La fruta amarga (Crímenes de Cornualles 3) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

Eden se sentó mirando cómo los limpiaparabrisas se movían de un lado a otro hasta que despejaron un pequeño cuadrado lo bastante grande como para que pudiera ver y conducir.

Apenas había salido del aparcamiento cuando sonó su teléfono.

Una vez que se aseguró de que nadie la seguía, se detuvo.

Su padre le había dejado un mensaje de voz.

—Hola, cariño, soy papá. Necesito hablar contigo sobre Thea. Sé que probablemente estás ocupada, pero tienes que llamarme en cuanto puedas… no al fijo… al móvil. No quiero que mamá se entere de esto.

Lo llamó de vuelta y él contestó de inmediato.

—¿Está todo bien, papá?

—Es sobre tu hermana. Después de que hablamos, intenté localizarla.

Llamé a su móvil y le dejé un mensaje, pero no me respondió.

Volví a llamar varias veces, sin suerte.

Al final, llamé a la galería donde trabaja y hablé con el dueño, ese tal Leon con el que ha estado viviendo, y me dijo que no la había visto en más de quince días; que se había ido a Escocia con un escultor marroquí que él ha estado exponiendo.

—¿Y qué pasa con Flora?

—La dejó con él, pero no pudo con la situación, entre el trabajo y tener que viajar al extranjero para ver a clientes, así que una de sus empleadas la acogió; una joven a la que él le está pagando para asegurarse de que Flora vaya al colegio y todo eso. Se sintió aliviado de que lo llamara.

—Seguro que sí. ¿Por qué no nos llamó él?

—Thea le dijo que no dijera nada por si llegaba a oídos de Luke, y él estuvo de acuerdo durante un par de días, pero ya van dos semanas, ella no le contesta las llamadas y él está harto.

No quiere meterla en problemas con las autoridades, pero está molesto por ese otro tipo y, seamos sinceros, Flora no es su responsabilidad.

De todas las cosas egoístas e imprudentes que había hecho su hermana, esta estaba entre las peores.

—¿Qué sugieres que hagamos? —preguntó su padre, sonando desesperado.

—Decírselo a Luke, por supuesto. Tiene derecho a saber que su única hija ha sido dejada con unos desconocidos mientras Thea se ha largado con otro hombre más que ha aparecido en su vida y que, sin duda, desaparecerá en cuanto se canse de sus tonterías.

—¿Pero no afectará eso la custodia? ¿No perderá el derecho a quedarse con Flora?

—Sí… lo perderá, y se lo merece. Puede sabotear su propia vida todo lo que quiera, pero no la de Flora; no tiene derecho a hacer eso.

—¿Pero y si no está tomando la medicación? ¿Y si eso es lo que ha provocado todo esto?

—¿Y de quién es la culpa? Lo único que tiene que hacer es tomarse las pastillas, pero no… echa de menos los extremos, la montaña rusa; cree que las pastillas encadenan su talento. Pues que se joda su talento.

Su padre guardó silencio al otro lado del teléfono y ella se sintió culpable de inmediato. Al fin y al cabo, no era culpa suya.

—Lo siento, papá, pero ya no es una adolescente. Tiene que entender que las acciones tienen consecuencias, y no solo para ella.

—Lo sé… lo sé —admitió su padre con cansancio—. ¿Puedo dejar que tú se lo digas a Luke? Te mandaré por mensaje el número y la dirección de la chica con la que se está quedando Flora, y seguiré intentando localizar a tu hermana.

—Esta bien, pero creo que deberías decírselo a mamá, es más fuerte de lo que crees.

—Está bien, lo intentaré.

Terminó la llamada y se dirigió a la granja mientras se preguntaba cuál sería la mejor forma de darle la noticia a Luke de que su hija había sido dejada con una desconocida.

Al acercarse, se alegró de ver que había tenido el buen juicio de colocar un coche al final del camino.

El agente la dejó pasar con un gesto, y el estómago se le encogió al ver el coche de Luke en el patio.

Él estaba saliendo justo cuando ella llegaba, y casi perdió el valor; temía que él descargara su ira con la mensajera.

