Epílogo
Harper
Dos años después…
East Harbor huele igual que cuando era niña: a sal, a hierba recién cortada y a comida preparada para muchas personas.
Esta casa vuelve a estar llena de voces, de risas y de niños corriendo descalzos por el jardín como si el verano fuera infinito.
Algo que me gustaba pensar cuando veraneaba aquí de pequeña.
Porque en East Harbor se detiene el tiempo y todo cobra una importancia distinta.
Este es el último verano antes de que Ryan vaya a la universidad, por lo que hemos decidido pasar las vacaciones aquí, en casa, en la calma de los atardeceres rosados y las noches estrelladas; en los paseos por la playa y en la tranquilidad de sus calles.
Al igual que los veranos en que vivía aquí, salimos a correr por las mañanas, o a practicar algún deporte en la cancha deportiva junto a los chavales del pueblo o Duncan, comemos en el Joe´s, compramos algún libro en The Book Nook, tomamos un helado, hacemos alguna acampada en el bosque, preparamos algo para cenar los tres juntos y sacamos alguno de los juegos de mesa con los que nos entreteníamos de niños.
Brady adora East Harbor tanto como yo y creo que lo he convencido para mudarnos aquí cuando no trabajemos.
Y Ryan…, a él le gusta estar aquí y ya tiene su propio grupito de amigos, entre los cuales está la hermana de Duncan, Gina.
Dicen que son amigos, pero saltan chispas entre ellos.
¿Cómo crecen tan rápido? No estoy preparada para que Ryan vaya a la universidad.
Los Phantoms no ganaron la Stanley el año en que Brady se lesionó y lo besé frente a un montón de cámaras.
Nos quedamos a muy poco, pero no pudo ser.
No obstante, esta temporada sí hemos sido los vencedores.
Todo el equipo sigue eufórico y Brady, quien ahora está representado por mi padre, logró mejorar las cláusulas de su contrato —muy a pesar de Matt—.
Yo he terminado mi residencia y ya puedo trabajar en cualquier equipo o clínica del Estado de Maine con un contrato como Dios manda.
Grant me hizo una valoración magnífica junto a una petición al equipo para que me contrataran y ahora soy la nueva fisioterapeuta junior de los Phantoms. Grant sigue siendo mi jefe, pero ya no evalúa todo mi trabajo.
Además, la nueva posición vino con un aumento bastante sustancioso del sueldo.
Ya, lo sé, Brady sigue ganando más en una semana de lo que yo gano en un año.
Pero podría vivir yo sola perfectamente.
En el equipo ya se han acostumbrado a que estamos juntos.
Intentamos ser discretos y profesionales, pero alguna muestra de cariño cae.
Pensé que iba a causar más rechazo, sin embargo, la gran mayoría se alegró, muchos no se lo esperaban y unos pocos se mostraron algo reacios en un primer momento.
Ahora, tanto compañeros como público están más que acostumbrados a nuestra relación y saben que no voy a tratar a ninguno de los jugadores mejor o peor.
Hablando de jugadores, Connor se marchó del equipo al finalizar esa temporada en que Brady se lesionó.
Mi hermano asegura que fue decisión propia, aunque la tensión en el vestuario ahogaba a todos.
Algo cambió, a pesar de que ninguno quisiera hablar de ello.
Ahora juega en un equipo del norte de Europa y, por lo que se ve en la prensa, sigue igual de fiestero y problemático de lo que lo era aquí.
O más. Zee, por el contrario, se mantuvo leal a Brady en todo momento y sigue admirándolo hasta tal punto de haberse vuelto más maduro y responsable, siguiendo su ejemplo.
Me pidió disculpas por su actitud respecto a la apuesta y ahora es un habitual en nuestra casa —como lo era Brady en la de Holly y Duncan—.
Lleva unos meses saliendo con una chica que yo aún no conozco, pero Brady dice que son tal para cual.
Durante este tiempo, se llevó a cabo el juicio contra Wesley Holloway.
Se supo que él había sido el responsable de las filtraciones a la prensa, se demostró que me estuvo siguiendo y que, en alguna ocasión, trató de saltarse la orden de alejamiento.
Afortunadamente, y gracias a la seguridad privada que mi padre, y más tarde Brady, me proporcionó, no ocurrió nada.
Todo esto se tradujo en pena de cárcel y pérdida de la licencia.
Ah, y su mujer lo dejó al descubrir el monstruo con el que se había casado.
Pero ese horror ya terminó.
Ahora nos hallamos en el jardín de casa, rodeados de toda la gente que queremos, tanto amigos como familia, sin nada especial que celebrar, salvo que es verano, estamos de vacaciones y coincidimos todos.
