La Llave de Santiago (El Código del Camino de Santiago 5) CAPÍTULO 18 — El Verdadero Guardián
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CAPÍTULO 18 — El Verdadero Guardián

BLOQUE 1

Diana Sotelo aceptó la reunión propuesta por Gabriel con una cautela evidente, citándolos en su propio despacho universitario, un espacio pequeño y abarrotado de publicaciones y materiales de campo acumulados a lo largo de una carrera que, según pudo comprobar Gabriel apenas cruzó la puerta,

llevaba considerable tiempo sin recibir el reconocimiento que sus propios logros académicos anteriores parecían merecer.

---Imagino que no vinieron simplemente a presentarse ---dijo, sin ningún preámbulo particular, invitándolos a sentarse con una formalidad distante---. Supongo que notaron mi artículo, y las huellas junto a su vallado.

Gabriel, decidido a mantener el enfoque directo que habían acordado, no intentó disimular el motivo real de la visita.

---Así es, profesora Sotelo. Y también sabemos, ahora, por qué le negaron el acceso hace quince años.

La expresión de Sotelo cambió de manera perceptible, la cautela profesional cediendo paso a algo considerablemente más crudo: una mezcla de sorpresa y una amargura acumulada durante mucho tiempo.

---¿Qué saben exactamente? ---preguntó, con la voz tensa.

BLOQUE 2

Gabriel le resumió, con la discreción necesaria dada la sensibilidad todavía vigente de buena parte de la investigación, la relación entre la negativa que había recibido en su momento y el propio Ezequiel Bastos,

ya condenado por delitos considerablemente más graves que una simple obstrucción académica.

Sotelo escuchó en silencio, con una expresión que fue transformándose, a medida que Gabriel avanzaba en la explicación, de la incredulidad inicial a algo parecido al alivio, mezclado todavía con una ira residual considerable.

---Quince años pensando que simplemente no era lo bastante buena, o que mi propia hipótesis resultaba demasiado especulativa para el gusto conservador del comité de aquella época ---dijo, finalmente, con la voz quebrada---.

Y resulta que la verdadera razón era que alguien, deliberadamente, protegía algo que yo estaba a punto de encontrar sin siquiera saberlo del todo.

---Lamentamos profundamente lo que le ocurrió ---dijo Lucía, con una sinceridad genuina---. Y por eso mismo estamos aquí. Queremos ofrecerle una vía de colaboración real, no otra negativa disfrazada de cortesía académica.

BLOQUE 3

Sotelo, procesando aquella oferta con una desconfianza que resultaba, dado todo lo vivido, perfectamente comprensible, formuló la pregunta que representaba su propia condición para cualquier colaboración futura.

---¿Qué tipo de colaboración exactamente? Porque si esto es simplemente una manera elegante de mantenerme controlada mientras ustedes se llevan todo el crédito, prefiero que me lo digan ahora mismo, con la misma franqueza que ya me demostraron.

---Coautoría plena en cualquier publicación relacionada con la necrópolis, y reconocimiento explícito de que su hipótesis original, hace quince años, ya apuntaba en la dirección correcta ---respondió Gabriel, sin dudar---.

Además de acceso completo al yacimiento, bajo las mismas condiciones que el resto del equipo.

Sotelo, considerando aquella oferta con una expresión que ya no ocultaba del todo cierta emoción contenida, hizo finalmente la pregunta que representaba, para ella, el núcleo real de todo lo que llevaba años sospechando sin poder confirmarlo.

---¿Encontraron ya la cámara? La que yo siempre sospeché que existía, más allá de la simple necrópolis. Algo diseñado deliberadamente para permanecer oculto, no solo olvidado por el paso del tiempo.

Gabriel, Lucía y Adrien intercambiaron una mirada breve antes de que Gabriel respondiera, con una honestidad que representaba, en cierto modo, el primer gesto real de la nueva colaboración que estaban a punto de sellar.

---Todavía no ---admitió---. Pero tenemos la llave que debería abrirla. Y ahora, profesora Sotelo, también tenemos, si usted acepta, a la persona que más tiempo lleva convencida de que existe.