CAPÍTULO 28 — Hacia la Cámara Sellada
BLOQUE 1
Con la atención pública ya considerablemente calmada, y con la propia investigación avanzando de nuevo con la tranquilidad metódica que había caracterizado buena parte de aquel tomo, la doctora Rúas identificó,
durante el proceso de documentación exhaustiva del compartimento donde habían encontrado los restos originales de Teodomiro, un detalle adicional que ninguno había notado durante la excitación del hallazgo inicial.
---Hay una segunda losa, más pequeña, empotrada en la pared trasera del propio compartimento ---anunció, señalando una sección que hasta entonces había quedado parcialmente oculta tras los propios restos óseos ya documentados y trasladados con cuidado a un espacio de análisis controlado---.
Con el mismo tipo de junta que ya vimos en los mecanismos anteriores.
Gabriel, sintiendo la misma expectativa renovada que había acompañado cada descubrimiento sucesivo de aquella larga saga, se inclinó junto al resto del equipo para examinar el hallazgo con atención.
---Otra puerta ---dijo, casi con una media sonrisa cansada ante la familiaridad de aquel patrón---. Después de cuatro tomos enteros, ya deberíamos haber aprendido a esperar que cada puerta esconda, siempre, otra puerta más.
BLOQUE 2
Sotelo, examinando el propio mecanismo con el mismo cuidado meticuloso que había aplicado a cada hallazgo desde su incorporación formal al equipo, notó un detalle que ayudaba a entender la lógica exacta de aquel último obstáculo.
---Esta no requiere la llave ---observó, después de varios minutos de examen cuidadoso---.
Requiere, en cambio, los propios nombres.
Miren, hay doce pequeños espacios tallados alrededor del borde de la losa, cada uno con el tamaño exacto para insertar un objeto pequeño, quizás una moneda o una pieza similar.
Adrien, recordando de inmediato la propia lista de doce nombres que habían recuperado meses atrás del documento de Tréveris, sintió que la conexión resultaba evidente.
---Si cada espacio corresponde a uno de los doce seguidores originales, es posible que el propio mecanismo requiera, además de la llave ya usada, algún tipo de ofrenda o marcador simbólico asociado a cada nombre específico, no solo la simple presencia de la llave como autoridad general.
Padre Esteban, procesando aquella hipótesis con una reflexión que conectaba el hallazgo con la propia tradición devocional que llevaban meses investigando, ofreció una perspectiva adicional.
---O quizás, simplemente, requiere que los doce nombres sean pronunciados en voz alta, como parte de un ritual de apertura diseñado no para excluir a nadie sin la combinación correcta,
sino para asegurar que quien abriera esta última puerta lo hiciera con pleno conocimiento y respeto hacia lo que realmente representaba.
BLOQUE 3
Gabriel, considerando ambas hipótesis con la misma apertura metódica que había definido buena parte de aquella investigación, propuso finalmente un enfoque que combinaba ambas posibilidades.
---Probemos primero con lo más simple ---dijo---. Los doce nombres, pronunciados en voz alta, uno por uno, mientras alguien mantiene la presión sobre el propio mecanismo central.
Adrien, con la lista completa todavía fresca en la memoria después de meses de trabajo directo con el documento original, empezó a recitar, despacio y con solemnidad, cada uno de los doce nombres recuperados del propio registro judicial de Tréveris: Instantius, Salviano, Eliseo,
y los nueve restantes, cada uno pronunciado con el mismo respeto que merecía después de mil seiscientos años de anonimato casi completo.
Al pronunciar el último nombre, un chasquido suave, apenas perceptible, recorrió toda la estructura circundante, y la pequeña losa cedió finalmente, revelando, tras ella, un espacio reducido que ninguno de ellos, tras meses enteros de investigación acumulada,
se atrevía todavía a examinar sin antes tomarse un momento para asimilar la magnitud completa de lo que estaban a punto de encontrar.
---Ahí está ---dijo Sotelo, con la voz reducida casi a un susurro---. El verdadero final de todo esto.