Solo falta Ethan, pues nos encontramos en plena temporada de beisbol.
Es extremadamente difícil reunir a todo el clan Queen.
Holly está sentada con Riley, la mujer de Calvin. Al estar ambas embarazadas, han encontrado muchas cosas en común. Luego, Charlotte y mis otras cuñadas se han unido a la conversación para compartir experiencias. Ahora están con eso de «no compres no sé qué porque no lo vas a usar».
Los hombres están charlando cerca de la barbacoa y disfruto al ver a Brady tan integrado con los Queen y ellos, a su vez, con mis amigos de aquí.
Mientras tanto, Madison y yo le echamos un ojo a mis sobrinos.
Me está contando que van a adoptar a una niña.
Una adolescente del pueblo se quedó embarazada y habló con ellos porque les pareció la pareja perfecta para criar a su hija.
Me emociono y la abrazo. Me alegro mucho por ella. Por ellos.
Desvío la mirada hacia la casa al detectar movimiento. Acaban de llegar Beth y Jake, con un niño agarrado a la mano de su padre mientras da saltitos como si esquivara las florecitas del césped y con un bebé diminuto metido dentro de un fular.
—¡Ohhhh! —Corro hacia ellos intentando no hacer ruido, aunque algunas personas más también me siguen—. Pero qué bolita… Ay, quiero uno.
Lo digo sin pensar, como si fuera la frase más lógica y natural del mundo. Pero…
Matt se atraganta con la cerveza. Calvin le da un codazo a Brady con una sonrisa burlona.
Mi padre y Dean se miran con las cejas levantadas.
Mi madre se emociona. Madison asiente, como si pensara exactamente lo mismo que yo.
Holly aplaude. Duncan palmea el hombro a Brady con una sonrisa.
Charlotte me pregunta si estoy segura, para luego decirme que no, que no sé lo que estoy diciendo.
Beth le da la razón, alegando que está cansada de no poder dormir bien.
Jake la besa y me enternezco aún más. Ryan nos pide que esperemos a que vaya a la universidad porque los bebés lloran.
—¿Tienes edad de tener hijos siquiera? —bromea Matt.
—Tu mujer era más joven que yo ahora cuando se quedó embarazada.
Abby asiente enseñando los dientes.
—Y yo —dice Beth.
—Y yo. —Charlotte.
—Yo también. —Holly.
—¿Veis? —Las señalo.
—Tenías ocho años cuando me fui de casa, y esa es la edad que tienes para mí —argumenta.
—Para mí, tiene diez —lo secunda Dean.
—Ni se te ocurra —gruño hacia Calvin, apuntándolo con el dedo.
Este se descojona.
—Si estuviera aquí Ethan, diría que para él son doce —se burla.
Pongo los ojos en blanco.
—Oye, ¿cuántos quieres? —murmura Brady a mi lado, provocando que algunos alcen las cejas y otros se atraganten. Yo contengo la respiración, pues no me esperaba esta pregunta—. Aquí los tienes de todas las edades. Coge los que quieras y huye. No se darán cuenta.
Ahora todos nos reímos.
—Si queréis tener una familia numerosa, no tardéis —sugiere mi madre—. La edad no perdona.
—Mamá, no.
—¿Qué? Sois jóvenes, estáis enamorados, vivís en una casa grande y con jardín, Brady gana suficiente…
—No los alientes, que todavía nos vamos a quedar sin fisioterapeuta —protesta Matt.
—No voy a dejar de trabajar —alego, aunque ni he pensado demasiado en ello ni mucho menos he hablado de esto con Brady.
—Quizá están esperando a que Brady se retire para que los cuide él —comenta Jay—. Tiene cara de padrazo.
—Uuuuuh —canturrean varios de nuestros invitados, y Brady se sonroja de repente.
—¿No hay muchos Queens ya? —pregunta Dean.
—¡Eh! Si tengo un hijo no va a ser un Queen —rebate Brady—. Va a ser un Lennox.
—Ni de coña —objetan mis hermanos. Todos. A la vez.
—Eh…, ¿cariño? —me llama Brady, colando un brazo tras mi espalda y anclando su mano a mi cadera—. ¿Les puedes explicar a tus hermanos cómo funciona esto?
Suelto una risita y siento que mi novio se tensa.
—Ni siquiera yo voy a ser una Lennox, cariño.
—¡Bum! —exclama Dean, y choca los cinco con mis otros hermanos.
—¿Perdón?
—Toda mi vida he sido Harper Queen, ¿por qué tengo que cambiarme el apellido? —cuestiono.
—¡Bien dicho! —me secunda Holly, que siguió manteniendo su nombre tal cual a pesar de casarse con alguien como Duncan.
