La Gracia ACTO PRIMERO
16%

ACTO PRIMERO

Noche cerrada sin luna. Estamos en el presente de esta historia.

Una intensa nevada, como hacía tiempo que no se veía en Madrid, cubre las calles de la capital.

El frío nocturno araña los pulmones y congela las falanges, pero la escritora Carmen Laforet, el corazón encendido, avanza decidida por la cuesta de la calle de las Huertas.

Al torcer a la derecha, le sobresalta la figura desorientada de un mendigo que parece buscar algo entre los montículos de nieve.

Ya a la altura de la calle Lope de Vega, observa satisfecha la enorme fachada del convento de las Trinitarias Descalzas.

En el vetusto Madrid de los Austrias se alza esta construcción del siglo XVII, un enorme edificio que se extiende entre tres calles donde monjas de clausura dedican su vida a Dios.

Esa noche esperaban a un grupo de mujeres que acudirían a realizar un retiro espiritual, pero el temporal las convenció de quedarse en sus casas. A todas, menos a una.

Frente al pórtico de tres puertas que protege los misterios del convento, Laforet está nerviosa y emocionada ante la nueva experiencia.

Protegida por un paraguas y con una maleta en la mano, avanza con dificultad horadando el manto de nieve que se acumula frente a la entrada.

Tras conseguir alcanzar una pequeña puerta situada a la derecha del pórtico, llama al timbre.

La recibe, en la oscuridad y tras una reja, sor Consuelo, la hermana tornera.

CARMEN ( Alzando la voz .) ¿Hola? Buenas noches, soy Carmen.

SOR CONSUELO: Sí, sí, ya estoy aquí, espere un momento, miña filla. Aquí está. ( Levanta un quinqué que ilumina el zaguán. Ahora se ven las caras .) Ave María Purísima.

CARMEN: Sin pecado concebida.

La hermana SOR CONSUELO luce unos ojos enormes, muy abiertos. Carrillos generosos y sonrosados como dos panes. Una fina línea negra en el arco de cupido. Sonrisa llena. Su acento gallego delata su orgullosa procedencia. Abre con una llave la reja que, unida al torno, separa el zaguán del convento.

SOR CONSUELO: Válgame el Santísimo, qué forma de nevar.

Aunque como decía mi avoa, que en gloria del Señor esté, “ano de neves, ano de bens”, así que seguro que tanta precipitación será para bien.

Creíamos que ya no vendría, con este temporal…

¿Es usted? ¿Es usted, verdad? ¿La famosa autora de folletines?

CARMEN ( Azorada .) Bueno, sí, supongo que soy yo. Aunque en realidad yo escribo /

SOR CONSUELO ( Mintiendo .) Aquí solo leemos vidas de santos y las Sagradas Escrituras, bueno, eso casi todas.

Pero tenerla en nuestra santa casa, siendo usted tan importante…

( Ufana, conduce a Carmen por un enorme pasillo oscuro y ancho que lleva a las celdas .) De seguro que querrá visitar nuestra biblioteca.

Se la enseñará sor Eneida, que es la encargada de los papeles.

Ella también escribe, es nuestra hermana más intelectual en un sentido clerical, usted me entenderá.

CARMEN: Sí, claro, hermana. La entiendo muy bien.

SOR CONSUELO: Pero tiene usted cara de nena, miña filla. No me la figuraba tan moza.

CARMEN: No se crea, hermana. Ya tengo 30 años, aunque me lo suelen decir, que tengo cara de niña. Es usted gallega, ¿verdad?

SOR CONSUELO ( Sonriendo .) Por los cuatro costados. De Coruña y muy honrada. Como las señoras De Castro y Pardo Bazán. Lo digo porque nos vienen muy a cuento por lo de que es usted autora como ellas.

CARMEN sonríe, pero no dice nada .

SOR CONSUELO: Mañana la recogerá en su celda Sor Sagrario.

