EPÍLOGO (100)
Tardo como un mes en salir del hospital, pero finalmente lo hago. Tengo quemaduras que aún no se han curado, pero con calma, lo harán.
En realidad, no es eso lo que más me importa, es otra cosa. Son las niñas, y están vivas.
Entre mi amigo Matías y Ana, a cuyo verdadero nombre no sé si me lograré acostumbrar, reconstruyo gran parte de toda historia. Sé lo que pasó en el psiquiátrico, sé lo que pasó con la hermana de Ana, y sé de quién eran esas niñas.
Ana ha logrado que el tercer grado no le sea suspendido, sobre todo cuando el fiscal descubrió el verdadero motivo por el que había infringido el permiso domiciliario. Ahora está peleando por conseguir la condicional, y según su abogada, es más que probable que se la den.
Yo estoy peleando por la custodia de las niñas, su único familiar con vida, es decir, Ana, está de acuerdo, y ellas, que son la parte más importante de toda esta historia, también lo están.
Es posible que yo no tenga el mejor expediente policial, pero todos coinciden en que no soy mala persona, al revés, soy alguien que lo da todo por ser la mejor persona que pueda ser.
Lorena ha vuelto al hospital psiquiátrico, los hechos ocurridos parece que han disparado los síntomas de su enfermedad y está desconocida. Dice que las niñas son suyas, que se las han robado, que la enferma es Ana, y su hermana, no ella.
Cuando salgo del hospital, las niñas me están esperando. Me espera una nueva vida. Y con Ana, cuando venga los fines, y más tarde, cuando le den la condicional, quién sabe lo que podrá pasar con ella. También es una persona que intenta ser cada día mejor persona.
Las niñas van a necesitar mucha atención, y también mucha terapia, pero están con dos personas que lo van a dar todo por ellas.
No sé Ana y yo somos las personas más puras e íntegras del mundo, lo que sí sé es que somos dos adultos intentando aprender de nuestros errores y hacer de este un mundo mejor.
Que cuando nos vayamos, esté un poquito mejor de lo que estaba cuando llegamos.
Y que lo vamos a dar todo porque ese par de niñas, Natalia y Martina, tengan una gran vida.
Si hay otra cosa que he aprendido de los libros de autoayuda es que las cosas no suceden por casualidad.
El universo conspira siempre, a todas horas, trabaja en las sombras para seguir trazando un camino que a nosotros se nos antoja lleno de niebla, oscuridad e incomprensión.
Pero me tranquiliza saber que hay algo más.
Cada día es una nueva partida de este juego, y cada día tienes la ocasión de hacerlo mejor que ayer.
Yo ya me sé algún que otro truco, sé cuáles son mis errores y cuáles son mis defectos.
No soy perfecto, pero sí sé que voy a seguir luchando por hacer siempre lo correcto.
Suena una melodía de los Beach Boys, Only God Knows , quizá sea solo una de esas casualidades curiosas e imposibles, o quizá, esa casualidad, como decía Carl Jung, sea algo más. Quizá sea una señal que te está indicando que, si sigues así, no vas del todo mal.
FIN