Charlotte asiente, pues ella también decidió no hacer ningún cambio.
—Creí que desearías dejar de ser una Queen y que todo el mundo pensara que lo que lograses fuera gracias a tu padre —replica Brady.
—¡Ya nadie piensa eso! —me quejo—. Además, ¿paso de ser la hija de Gregory Queen para ser la esposa de Brady Lennox? ¿Y por qué estamos hablando de esto? No es que vayamos a casarnos…
—O sí —propone mi novio.
Algunos contienen el aliento, otros —como yo— lo miramos con cara de sorpresa, y otros vuelven a tener un ataque de tos por un atragantamiento muy conveniente.
—¿Qué… qué quieres decir?
Miro hacia los demás por si pudiera haber entendido mal, pero todos están igual de expectantes que yo. Trago saliva y empiezan a temblarme las manos.
—¿Ryan? —lo llama Brady—. ¿Tienes eso que te di?
—¡Hostia!
Su hermano se acerca con una cajita que saca de su bolsillo.
—En realidad, que sigas siendo Harper Queen me parece más que perfecto.
—Ryan le entrega la cajita y Brady la agarra con fuerza con una mano mientras con la otra sujeta mis dedos y me acaricia el dorso con un pulgar.
Todos los demás se han agolpado a nuestro alrededor con la firme intención de no perderse detalle—.
Ryan lleva paseándose todo lo que llevamos de verano con esto, porque no sabía cuándo sería un buen momento.
Quizá este no lo sea, pero ya que estamos rodeados de la gente que queremos y ha salido el tema…
Brady se arrodilla frente a mí. Se me corta la respiración.
Holly vuelve a aplaudir. Mi madre está llorando y mi padre la abraza, también emocionado.
Mis hermanos se miran entre ellos, como evaluando si todos están igual de acuerdo en que esto es una buena noticia —o todo lo contrario—.
Mis cuñadas emiten un chillido. Las demás parejitas se abrazan.
—No voy a pedirte que cambies, ni que olvides quién eres.
Eres una Queen y me enamoré de ti sin saber ese detalle.
Me enamoré de ti siendo mi fisio y por supuesto que me da igual si quieres seguir trabajando o no.
Aunque, entre tú y yo, eres demasiado buena para pausar tu carrera.
Y no, no lo digo para caerle mejor a Matt —añade, y todos nos reímos un poco, incluido el aludido.
»Ryan dice que eres lo mejor que me ha ocurrido en la vida y tengo que darle la razón porque puedo vivir sin el hockey, pero no sin ti.
Harper, te elegí incluso antes de ser consciente de que lo hacía, cuando el orgullo me impedía ver lo increíble y maravillosa que eres.
Pero, por suerte, es algo que he podido averiguar a lo largo de estos dos años.
Y ojalá me permitas seguir a tu lado muchos más para quedarnos en casa, en East Harbor o para recorrer el mundo juntos mientras cumplimos todos nuestros sueños.
Los pequeños y los grandes. ¿Quieres hacerme el hombre más feliz del mundo casándote conmigo?
Brady me suelta para abrir la cajita y me llevo ambas manos a la boca. Las lágrimas llegan antes que las palabras.
—Sí. —Muevo la cabeza de manera rápida hacia delante y hacia atrás con una gran sonrisa.
Brady se levanta aún más veloz y me abraza para besarme.
Nuestros invitados nos vitorean, gritan, aplauden, están felices por nosotros.
Al separarnos, Brady toma mi mano para colocarme el anillo en el dedo y comprobar que sea mi talla.
Es precioso y discreto. Se nota que es un anillo de compromiso, pero no me va a impedir trabajar ni se me va a quedar enganchado a todas partes. Es perfecto.
Las chicas se acercan para abrazarme y admirar el anillo mientras ellos le dan la enhorabuena al novio. Luego me pierdo dentro de un abrazo colectivo de Queens, y Brady tiene que venir a rescatarme.
—Entonces…, ¿tú también vas a querer casarte aquí? —tantea abrazándome. Yo rodeo su cuello con mis manos.
—Ni lo dudes —afirmo.
—Me parece perfecto.
Apoyo la cabeza en el hombro de Brady mientras el murmullo de la barbacoa continúa a nuestro alrededor y el sol empieza a esconderse tras los árboles.
No necesito mirar atrás para recordar todo lo que hemos superado, ni adelantarme para imaginar lo que vendrá.
No sé qué nos traerán los próximos años, pero sí sé dónde quiero vivirlos.
Con él.
Con la familia que formemos y la que ya tenemos.
En nuestra casa.
En East Harbor.
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Nos vemos en la siguiente historia.
PRÓXIMAMENTE: EAST HARBOR 4.
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