6
LA BÓVEDA SUDAMERICANA DE DIESEL EN LOS ANDES.
EASTON
—No me dijiste que tu noche de chicas incluía a un hombre —ruge el enorme Dragón que bloquea la gruesa puerta de acero empotrada en la ladera de la montaña.
Mi propio Dragón se agita dentro de mí, pero como mestizo no puedo Cambiar, ¡no hasta que haya reclamado a mi compañera!
Aun así, me planto delante de Ellie y me mantengo firme, preparado para enfrentarme a esta bestia si es necesario.
Pero entonces Dorrie se pone delante de todos nosotros, pone los ojos en blanco y se lleva las manos a las caderas.
—Easton es un Dragón, no un hombre —dice—. También es el compañero de Ellie, así que cálmate y déjanos pasar, Diesel.
El Dragón de Diesel arquea su largo cuello hacia abajo y olfatea ruidosamente el aire a mi alrededor. Gruñe como si no le impresionara lo que huele, y luego dirige su atención a Ellie.
—Si olfateas a mi compañera, te arrancaré la cabeza escamosa —gruño mientras extiendo los brazos y miro fijamente a Diesel.
Mi Dragón se debate dentro de mí, pero siento que puedo manejar esto como hombre.
Percibo que Diesel no es una amenaza para mi compañera.
No con Dorrie aquí. Y desde luego no conmigo aquí, pueda o no Cambiar a Dragón.
Diesel gira el cuello bruscamente y acerca su hocico humeante tanto que puedo sentir el calor en la cara. Pero ni siquiera me inmuto, y siento mi Sangre de Dragón fluir por mis venas mientras permanezco tranquilo, mientras protejo a mi compañera, listo para morir sin dudarlo si llega el caso.
Diesel y yo nos miramos fijamente a los ojos, y sé que no voy a retroceder. Puede que no pueda Cambiar, pero sigo siendo un Dragón. Lo sé. Lo siento. Lo soy.
—Hum —gruñe Diesel—. Está bien. Supongo que sí es un Dragón, después de todo. Un mestizo, pero de un linaje antiguo. Lo dejaré vivir. Por ahora.
Estoy a punto de saltar por el aire y aterrizar en el gran hocico de este lagarto, pero Dorrie se interpone entre nosotros y hace un gesto para que paremos.
—¡Basta! —grita, y veo al Dragón en ella también—.
¡Los dos! Ellie y yo somos amigas, lo que significa que vosotros dos vais a ser amigos, ¿de acuerdo?
—Ya veremos —refunfuña Diesel.
—Eso está por ver —murmuro.
—¿Qué hacéis aquí, de todos modos? —pregunta Diesel a Dorrie sin dejar de vigilarme.
—¿Qué haces tú aquí? —dice Dorrie—. ¿Dónde están los niños?
—Están con Arthur, Brogan y Crane —dice Diesel—. De viaje de pesca en el Mar Muerto.
—Sabes que no hay peces en el Mar Muerto —dice Dorrie con un suspiro—. Es demasiado salado.
Diesel se rasca la cabeza con una garra, luego suspira y vuelve a Cambiar a hombre.
—Bueno, entonces será una buena lección de vida para los niños —se ríe mientras se cubre rápidamente el cuerpo desnudo con una gruesa bata que hay sobre una roca.
Luego se acerca a su compañera, la atrae hacia sí y la besa con fuerza en los labios.
Miro a Eleanor mientras pienso en ese beso que compartimos.
¡Demonios, habríamos compartido mucho más de no ser por la interrupción!
Aun así, quizás sea mejor así. Probablemente sea bueno para Ellie ver a su vieja amiga de la universidad, Dorrie, ver a una mujer humana Cambiar a un poderoso Dragón Lunar que nos trajo volando a Sudamérica.
Durante el viaje, Dorrie le explicó a Ellie todo lo que podía esperar cuando su propio Dragón finalmente despertara.
Dorrie incluso le susurró algo a Ellie que claramente no era para mis oídos. Logré captar algunas palabras, y cuando vi lo sonrojada que se puso Ellie, sonreí para mis adentros y decidí que quizás los pequeños obstáculos del destino eran para bien.
Diesel y Dorrie siguen besándose como si acabaran de conocerse o algo así, y justo cuando estoy a punto de mirar a Ellie de nuevo, la siento acercarse a mí: sus caderas se aprietan contra mi cuerpo, su mano se desliza en la mía.
—¿Sabes lo que me dijo Dorrie de camino aquí? —susurra mientras le aprieto la mano y luego le rodeo la cintura con el brazo.
—Capté un par de palabras —digo, acercándome lo suficiente para oler su dulce aroma.
Aunque no demasiado. El autocontrol de un Dragón mestizo que necesita reclamar a la compañera que tiene en sus brazos tiene un límite.
Y si Diesel no deja de besar a su mujer, se acabó lo que se daba y me llevaré a Ellie ahora mismo, al diablo con quién nos vea.
Finalmente Dorrie se aparta, y Diesel se limpia la boca y nos sonríe. —Perdona por amenazar con matarte, colega —me dice—. Pero ya sabes cómo se pone un Dragón con su botín.
—Hablando de botín —dice Dorrie—. Sé un cielo y abre esa bóveda, ¿quieres, Diesel?
