La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) BLOQUE 3
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Los documentos constructivos llegaron al final de la tarde.

No eran planos modernos.

Había croquis, medidas, cuentas de materiales y descripciones de piedra.

Era suficiente para empezar.

Clara extendió todo sobre una mesa grande.

Buscaba la relación entre la pieza y el marco.

Si la habían bajado y vuelto a asentar, quería saber si el nuevo montaje modificó la superficie expuesta.

Las primeras medidas mostraban pequeñas diferencias respecto de la configuración actual.

Por sí solas no servían.

Podían deberse a desgaste o a imprecisiones de época.

Después apareció una cuenta referente a una pieza de apoyo:

Zócalo de asiento.

La descripción no coincidía con la posición actual.

Eso significaba que el sistema de apoyo había cambiado.

Clara empezó a dibujar.

En la disposición antigua, la piedra quedaba expuesta de una manera determinada.

Durante la reforma podía desmontarse y trabajarse.

Después, un nuevo sistema de apoyo o marco podía cubrir parcialmente zonas que antes habían quedado visibles.

Adrián comprendió la consecuencia.

Parte de la inscripción antigua podía haber quedado físicamente detrás del nuevo montaje.

Otra parte había sido rebajada porque continuaba expuesta.

La frase “no quede manifiesta” podía haberse cumplido combinando ambas operaciones.

No era necesario eliminar cada trazo de la superficie.

Bastaba con intervenir lo que permanecía visible y dejar fuera de vista aquello que el nuevo asiento cubría.

Eso explicaría por qué determinados trazos antiguos habían sobrevivido mejor cerca de las juntas.

No porque alguien quisiera preservarlos.

Porque el montaje posterior los había protegido durante siglos.

Clara no quiso avanzar más sin mediciones actuales.

Necesitaba revisar las juntas, los espesores y la relación exacta con el marco.

Si conservación lo autorizaba, podían utilizar inspección no invasiva para comprobar áreas ocultas.

La hipótesis era fuerte.

Todavía no una conclusión.

Elena recibió entonces otro informe.

La policía había localizado registros parciales de un teléfono secundario asociado con Llorca.

El aparato no estaba recuperado.

Pero los datos disponibles permitían situarlo.

La noche de la muerte de Pablo, ese teléfono había estado en Burgos.

Llorca había declarado que se encontraba en Valladolid.

Aquella parte de su versión era incompatible con los registros.

Los datos no bastaban para colocarlo en la carretera.

Sí en Burgos.

Después el terminal dejaba de emitir durante varias horas y reaparecía a la mañana siguiente en el entorno de Valladolid.

La secuencia era compatible con la ruta ya reconstruida de los vehículos.

No demostraba todavía que Llorca fuese el conductor.

Se sumaba, sin embargo, a una cadena que empezaba a volverse difícil de explicar por separado.

Llorca tenía conocimiento antiguo y específico de los documentos.

Había minimizado el alcance de sus investigaciones.

Vehículos de su empresa aparecían vinculados con los movimientos posteriores a la muerte.

Su morfología era compatible con varias imágenes.

Y ahora un teléfono asociado con él contradecía su declaración sobre dónde se encontraba aquella noche.

Elena pidió una copia certificada de la instrucción para incorporarla al expediente.

No porque conocerla fuera delito.

Porque demostraba hasta qué punto Llorca entendía desde hacía años una parte central del problema que después había tratado como algo apenas recordado.

La investigación policial avanzaba de la misma forma que la histórica.

No mediante una prueba excepcional.

Mediante hechos independientes que empezaban a apuntar en una misma dirección.

Cuando quedaron solos, Clara volvió a los croquis.

El asiento antiguo dejaba una superficie más expuesta.

El nuevo modificaba el borde de apoyo.

Si la reconstrucción era correcta, una parte de la memoria anterior podía haber quedado protegida detrás de elementos añadidos mientras el resto se rebajaba para que nada antiguo resultara visible.

El mecanismo empleado para ocultar aquella memoria podía haber contribuido, paradójicamente, a conservar fragmentos de ella.

Adrián observó la piedra.

La instrucción había quedado fuera del libro principal y sobrevivido en registros laterales.

La reforma tampoco había quedado explicada por completo en los documentos más consultados.

Su rastro permanecía en juntas, apoyos y diferencias de asiento.

Otra vez, la información decisiva había sobrevivido fuera del lugar donde debería haber estado.

Y precisamente por eso todavía podían reconstruirla.