BLOQUE 2
Elena llegó a media mañana.
No venía por la genealogía.
Venía por Julián Velasco.
Se sentó frente a Clara y Adrián con una carpeta cerrada y sacó la fotografía recuperada de la Colección Velasco.
La frase subrayada seguía allí:
“…para que quede la memoria conforme a la sucesión…”
Adrián pidió el documento completo.
No lo tenían.
Por tanto, solo podía interpretar esas palabras dentro de límites muy estrechos.
La expresión memoria podía aludir a la fundación funeraria o al modo jurídico y conmemorativo en que se preservaba el recuerdo de una persona.
La referencia a la sucesión sugería que esa memoria debía ajustarse a una situación sucesoria considerada válida.
Elena fue directa.
—¿Puede significar que modificaron una sepultura para hacerla coincidir con una sucesión?
—Puede.
No era imposible que un monumento funerario se adaptara después de cambios familiares.
Otra cosa era saber qué se había cambiado y con qué propósito.
Clara le mostró lo que acababan de encontrar.
Fernando de Valderrama aparecía como hijo y heredero en documentación anterior.
Después figuraba ausente en una genealogía promovida por la rama que acabaría asociada con Diego.
Elena comprendió enseguida la dimensión contemporánea que podía esconder aquella historia.
Preguntó por propiedades y por las funciones que habían pasado de una rama a otra.
Adrián recordó que el interés actual podía no ser exclusivamente económico.
También podían existir consecuencias sobre procedencia documental o prestigio de una colección.
Elena abrió finalmente la carpeta.
Julián Velasco era abogado especializado en cuestiones patrimoniales y asesoraba fundaciones y colecciones privadas.
La Colección Velasco pertenecía a su familia y él participaba en su administración.
Conocía a Pablo desde hacía años.
Además, reconocía haberle permitido consultar documentación histórica conservada en la colección.
Según Velasco, se trataba de papeles relacionados con una antigua fundación burgalesa cuya importancia no resultaba evidente entonces.
El documento fotografiado por Pablo era otra cuestión.
Velasco había dicho inicialmente que no recordaba la pieza concreta.
Clara dejó escapar una risa breve.
—Conveniente.
Elena la miró.
—Un olvido no es una confesión.
Clara aceptó.
Velasco también afirmaba no saber que Pablo hubiera identificado a Fernando.
Sobre la expresión segunda copia, decía no comprender a qué se refería.
Aquello planteaba un problema.
Si Pablo había escrito:
“V. dice que no existe otra copia. No le creo.”
había tenido que existir una conversación previa suficientemente concreta como para que ambos entendieran de qué estaban hablando.
Adrián señaló además que esa anotación aparecía asociada a referencias sobre la decisión.
Eso hacía más probable que no estuvieran discutiendo simplemente sobre duplicados fotográficos.
Podía tratarse de un documento.
Todavía no sabían cuál.
Elena introdujo otra posibilidad.
Si el documento de la Colección Velasco procedía originalmente de un archivo institucional o familiar y había terminado dentro de una colección privada sin una cadena de procedencia clara, demostrar su origen podía generar problemas actuales.
No necesariamente por su contenido.
También por su titularidad.
Una segunda copia conservada de manera independiente podría servir para comparar el texto y ayudar a reconstruir por dónde había circulado la documentación.
La idea encajaba mejor con la insistencia de Pablo.
Tal vez no buscaba únicamente comprobar qué había ocurrido con Fernando.
También quería contrastar un documento cuya procedencia podía resultar problemática.
Seguía sin ser un motivo demostrado para el homicidio.
Era una posible razón por la cual alguien podía querer controlar lo que Pablo había encontrado.
Cuando Elena se marchó, Adrián regresó deliberadamente a la parte histórica.
No quería que las sospechas contemporáneas contaminaran la lectura de los documentos antiguos.
Necesitaban localizar la última referencia segura de Fernando antes del vacío.
Santiago la encontró.
Fernando seguía administrando rentas.
Después aparecía un intervalo de varios años en el que determinadas propiedades cambiaban de manos sin que todas las transmisiones estuvieran documentadas.
Parte de ellas terminaría bajo la administración de Diego.
No tenían aún el testamento de Fernando.
Tampoco un inventario post mortem fiable.
Faltaba el mecanismo jurídico que explicara cómo sus funciones y bienes habían pasado a otra rama.
Podía haber documentos perdidos.
O simplemente documentos que todavía no habían encontrado.
La frase de la Colección Velasco volvió a adquirir interés:
“…para que quede la memoria conforme a la sucesión…”
Quizá perteneciera precisamente a una de esas piezas intermedias.
Todavía era demasiado pronto para asegurarlo.