BLOQUE 2
La recuperación forense del portátil de Pablo confirmó hasta dónde había llegado.
Uno de los archivos, modificado la mañana anterior a su muerte, se titulaba:
“Secuencia probable del expediente.”
Pablo no había ordenado los documentos según el archivo donde los había encontrado.
Los había organizado por función.
Había colocado las probanzas familiares antes de la determinación.
Después aparecía la memoria de sepultura y, más adelante, la referencia al traslado enviado fuera de la casa del patrono.
Al final escribió:
“Debe existir un memorial que reúna todo.”
Clara sintió un escalofrío.
Pablo no conocía todavía el título.
Pero había comprendido la estructura.
Otra línea decía:
“Si aparece ficha de transferencia, buscar denominación exacta.”
Santiago miró la reproducción del siglo XIX.
Aquello era exactamente lo que Pablo había necesitado.
Y había muerto antes de verlo.
La policía no tenía pruebas de que Llorca conociera esa ficha.
Tampoco de que poseyera la denominación completa.
Sí conocía buena parte de la ruta y trató de apropiarse del trabajo con el que Pablo había conseguido avanzar más.
El documento que ambos perseguían continuaba fuera de alcance.
Otro archivo recuperado contenía una advertencia:
“No confundir memorial con determinación.”
Adrián leyó la explicación que seguía:
“La determinación es una pieza. El memorial parece contener las pruebas y la memoria material que permitieron justificar o discutir su aplicación.”
Esa diferencia ordenaba definitivamente la investigación histórica.
La determinación era una decisión.
El Memorial era un conjunto más amplio.
Podía contener las probanzas utilizadas en el conflicto, la documentación funeraria y la transcripción de la inscripción anterior.
Encontrar únicamente la determinación no habría bastado para reconstruir todo el proceso.
Para Clara, la referencia al traslado de letras tenía además una consecuencia práctica.
No sería necesario desmontar la sepultura solo por curiosidad histórica.
Si el Memorial o alguno de sus fragmentos conservaba esa transcripción, podrían comparar el texto contemporáneo con los restos materiales sin someter la piedra a una intervención injustificada.
El Memorial no servía únicamente para explicar por qué Fernando había desaparecido de la versión posterior.
Podía conservar la forma en que su memoria había sido documentada antes de modificarla.
La nota “Faltan piezas al recibirse” obligaba, sin embargo, a aceptar que incluso el ejemplar registrado en el siglo XIX ya estaba incompleto.
Eso impedía imaginar una unidad perfecta que hubiera sobrevivido intacta hasta tiempos modernos.
El expediente había perdido partes antes de entrar en la historia de las colecciones que ellos podían seguir.
La dispersión podía haber sido gradual.
Algunas piezas pudieron permanecer con descendientes de Fernando.
Otras podían haber pasado a fondos privados.
También podían existir fragmentos en archivos públicos sin que nadie hubiera reconocido su relación.
Elena regresó entonces al caso contemporáneo.
La causa contra Llorca podía sostenerse sin identificar a V.
El responsable material estaba establecido.
La secuencia principal también.
Llorca había producido la lesión mortal durante el forcejeo, se apropió de la investigación de Pablo y utilizó después esa información para continuar buscando.
La carpeta, el portátil y la caja cuatro habían sido recuperados.
Parte del material había circulado posteriormente por otras manos.
Eso continuaría investigándose.
Pero no existía prueba de que otra persona hubiera ordenado matar a Pablo.
Los mensajes recuperados indicaban más bien que quien se comunicaba con Llorca quería información y trataba de evitar una complicación.
La búsqueda era más amplia que el homicidio.
El homicidio tenía un responsable material.
Ambas afirmaciones podían convivir.
Julián Velasco solicitó declarar aquella misma tarde.
Reconoció que sabía que su familia llevaba años investigando determinadas piezas de la colección.
También admitió conocer la fotografía antigua y la posibilidad de una inscripción previa.
Había referencias a una copia alternativa.
Además, reconoció haber encargado trabajos de procedencia en diferentes momentos.
Eso significaba que había ocultado parte de lo que sabía durante sus primeras declaraciones.
Su explicación era que no quería relacionar la colección con una investigación criminal antes de comprender qué estaba ocurriendo.
Elena todavía tendría que valorar esa conducta.
Pero Velasco negó cualquier contacto con Llorca la noche de la muerte.
También negó ser V.
La policía no podía todavía atribuirle técnicamente aquella cuenta.
Y no existía prueba de que conociera la denominación Memorial de Burgos.
El gestor relacionado con la entrega posterior de documentación había trabajado para la Colección Velasco, pero también para otros clientes.
Tampoco identificaba por sí solo a V.
La red contemporánea seguía abierta.
El crimen inmediato ya no dependía de resolverla por completo.