BLOQUE 2
La segunda pista apareció en un inventario de bienes litúrgicos.
A primera vista parecía irrelevante para la sepultura.
Enumeraba objetos destinados al uso de la capilla.
Entre ellos aparecía una entrada distinta:
“Un arca pequeña con escrituras de la memoria.”
Adrián se detuvo.
El arca permanecía bajo custodia conjunta del patrono y del capellán.
Eso indicaba que la propia fundación conservaba allí un pequeño archivo documental.
El inventario no especificaba qué contenía.
Podía haber guardado escrituras fundacionales, inventarios antiguos o documentación relacionada con la memoria funeraria.
Incluso la transcripción previa de la inscripción podía haber pasado por allí.
Santiago revisó el inventario posterior.
El arca ya no aparecía.
La desaparición coincidía con el período de reorganización del espacio y con la gran intervención sobre la sepultura.
Eso no demostraba que hubiera sido eliminada deliberadamente.
Podía haber salido de la capilla como consecuencia administrativa de la reforma.
Una nota marginal reforzó esa posibilidad:
“Entregada con las demás escrituras.”
No indicaba a quién.
La fecha era de pocos meses después de la modificación principal.
La documentación vinculada a la memoria había sido trasladada.
Eso cambiaba la manera de interpretar las ausencias.
No necesitaban imaginar que las pruebas habían sido destruidas.
Podían haber salido de la capilla junto con el archivo de la fundación.
Desde allí podían pasar a manos del patrono y, con el tiempo, integrarse en un archivo familiar.
Siglos de herencias, traslados y ventas podían fragmentar después esa documentación hasta volver casi imposible reconstruir su procedencia.
La posibilidad encajaba mucho mejor con la presencia de piezas incompletamente catalogadas en colecciones privadas.
Santiago encontró una referencia posterior que podía prolongar esa ruta.
Décadas después, un inventario doméstico de descendientes de la rama de Diego registraba:
“Un arca vieja con papeles de fundaciones y memorias.”
La descripción era compatible con la pieza documentada antes en la capilla.
No podían demostrar que fuera la misma.
No había medidas ni una relación detallada de contenido.
Pero sí tenían una ruta plausible.
Documentación de la fundación podía haber salido de la Catedral y terminado dentro de un archivo doméstico.
Elena llegó mientras aún comparaban ambas entradas.
Adrián le explicó el hallazgo.
Una pequeña arca con escrituras había estado dentro de la capilla.
Después dejó de aparecer.
Décadas más tarde, otra arca con documentación semejante figuraba en una casa de la rama que administraba el patronato.
No podían conectar aún aquel recorrido con la Colección Velasco.
Sí podían demostrar que documentación vinculada a la fundación había podido abandonar la Catedral de manera completamente ordinaria.
Para Elena, eso importaba por la procedencia.
Si Pablo había conseguido reconstruir aquella circulación documental, podía haber establecido que alguna pieza conservada siglos después en una colección privada procedía originalmente de la fundación.
Antes de que pudieran avanzar, la inspectora les dio noticias de Raúl Esteban.
Lo habían localizado en Madrid.
Reconocía haber estado en la Catedral en 2017 y haber hablado con Pablo.
Su presencia en Burgos estaba vinculada a un encargo relacionado con la Colección Velasco.
Según su declaración, buscaba referencias documentales asociadas a una antigua fundación familiar.
Su entrada en el área de restauración, sostenía, había sido circunstancial.
La explicación no eliminaba el hecho de que hubiese hablado con Pablo el mismo día en que apareció la incisión.
Elena leyó parte de la declaración.
Raúl reconocía haber preguntado si durante la intervención surgían marcas o documentación no catalogada relacionada con la fundación.
Eso demostraba un interés concreto anterior a la identificación de Fernando.
El problema ya no era si aquella búsqueda era ilegal.
No lo era necesariamente.
La cuestión era por qué existía antes de que Pablo interpretara la F.
La respuesta de Raúl añadió otra pieza.
Su encargo partía de un inventario antiguo donde se mencionaban escrituras conservadas en la capilla.
Clara señaló de inmediato la referencia al arca.
La cronología contemporánea retrocedía varios años.
La Colección Velasco buscaba documentación vinculada a la fundación antes de que Pablo reconstruyera la identidad de Fernando.
La incisión pudo haber confirmado una búsqueda documental previa, no originarla.
Raúl sostenía que en aquel momento no conocía el nombre de Fernando.
Eso podía ser perfectamente cierto.
Lo que ya parecía comprobado era que la existencia de antiguos papeles de la fundación interesaba a la colección desde antes.
Elena se marchó con una nueva pregunta.
Necesitaba establecer qué sabía exactamente Julián Velasco antes de recibir el informe elaborado por Raúl después de aquella visita.