La marca del psicópata Capítulo 9
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Capítulo 9

—Jon Grace, de la UPD. Tengo que registrarlo antes de que pueda entrar.

Ethan alzó las cejas. La Unidad de Protección de Dignatarios de Wisconsin se encargaba de la seguridad del gobernador y de su familia. Era algo parecido al Servicio Secreto. Miró a Pete.

—¿Ves por qué hubiera preferido que no vinieras disfrazado de médico?

Ethan extendió los brazos a los lados mientras el agente lo cacheaba en busca de armas.

—Puede pasar —dijo cuando terminó.

Ethan siguió a Pete dentro de la habitación y se encontró cara a cara con el gobernador de Wisconsin, elegido recientemente. También había una mujer a la que no reconoció.

—¿Ethan? —dijo el gobernador, tendiéndole la mano—. Soy Mark Jones. Gracias por venir.

—Sí, señor —respondió Ethan, estrechándosela—. No sé muy bien de qué se trata todo esto.

Sin soltarle la mano, con un apretón firme y dominante, Mark sonrió.

—Ahora mismo se lo explicamos. Ella es Geraldine Feck, la fiscal del estado.

Ethan por fin recuperó la mano y se la tendió a la señora Feck; ansiaba hacerle mil preguntas a Pete Kramer sobre qué demonios hacía en esa habitación de hotel con el gobernador y la fiscal.

Se sentía incómodo con el pijama sanitario y lamentó no haberse cambiado de ropa antes de salir a toda prisa del hospital.

—Mejor sentémonos —dijo Mark.

Se sentaron alrededor de una mesa en la suite con vistas al lago Mendota. El gobernador levantó una caja del suelo y sacó varias carpetas encuadernadas, que distribuyó sobre la mesa. Ethan recibió una y miró la portada.

CALLIE JONES: DESAPARECIDA EL 18 DE JULIO DE 2015

Ethan leyó el nombre de la chica y, por fin, comprendió.

Jones.

Mark Jones había sido el rico empresario que se convirtió en político cuya hija desapareció en el verano de 2015. Callie Jones era la hija del gobernador. Su triunfo en las elecciones del año anterior había sido el detonante para que se reabriera el caso.

—Ethan —dijo Mark cuando todos tuvieron su carpeta—, sé que es un hombre ocupado, así que iré al grano.

Mi hija desapareció hace diez años. El agente Kramer trabajó en el caso desde el principio, y a pesar de algunas pistas prometedoras y varios sospechosos potenciales, no se llegó a buen puerto.

Se llevó a cabo una investigación exhaustiva, pero nunca apareció ninguna prueba concluyente.

Con el tiempo, quienes estaban al mando consideraron que el caso era irresoluble y pasaron a otra cosa.

—Pero desde las elecciones de 2024 —dijo Ethan—, usted y un nuevo grupo de autoridades han llegado al poder.

—Veo que ya está atando cabos —respondió Mark—.

Pero no fue idea mía formar un equipo para revisar la desaparición de mi hija.

Fue del agente Kramer. Todos estamos al tanto del diagnóstico reciente de Pete y fue él quien pidió que le echáramos un último vistazo al caso de Callie.

Pete ha servido al estado de Wisconsin durante treinta años y le debemos un gran reconocimiento.

Me planteó su idea; yo, por supuesto, tengo un vínculo personal con el caso.

Luego ambos se la expusimos a la fiscal Feck.

Se hizo una pausa y Ethan sintió la necesidad de romper el silencio.

—¿Y dónde encajo yo en todo esto, señor?

El gobernador sacó otro expediente de la caja.

—Revisé su trayectoria y analicé su etapa en la DIC. —Mark bajó la vista al documento y pasó una página—. Resolvió el cien por cien de los casos que se le asignaron mientras era agente. Impresionante, realmente.

Ethan asintió, sin decir nada.

—Durante diez años se desempeñó como agente especial en delitos contra menores y en todo ese tiempo fue compañero del agente Kramer.

—Otro gesto afirmativo—. Pete cree, y yo coincido con él, que usted representa nuestra mejor oportunidad para averiguar qué le ocurrió a Callie.

Y aunque reabrir el caso no fue idea mía en un principio, le agradecería mucho que nos ayudara.

Ethan comenzaba a comprender la situación; frunció el ceño.

—Señor, como Pete le habrá dicho, o como tal vez figura en ese expediente que tiene sobre mí —Ethan tiró del cuello del pijama sanitario—, soy médico de urgencias, no investigador de la DIC.

