CAPÍTULO 3 — Testimonio del Proceso
BLOQUE 1
Con la autenticidad del documento razonablemente establecida, el equipo dedicó la semana siguiente a una traducción exhaustiva y cuidadosa de todo el contenido del legajo, trabajando en turnos entre Adrien,
Greta y un especialista adicional en latín tardoantiguo que el propio Landesmuseum puso a su disposición, un profesor jubilado llamado Hermann Diefenbach cuya erudición, según pudo comprobar Gabriel en apenas una tarde de trabajo conjunto,
resultaba tan considerable como su evidente entusiasmo por participar en un hallazgo de aquella magnitud.
---El testimonio más extenso corresponde al propio Ithacio de Ossonuba, el obispo que lideró la acusación original contra Prisciliano ---explicó Diefenbach, traduciendo con fluidez un pasaje considerablemente más largo que cualquiera que hubieran examinado hasta entonces---.
Pero lo interesante, y esto es algo que ninguna crónica posterior menciona con este nivel de detalle, es que el propio registro judicial incluye también el testimonio completo de la defensa, algo que los relatos tradicionales, escritos siempre desde la perspectiva de los vencedores eclesiásticos,
omitieron sistemáticamente.
Lucía, escuchando la traducción con una atención absoluta, formuló la pregunta que representaba, para todos, el verdadero valor añadido de aquel hallazgo.
---¿Qué dijo Prisciliano en su propia defensa?
BLOQUE 2
Diefenbach continuó traduciendo, con la voz cargada de la emoción académica de quien accede, por primera vez en toda su carrera, a una fuente de un valor histórico verdaderamente excepcional.
"El acusado declaró que jamás practicó arte alguna contraria a la fe cristiana, sino que buscó, junto a sus hermanos, una vida de mayor austeridad y entrega, conforme al ejemplo de los primeros apóstoles, sin pretender jamás apartarse de la comunión de la Iglesia,
sino purificarla de las riquezas y comodidades que, a su juicio, la alejaban de su propósito original."
Padre Esteban, presente por videollamada desde España para seguir de cerca cada avance de la traducción, sintió que aquel testimonio confirmaba, con una fuente directa y contemporánea,
exactamente lo que la propia doctora Montenegro había planteado meses atrás sobre la naturaleza real del movimiento priscilianista.
---No hablaba como un hereje convencido de estar fundando algo nuevo ---observó---. Hablaba como un reformador, convencido de estar recuperando algo que la propia Iglesia de su época había perdido por el camino.
Adrien, revisando el resto del testimonio en busca de más detalles concretos, encontró un pasaje que resultaba especialmente revelador sobre la naturaleza del propio proceso judicial.
---Aquí queda claro que el juicio no fue estrictamente religioso, a pesar de las acusaciones formales de herejía ---dijo---.
El propio registro menciona que Magno Máximo, el usurpador que ocupaba el trono imperial en aquel momento, tenía interés político directo en congraciarse con la jerarquía eclesiástica tradicional, precisamente para legitimar su propio poder frente a otros pretendientes rivales al trono.
BLOQUE 3
Gabriel, procesando la magnitud completa de aquel testimonio, sintió que la investigación acababa de confirmar, con un rigor histórico excepcional, algo que llevaban ya cuatro tomos enteros de investigación sospechando desde perspectivas indirectas.
---Entonces la ejecución de Prisciliano no fue realmente sobre teología ---dijo---.
Fue sobre poder político, disfrazado con el lenguaje de la ortodoxia religiosa.
Exactamente el mismo patrón que después repetirían la corte de Felipe II en el siglo XVI, y los propios Fieles Guardianes en el siglo XIX y hasta hoy.
Greta, escuchando aquella conexión entre eventos separados por más de mil quinientos años, ofreció una reflexión que resumía, con una claridad considerable, el hilo conductor de toda la saga que Gabriel llevaba investigando desde Bobbio.
---Es fascinante, y un poco desalentador al mismo tiempo, Herr Llorente ---dijo---.
El mismo mecanismo, repetido una y otra vez a lo largo de los siglos: el poder institucional usando el lenguaje de la fe o de la unidad para justificar decisiones que, en el fondo, responden a intereses mucho más terrenales.
Diefenbach, todavía absorto en el resto del documento, encontró hacia el final un párrafo adicional que ninguno de ellos había anticipado.
---Hay algo más aquí, sobre lo que ocurrió inmediatamente después de la ejecución ---dijo, con la voz tensa por la anticipación---.
El propio escriba anota que un grupo de "hermanos de Gallaecia", presentes en Tréveris durante todo el proceso, solicitó formalmente autorización para recuperar los cuerpos, autorización que, contra todo pronóstico dada la gravedad de la condena, terminó siendo concedida.
Gabriel sintió que el hilo que llevaban meses siguiendo, desde el sarcófago de O Cebreiro hasta aquel mismo documento, se cerraba con una precisión casi perfecta.
---Ahí empieza el viaje de regreso a España ---dijo---. El mismo que terminaría, siglos después, en la propia fundación del culto compostelano.