Es la maestra de novicias y quien se encarga de las señoras que vienen de retiro.

Usted es la única de esta semana. Las demás dejaron dicho por teléfono que no vendrían.

La nieve las espantó. Por eso pensábamos que usted tampoco vendría. Y ya a estas horas…

CARMEN: Vaya, ya lo siento.

SOR CONSUELO: No, por Dios. Si yo lo digo como quien da una información. Usted ha llegado a la hora perfecta, después de las Completas. Ahora las hermanas ya están en sus celdas para su tiempo de descanso. Mañana a las 6, maitines, pero usted no se incorporará a los rezos hasta laudes, a las 7:30.

CARMEN: Está bien, hermana. Y ahora, ¿podría dar un pequeño paseo por el convento para hacerme una idea de su…

SOR CONSUELO ( Como hablándole a una niña .) No, por Dios, miña filla.

Estamos ya en las horas de recogimiento y de silencio mayor, nadie puede andar de peregrina.

No se preocupe, que a partir de mañana podrá ser usted todo lo andariega que quiera por el convento, en las horas habilitadas para ello, claro.

CARMEN ( Avergonzada .) Así lo haré, sor Consuelo. ( Por los nervios, tropieza con una de las baldosas y se le cae la maleta que se abre dejando al descubierto el cartón de tabaco que hay dentro. Nerviosa .) Lo he traído porque, porque me calma los nervios y creía que…

SOR CONSUELO ( Riéndose por lo bajo .) No se apure, muller. Podrá fumar en su celda, sin que la vea nadie. Si prohibiésemos todos los vicios mundanos, no podríamos hacer retiros espirituales.

CARMEN: Por Dios, se lo ruego, no se lo diga a nadie.

SOR CONSUELO ( Haciendo el gesto de ponerse una cremallera en la boca .) Yo me callo como una difunta.

Entran las dos en la celda.

CARMEN: Muchas gracias.

SOR CONSUELO: Le he dejado doble manta sobre la cama. Con este frío y el parte que nos espera… dice que tendremos ración de nieve para toda la semana.

CARMEN ( Aliviada .) Y hay un brasero.

SOR CONSUELO ( Sonriendo .) No mes de xaneiro, os pés no braseiro.

Eso decía mi avoa, que en la gloria del Señor esté.

Así podrá calentarse. El paseo que se ha dado hasta aquí bien se merece que pueda una templar los ánimos y los huesos.

( Se asoma a la ventana que da al interior del convento, al patio ajardinado.

Mira hacia arriba. Murmura para sí. ) Y eso que aún no ha llegado la Luna de Nieve.

( A CARMEN .) Y deje ya esos nervios, filla, que estará muy bien aquí, ya verá.

Arropada por Dios nuestro Señor ( Señala el crucifijo situado frente al catre.

) y por las hermanas trinitarias. Además, en las entrañas de esta santa casa yacen los restos del más y mejor escritor de las letras castellanas, don Miguel de Cervantes Saavedra. Y eso debería alegrarla.

CARMEN: Es realmente emocionante, sí.

SOR CONSUELO: Muy bien, ahora procure descansar y mañana un poco antes de las 7:30 esté preparada para laudes. Después, sor Sagrario se encargará de usted. Buenas noches, miña filla.

CARMEN: Buenas noches, hermana y muchas gracias por todo.

SOR CONSUELO sale de la celda y se aleja por la izquierda.

CARMEN se dispone a cerrar la puerta, pero sale un momento para contemplar los enormes pasillos de piedra que la cobijan.

Le agrada pensar que afuera nieva copiosamente.

A la derecha, cree ver una luz al fondo del pasillo, hacia la esquina que da a la biblioteca.

Vuelve a mirar para comprobar si hay alguien, pero no puede ver nada más que sombras y silencio.

De vuelta en su celda, coloca sus escasas pertenencias y se acuesta.

No cree que la emoción la deje dormir, pero se obliga a cerrar los ojos.

Oscuro.