La Jefa Capítulo 26
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Capítulo 26

Alice

Entro en la planta treinta de LBS. Intentaré no gritarle a Nicole si la veo, pero enseguida miro hacia su despacho y puedo verla en su escritorio, jugueteando con unos papeles.

Me entran ganas de irrumpir allí y gritarle que me deje en paz. En lugar de eso, sigo caminando hacia mi propio despacho.

Paso por delante de recepción, pero, para variar, Leigh no está allí. No veo ninguna de sus tazas de café sofisticadas ni su gran maleta junto al escritorio.

Echo un vistazo a las letras en negrita que hay en la parte inferior del mostrador de recepción. «Que tengas un día precioso».

Siento un escalofrío de grima, pero me sacudo la sensación al entrar en mi despacho, esta prisión de cristal.

Antes de que pueda empezar otro día en este infierno, Nicole está en mi puerta y entra. Esta vez no llama, sino que pasa con toda la desfachatez del mundo.

Lo que me llama la atención por ser diferente es el aspecto tan terrible que tiene. Su arreglada melena rubia, que suele llevar alisada y cepillada a la perfección, está recogida en un moño desaliñado.

—Necesito tu respuesta, ya —dice—. La necesito en este mismo instante.

Ni siquiera se molesta en darme los buenos días ni en ninguna de las cortesías que acostumbra a fingir conmigo.

De hecho, agradezco que no ande con juegos hoy.

No sé cuánto más bochorno puedo soportar.

Sé que soy incapaz de disimular y solo puedo imaginar la rabia que debo de estar reflejando mientras miro a la mujer que quiere robarme a mi marido.

Respiro hondo, sin fingir ninguna sonrisa. La miro como si hubiera eructado delante de mí. —Estará allí. A las diez. En tu casa. —Una sonrisa se extiende por su rostro. Esta vez es genuina. Está obteniendo lo que quiere de mí. Más vale que yo obtenga lo que me merezco.

—Cincuenta de los grandes —dice ella—. Tendré el dinero listo para la semana que viene. Hoy necesito que me envíes oficialmente tu currículum para el puesto de vicepresidenta de Lovely Beauty Supplies.

—Sin problema —digo con brusquedad—. Lo tendré listo de inmediato. —Abro mi portátil y tecleo mi contraseña. Levanto la vista hacia ella; esa estúpida sonrisa sigue pegada a su cara—. ¿Hay algo más?

—No, eso será todo —dice—. Me marcho. Trabajaré desde casa. Te quedas al mando mientras yo no esté. ¿Te parece bien?

Hago una pausa. Esto era lo que quería, ¿verdad? Ahora lo está diciendo después de que yo le haya prometido a mi marido para esta noche. Un momento agridulce. Hoy estoy al mando de LBS.

Es algo con lo que siempre he soñado. Pensaba que, si alguna vez me ocurría, me sentiría abrumada por la felicidad y con una sensación de logro.

En cambio, siento que voy a vomitar por todo mi despacho de cristal a la vista de todos. El pobre Steve, el de la limpieza, me odiará.

Asiento en respuesta. Ella no me presiona más, capta la indirecta y sale de mi despacho sin decir ni una palabra más.

Mientras finjo leer mis correos electrónicos, miro por encima del hombro y observo a Nicole guardando su portátil y algunos documentos.

Sale de su despacho y pasa por la zona de recepción vacía.

Exhalo profundamente.

¿Qué he hecho?

¿Qué clase de pacto con el diablo he firmado?

Veo un correo de última hora de la noche que me llama la atención. «Anuncio de personal», reza el encabezado. Es de Nicole. Hago clic.

—Hola a todos:

Leigh Olson ya no trabaja para Lovely Beauty Supplies ni está vinculada a la empresa.

Atentamente,

Nicole Barrett.

¿Se ha ido ella? ¿La han despedido?

Leigh parecía tan normal ayer mientras trabajaba. ¿Qué ha pasado?

Bajo la cabeza, dándole vueltas, hasta que alguien llama a la puerta de mi despacho y me obliga a levantar la vista. Walt Denellio, un supervisor del departamento de atención al cliente, me saluda con la mano.

Cuando entra, le dedico una sonrisa falsa. —Buenos días, Walt.

—Días, Alice —dice él rápidamente. Señala el despacho de Nicole—. ¿Se ha ido? Necesitaba repasar unas cuantas cosas con ella hoy.

Asiento. —Estará fuera el resto del día, pero puedes consultármelo a mí. Me ha pedido que hoy me haga cargo de todo.

Él hace una pausa. —Me parece bien. —Se sienta al otro lado de mi escritorio y extiende unas hojas de Excel para que las vea.