Capítulo 9 #2
—Solo estaba pensando si eres gay y me utilizas de adorno para ocultárselo a la gente.
Ander empieza a reír como si acabara de escuchar el chiste más gracioso de su vida.
—También puedo pagarte por contar chistes.
—Será un extra. Te lo agradeceré. —¿Por qué estoy siendo tan abierta con este hombre que antes me provocaba tanta incomodidad?
—Mil dólares por cada chiste que cuentes, pero tengo que reírme.
—Empieza a ponerse serio—. Sobre tu pregunta, no tengo cabeza para ir por ahí conociendo mujeres.
Me atraes y tú necesitas dinero; he unido las dos cosas.
No juzgo a nadie, esa es la verdad. No juzgo a las mujeres del club ni a ti.
Solo soy práctico. Si no me interesaras, jamás habrías entrado en el club.
Lo hiciste fatal. Pero me interesas y te ayudo.
¿Sería más loable que te ayudara de otra forma?
Sí, pero no quiero... —mira mi cara y después mis piernas—. Por ahora, no.
—Yo no pedí ayuda. Solo pedí una prueba para entrar en el club.
—Eso es lo que tú crees. La mirada que me lanzabas mientras bailabas decía «ayúdame, por favor». Te deseo de la hostia, pero prefiero ir despacio.
¡Ander me desea!
No me ha preguntado si yo lo deseo a él.
—Y tú me deseas a mí, Daniele.
¡Ya estamos!
—Prefiero no saber nada de tu vida, al menos por ahora.
—¿Por qué no quieres saber nada si ya has mandado investigar mi vida? —pregunto, porque no tiene sentido.
—Es algo muy personal. —Lo dice de una manera muy extraña, aún más cuando aprieta el volante con fuerza—. Solo sé que estás soltera, porque esa información sí la necesitaba de verdad.
Hay un proxeneta interesado en mí y yo no sé nada de él. Y, aun así, ¡estoy hablando con este tipo con total normalidad!
—Hoy voy a ganar un buen dinero. —Señala hacia delante. Miro el lugar y veo una cola enorme en la puerta.
¿Qué hará Ander con su vida aparte de esto? Algo me dice que hay algo más que ser proxeneta.
El club en el que trabajo me parece muy moderno, elegante, diferente a todo lo que he visto, pero este que tengo delante es todavía más sofisticado. Bueno, no tiene esa aura de elegancia, pero es muy moderno y exclusivo. Ya desde la entrada se nota la magnitud del local.
La prostitución es ilegal, así que Ander debe de blanquear el dinero en alguna parte. ¿Será simplemente dueño de clubes nocturnos? ¿O habrá algo más?
De repente empiezo a interesarme por su vida, no por el dinero, sino porque parece muy enigmático.
Puede tener a varias mujeres, pero paga por mi compañía.
Podría haberme echado, pero sintió pena por mí.
Por otra parte, no quiere saber nada de mi vida por ahora.
Quiere tener algo conmigo, pero no quiere repetir algo del pasado.
Dice que no juzga a las personas, pero habló de ello de una forma muy sentimental...
No consigo entenderlo.
Ander es irónico, egocéntrico y hace una broma aquí y otra allá que casi parecen burlas. Al mismo tiempo puede ser serio, como si utilizara todo eso para esconder algún sentimiento...
¿Algún sentimiento relacionado conmigo? No. ¡Apenas nos conocemos!
Salimos del coche. Ander rechazó al aparcacoches y vino hasta el parking. Camino a su lado y él posa una mano en mi espalda para guiarme. En cuanto me toca, doy un paso hacia delante y empieza a reír.
—Tu ex era un completo inútil. Si lo conociera, le partiría la cara solo por el pésimo trabajo que hizo contigo.
—¿Qué? —lo miro.
—Lo que has oído. Estás muy perdida con todo.
Si te hago un cumplido, parece que vas a explotar de vergüenza.
Si soy directo y te digo que te deseo, parece que quieres meter la cabeza en un agujero.
Si te toco, te asustas. Te comportas como una cría, como alguien que nunca llegó a pasar por la etapa de tener pareja.
—Frunce el ceño—. Es raro, mono, pero raro.
—Es simplemente mi manera de ser.
—¿Cómo te criaron? ¿Solo has tenido un novio? ¿Nunca te has divertido? ¿Te criaron encerrada en casa? —está siendo irónico. Otra vez Ander se está burlando de mí—. Hay algo en ti que no encaja con una vida normal. Entiendo que seas tímida, pero eres muy retraída respecto a...
—Mi madre es una religiosa extremista que me crió a base de enseñanzas bíblicas.
Después empezó a decir que todo era pecado, incluso besar a alguien antes de ser novios o casarse.
Me crié en un colegio de monjas y mi primer y único novio era un imbécil infiel y maltratador.
Así que no, no pasé por las etapas normales de la vida y he acabado precisamente con un hombre demasiado directo al hablar, un proxeneta que me desea pero no quiere saber nada de mi vida.
Siente pena por mí, pero al mismo tiempo ni siquiera se molesta en preguntar si estoy bien.
Se burla de mí y después se pone serio. Me confundes y me irritas.
Ahora me acorralas con preguntas personales cuando has dicho que no te importa. ¿Podemos entrar?
Lo he asustado, pero yo también estoy asustada. ¿De dónde ha salido todo eso?
Ah, claro. Ahora mismo estoy enfadada con todo, incluido él por estar burlándose de mí.
Por mucho que necesite este dinero, estoy odiando que Ander se burle de mí, de mi vida y de mi forma de ser, cuando ni siquiera pregunta por qué estoy aquí pasando por todo esto.
—No sé por qué te he contado todo eso...
—Ahora entiendo un poco tu vida —me interrumpe—.
No quiero saber demasiado de ti porque, a pesar de todo, en el fondo tengo cierta compasión.
En el pasado conocí a una persona como tú.
Como ya te he dicho, no juzgo a nadie, pero por dejarme conmover ya me jodí de lo lindo una vez. No quiero repetir ese error.
—¡Yo no quiero nada contigo! Eres tú quien trata esta situación como si pudiera convertirse en algo más. No va a pasar, te lo garantizo.
—Me miras de una forma distinta. Al mismo tiempo que pides ayuda, parece que quieres besarme. Puede que tú no lo entiendas, pero si te paras a pensarlo verás que es verdad, y no estoy siendo egocéntrico al decirlo.
—¡No quiero implicarme con nadie! Eres tú quien está tratando esto como algo más. Tuviste alguna decepción amorosa y parece que te recuerdo a esa persona, por eso estás tan confundido. —Respiro hondo—. Solo quiero mantener a mi hijo, nada más.
—¿Tienes un hijo? —asiento—. ¿Te quedaste embarazada de tu novio maltratador?
¡Está muy enfadado!
—Ander, en serio, ¡para mí ya es suficiente! No he entendido nada de esta noche, esta compañía, tus preguntas y tus frases confusas. Quiero irme. ¡Ya he tenido bastante!
—¡Espera! —me agarra del brazo cuando me doy la vuelta para marcharme—. Solo has estado con un hombre, has dicho que era maltratador. ¿Es el padre de tu hijo?
—Puedo quedarme aquí, pero escucha bien.
—Lo miro—. No hablaré de mi vida porque tú has dicho que no quieres saber nada.
No estoy aquí para hablar de mi hijo, solo para conseguir mi dinero.
¡No te quiero a ti! Solo quiero dinero para liberar a mi hijo de la vida de mierda que yo tuve, ¿vale? —Aparto sus manos de mí—. ¡Solo eso!