—¿Puedo hablar contigo un momento a solas?

—No puedo hablar más del caso —dijo él demasiado rápido—. Hoy ayudé a Rowan por todo ese alboroto frente al tribunal, pero ya ha sido acusada y la investigación sigue en curso.

—Lo sé, y te lo agradezco —respondió Eden—, pero no se trata del caso; es algo personal.

Luke se sonrojó y Eden se preguntó si habría pensado que ella iba a mencionar el mensaje que él le había dejado en el contestador.

—Ya veo.

—Iba a llamarte más tarde, pero ya que está aquí... (mejor soltarlo de una vez), —es sobre Thea.

—Tengo que ir a buscar a Flora —dijo él cuando ella terminó de contarle la historia.

—Si estás de servicio yo podría ir —ofreció Eden, avergonzada de que su hermana lo hubiera puesto en esa situación.

—No, dame la dirección. Flora necesita saber que al menos uno de sus padres está allí para ella.

Ella no discutió. Entonces, recordando de pronto el allanamiento;

—Luke, ¿alguien de tu equipo registró la casa la noche del incendio?

—No, asumimos que fue un accidente. Sacamos a todos de la casa lo antes posible. Supongo que los bomberos pudieron haber entrado para comprobar que el fuego no se hubiera propagado, pero no, habríamos necesitado una orden para registrar.

—Eso pensé.

—¿Por qué?

—Oh, nada —respondió ella, segura de que decía la verdad—. Y Luke, buena suerte.

Carmen corrió hacia ella con los brazos extendidos para darle un gran abrazo.

—Gracias... muchísimas gracias por traer a Rowan de vuelta a casa.

—Aquí es donde empieza el trabajo, ¿entiendes? Está en casa, pero bajo estrictas restricciones.

—Sí, el inspector Parish nos lo explicó todo. Me aseguraré de que cumpla las normas. Puede estar segura de ello.

Eden miró a Rowan al otro lado, aliviada al ver que tenía más color que antes en el tribunal, cuando por un momento pensó que podría desmayarse.

—La buena noticia es que ahora sé que no todo el mundo en la fiscalía está conforme con el cargo de homicidio imprudente. Si seguimos presionando, tengo toda la esperanza de que logremos que cambien de opinión.

Rowan bostezó; sus ojos se elevaron hacia el techo con vigas de madera. Eden sintió ese ya familiar pinchazo de frustración que empezaba a esperar en sus conversaciones con la chica.

—Estás cansada, no creo que hayas dormido bien anoche, ¿verdad? Te veré mañana. Solo quería asegurarme de que entendieras las condiciones de la fianza. Si estás segura de que sí, te dejo tranquila.

Carmen la siguió al vestíbulo.

—He quedado con Morvah mañana por la mañana para hablar, pero estoy segura de que no le contó a nadie lo del libro.

Eden sabía exactamente de qué quería hablar Morvah.

—Pensaba que Rowan podría haberle contado a alguien.

—¿Ah, sí? ¿A quién? —Eden se aferró a cualquier información que pudiera darle una idea de la vida de su reservada clienta.

—No lo sabía, pensaba que yo debería preguntárselo.

—Bueno, sabemos que no fue a la policía; Luke lo confirmó hace un momento. Creo que tu hermana tiene razón. Deberías preguntarle. Alguien tiene información privilegiada sobre esto y, si le crees a Morvah y sabes que no se lo has contado a nadie, solo hay una persona que podría haberlo hecho.

—No voy a decir nada esta noche. Estoy tan feliz de tenerla en casa, no puedo soportar arruinarlo.

—Te dejo decidir cuándo es el momento adecuado, pero ten en cuenta que ahora mismo no tenemos ni idea de con quién tiene confianza Rowan; a quién le cuenta sus cosas.

Si le habló a alguien sobre el libro lo hizo por una razón, y podemos estar seguros de que tenía una relación muy cercana con esa persona.

Si es así, puede que también le haya confiado otra cosa, algo que no nos está diciendo a ninguna de las dos.