Diesel saca pecho y niega con la cabeza. —Ni hablar. Es mi botín. Lo robé en buena lid.
Me río y niego con la cabeza. Sé a qué se refiere. Un Dragón considera que todo botín es suyo por derecho. Robar no se considera inmoral ni injusto, y desde luego no ilegal. Es simplemente lo que hacen los Dragones.
Entre otras cosas, me digo mientras deslizo la mano por el costado de Ellie. La verga se me pone dura como una estaca en los pantalones, y tengo que apretar los dientes para no agarrarle el trasero.
Me da vueltas la cabeza mientras pienso en lo que Dorrie le había susurrado a Ellie.
Algo sobre cómo los Dragones machos se vuelven brutos y guarros, cómo tienen una necesidad ardiente de reclamar a sus compañeras con poder y dominación, de poseerlas por todos los agujeros, llenarlas una y otra vez con su semilla.
¡Al principio casi había intervenido para cortar la conversación!
No quería que Ellie se asustara de lo que pasaría cuando la tomara.
Pero entonces había visto la expresión en el rostro de Ellie.
No era miedo.
No estaba asustada.
Estaba lista.
Diesel y Dorrie vuelven a discutir sobre la bóveda, y simplemente me vuelvo hacia Ellie y la miro directamente a los ojos. Lo veo de inmediato, y sonrío y asiento.
Porque está lista de nuevo.
Más lista que nunca.
Esa interrupción inesperada aportó algo a nuestro cortejo.
Le dio tiempo a Ellie y también un atisbo de lo que será su vida.
Hablar con Dorrie la tranquilizó. Y luego ver a Dorrie y Diesel juntos la excitó, la hizo pensar en lo que estaba a punto de suceder en mi castillo, lo que tiene que suceder antes de que nuestra historia avance.
Miro la puerta de acero. El Diamante Rojo está detrás de esa puerta, y lleva siglos desaparecido de mi historia. Pertenece a mi familia, pero aún no estoy listo para reclamarlo.
Porque primero necesito reclamar a mi compañera.
Y convertirme en un Dragón Rojo como mi padre antes que yo.
Siento mis venas palpitar con el fuego de mi Dragón Rojo, agarro la mano de Ellie y la llevo hacia el otro lado de la montaña, donde había visto una cueva antes.
Echo un último vistazo a Dorrie y Diesel y sé que no van a terminar pronto.
Un Dragón acumulador como Diesel no va a dejar entrar a nadie en su bóveda, al menos no sin una seria disputa doméstica.
—Por aquí —le susurro a Ellie—. Ni siquiera notarán que nos hemos ido.
Ellie se ríe mientras tropieza detrás de mí, y en cuanto estamos fuera de vista me doy la vuelta y la levanto en brazos.
La beso en los labios y echo a correr hacia la cueva con mi compañera en brazos, su sabor en mi boca, su aroma en mi aliento.
Mi polla pugna por liberarse, y cuando llego a la cueva ya estoy resoplando humo de Dragón.
Estoy casi fuera de mí de deseo, pero la necesidad de proteger siempre va primero.
Así que dejo a Ellie cerca de la entrada de la cueva y me adentro audazmente en la oscuridad, rugiendo como un león que marca su territorio.
Oigo un susurro de movimiento en algún lugar entre las sombras, y cuando suelto otro rugido atronador, los pobres animales que viven aquí deciden que quizá deberían buscarse otra maldita cueva. Esta ahora es mía.
—¡Dios mío! —grita Ellie, que me clava los dedos en la espalda y se aprieta contra mí—. ¿Qué animales son esos?
—Inteligentes —gruño mientras pongo la mano en su muslo y el último de los habitantes de la cueva se dirige hacia la luz del día—. Saben que tendré hambre de carne cuando terminemos aquí.
—Dios mío, Dorrie tenía toda la razón —susurra Ellie mientras me doy la vuelta, la atraigo hacia mí y le agarro las nalgas con firmeza, una palma en cada mejilla, apretando tan fuerte que la levanto del suelo—.
Todos vosotros sois animales cuando llegáis a esto.
Lo vi ahí fuera cuando te enfrentaste al Dragón de Diesel aunque solo eras un hombre.
No retrocediste ni un milímetro, aunque podría haberte tragado entero sin siquiera darse cuenta.
—Oh, se habría dado cuenta cuando le arrancara las tripas desde dentro —gruño mientras le agarro el pelo con el puño y le huelo el cuello como el sucio animal que está despertando en mí.
Ellie intenta reír, pero solo le sale un gemido mientras deslizo una mano por detrás de sus vaqueros, meto los dedos dentro de su ropa interior y le separo las nalgas desnudas tanto que abre la boca instintivamente.
Le paso el pulgar por el ano mientras la beso con fuerza, y mientras se frota contra mí capto el aroma de su sexo en la oscuridad de nuestra cueva.
Su almizcle me lleva al límite, y ahora soy todo animal, todo Dragón, toda bestia.
Solo puedo pensar en su sabor, su olor, su tacto.
Quiero poseerla desde dentro, por cada entrada.
Quiero tomarla tan profundo que abra nuevo espacio dentro de ella.
Reclamarla tan fuerte que las paredes de la cueva tiemblen de tensión.
Verter tanta semilla en ella que las laderas de la montaña lloren en sincronía.