Capítulo 30
Clara lo encontró al abrir el archivo. No tenía sello ni remitente. En el anverso aparecía escrito ELENA con tinta azul.
Durante unos segundos, regresó el miedo.
Clara abrió el sobre.
Dentro había una fotografía que nunca había visto.
Lucía e Inés estaban sentadas en el suelo del 4B, rodeadas de papeles. Ambas miraban a la cámara y reían. Entre ellas, la niña sostenía un cartel hecho con rotulador:
VERA SOMOS TODAS.
Detrás de la imagen, Inés había escrito:
Para cuando recordar deje de ser una obligación.
Clara llevó la fotografía a su mesa de trabajo. Limpió el polvo con un pincel y la colocó dentro de una funda protectora.
No intentó averiguar quién había entregado el sobre.
A las diez llegó Lucía desde Lisboa. Caminaba con bastón, pero rechazó la ayuda para subir los cuatro pisos. Se detuvo ante la imagen del lago y corrigió, como hacía cada vez:
—Ese vestido amarillo lo elegiste tú.
—Sigo sin recordarlo.
—Era horrible.
—Entonces quizá mi memoria funciona mejor de lo que creemos.
Lucía rio.
Pasaron la mañana ordenando testimonios. A mediodía, Clara recibió a una mujer que buscaba a una hija nacida en 1991. Por la tarde llamó un hombre convencido de que su partida de nacimiento era falsa. Ninguna historia tenía un final inmediato. Algunas quizá nunca lo tendrían.
Al cerrar, Clara recorrió el apartamento.
La cama estaba deshecha porque Lucía había descansado. Había yogures en el frigorífico, una taza con café en el fondo y un cepillo de dientes mojado en el baño.
Alguien vivía allí.
Esta vez, no era una amenaza.
Apagó las luces salvo la lámpara del recibidor. En la pared, el reloj de mirlo marcó las nueve y abrió el pico. Tres notas limpias sonaron en el silencio.
Clara esperó.
No apareció el olor a naranja. No hubo una habitación blanca ni una voz ordenándole olvidar.
Solo vio a una niña escondiendo una llave y a dos mujeres prometiendo volver.
El timbre sonó.
Al otro lado había una joven con una carpeta contra el pecho. Tendría unos veinte años. Miraba el número 4B como si hubiera llegado al final de un viaje.
—Busco a Vera Montes -dijo.
Clara pensó en Lucía, en Inés, en Sara, en Amalia y en todas las personas que habían sostenido un nombre vacío hasta llenarlo de verdad.
Abrió la puerta por completo.
—Has llegado al lugar correcto.
FIN