacionarse con otros reclusos. Si conseguimos eso, tendríamos cierta protección por si algo sale mal en Columbia. Podríamos echarle la culpa al psicólogo.

—¿Con qué rapidez puedes organizar una evaluación psicológica?

—Haré unas llamadas. Pero el problema no va a ser programarla. El problema será que ese sociópata la supere.