—Sí —dijo Mark, leyendo de la carpeta—, dejó la DIC en 2015 para estudiar Medicina en la Universidad de Wisconsin con sede en Madison.

Se graduó como el mejor de su promoción e hizo la residencia en Emergentología en Milwaukee, donde el último año fue jefe de residentes.

Parece que se destaca en todo lo que hace.

—Si sabe todo eso, señor, entonces sabrá que ya no investigo crímenes.

—Espero que haga una excepción. —El gobernador carraspeó—.

Mi hija desapareció hace diez años y nunca obtuve respuestas sobre lo que le pasó.

Pete jamás dejó de buscar a Callie, incluso después de que la cúpula de la DIC lo desanimara, y con el tiempo se ha convertido en un buen amigo.

Pero con mi elección hay nuevas personas en puestos clave y consideraría un favor personal que echara un vistazo al caso de mi hija.

—¿Echar un vistazo? —repitió Ethan—. ¿Se refiere a… revisar el expediente?

—Para empezar, sí. Pero espero que también se involucre de lleno en el caso y lo investigue.

—¿Que lo investigue cómo, señor? Soy médico. No tengo jurisdicción ni autoridad para investigar el caso de una persona desaparecida.

Mark hizo un gesto con la cabeza a Geraldine Feck, que tomó la palabra.

—El gobernador Jones está dispuesto a nombrarlo formalmente consultor de la DIC, y la fiscalía que dirijo le otorgará autoridad para investigar el caso. Eso significa que cualquier cosa que descubra podrá usarse legalmente para hacer avanzar el caso.

Feck metió la mano en el maletín y deslizó una placa sobre la mesa.

—Tendrá credenciales, pero no un arma —explicó—. Y mientras trabaje en el caso, estará en la nómina de la DIC.

Ethan levantó las manos y sonrió.

—Están enterados de que tengo un trabajo a tiempo completo, ¿verdad? Y un contrato con el hospital que exige que me presente a ese trabajo a tiempo completo.

—Mira, Ethan —dijo Pete—. No acudimos a ti por impulso.

Pedirte ayuda no fue una decisión que hayamos tomado ayer.

Lo hemos analizado en profundidad. Conocemos tus horarios.

Y tengo que admitir que te organizas bien.

Trabajas siete turnos de ocho horas durante la noche y luego tienes siete días libres.

Te llaman el “nocturnista”. A veces te sales del esquema y haces turnos de doce horas durante una semana entera y eso te da dos semanas libres.

No está nada mal si sabes aprovecharlo. Con la planificación adecuada, tendrás tiempo para comprometerte con el caso si ajustas bien tu agenda.

Lo que te pedimos es que te tomes el verano para investigar y ver qué descubres.

Si al final del verano no logras que el caso avance, no habrá problemas de nuestra parte y podrás olvidar este breve regreso a la DIC.

—Para compensarlo por su tiempo y su experiencia —añadió Mark—, no solo se le pagará como empleado formal del estado, sino que también saldaremos los préstamos federales que solicitó para costearse la carrera de Medicina.

Según nuestros registros, eso cubriría alrededor de tres cuartas partes de su deuda universitaria.

Lamentablemente, no podemos hacernos cargo de préstamos privados.

Ethan alzó las cejas. A sus cuarenta y cinco años, arrastraba una enorme deuda estudiantil que, al ritmo actual, tardaría décadas en liquidar.

—¿Qué dices, amigo? —preguntó Pete—. Es una buena oferta.

Ethan bajó la vista al expediente de Callie Jones; cuando estaba a punto de hablar, su teléfono emitió el sonido de un mensaje. Reconoció por el tono que se trataba del hospital. Sacó el móvil del bolsillo, leyó el mensaje y volvió a mirar a Mark Jones.

—Hay una emergencia en el hospital. Debo regresar.

—Vaya —dijo Pete—, está claro que eres un hombre muy solicitado.

Ethan miró otra vez al gobernador.

—¿Puedo pensarlo, señor?

—Por supuesto. Llévese el expediente —dijo Mark—. Revíselo mientras lo decide.

Ethan se puso de pie y recogió la carpeta de la mesa.

—Entonces, ¿con quién me pongo en contacto?

—Llámame a mí —dijo Pete—. Ha pasado tiempo, pero mi número sigue siendo el mismo.