Capítulo 60
Conversamos sobre cosas triviales durante el trayecto, después de salir del aeropuerto.
Sé que siempre quise venir a Turquía. Recuerdo a mi padre hablándome sobre el café turco y sobre lo fascinante que era el país.
Miro el paisaje, absolutamente encantada, y cada vez que le hago una pregunta a Zehab sobre su cultura, responde con conocimiento, sin disimular el amor que siente por su país ni lo orgulloso que está de sus orígenes.
Sin embargo, cuando el auto finalmente se detiene en el terreno de una propiedad, lo miro, sorprendida.
Recuerdo el apartamento de Londres y lo lujoso que era. El avión también es algo de otro mundo, una de esas cosas que solo vemos en las revistas de jeques árabes, pero ¿esto?
Aprieto las manos y miro mi regazo, intentando disimular lo cohibida que me siento, al mismo tiempo que calculo cuántas casas como la mía cabrían en este resort.
Sí, porque a una propiedad de este tamaño no se la puede llamar simplemente “casa”.
—¿Qué pasa?
—¿Vives aquí? —pregunto, cuando me toma de la barbilla y me hace mirarlo.
—Todavía no. Espero que esta sea nuestra casa.
—¿Qué dijiste?
Vuelvo a mirar por la ventanilla, donde la mansión de dos pisos está rodeada de árboles altos y jardines perfectamente cuidados.
Parece algo sacado directamente de una película.
—Me escuchaste, Charlie. Quiero que vengas a vivir aquí conmigo. Este lugar no tiene ningún sentido sin ti.
—¿Por qué me trajiste realmente a Turquía, Zehab?
—Ya te dije la razón. Te quiero cerca y también quiero que descanses para que puedas recuperarte.
—¿Y qué hay de tu familia? ¿Qué van a pensar de esto? ¡Oh! ¿Los conozco? Porque no recuerdo nada que tenga relación contigo.
Algo parecido a una contracción dolorosa aparece cerca de sus ojos, pero desaparece rápido. Enseguida lo disimula. Aun así, me siento culpable. No tuve intención de lastimarlo.
—Todos saben de nosotros, pero tú no los conoces. Mi madre te invitó a cenar en su casa pasado mañana.
Me siento abrumada, es demasiado para asimilar.
—Está bien —respondo, porque no encuentro nada más que decir, y vuelvo a mirar la enorme casa.
Conocer a su familia. Venir a vivir aquí.
Es demasiado. Todo parece “demasiado”.
Sé que lo amo y quiero estar con él, pero no consigo lidiar con tantas novedades de una sola vez.
—¿Charlie?
—Háblame de la casa. —Me obligo a sonreír.
—Después. Ahora dime qué estás pensando.
—Da miedo no recordar lo nuestro y verte haciendo tantos planes. Sé que te amo. —Tomo su mano y la beso—. Lo sentí con todo mi corazón en el momento en que hicimos el amor por primera vez, pero ¿podemos ir más despacio?
—No quería asustarte.
—No me asustaste, es solo que no llevo bien las novedades. ¿Dijiste que compraste esta casa?
—Sí. Ayer. Es tuya. No necesitas invitarme a vivir en ella. La propiedad está a tu nombre.
—No deberías haber hecho eso.
—¿Por qué no, si quiero que te quedes en Turquía?
A pesar de los nervios, me río de su descaro.
—Pensaré si te invito a quedarte conmigo.
El chofer que vino a buscarnos ya salió del coche, pero, aun así, me muero de vergüenza cuando dice:
—No voy a jugar limpio, voy a hacer que vuelvas a volverte adicta a mi cuerpo. No conseguirás dormir sin que te haga llegar al orgasmo.
—Muy romántico.
—Lo soy contigo. Pero no siempre —me sujeta por el cuello y mordisquea mi oreja—, porque tú, pelirroja, eres traviesa y te gusta que te follen duro. Pides más.
Me falta el aire y mi cuerpo comienza a arder al instante.
Me besa, sale del coche y abre la puerta para mí. Me atrae hacia sus brazos.
—Comprar una casa es algo definitivo. ¿Y si nunca llegara a recordarte?
—Volvería a conquistarte. O moriría intentándolo, hasta que volvieras a entregarme tu corazón, Charlie. No tenía un plan B, aparte de amarte para siempre.
Zehab
Me habría quedado encerrado en casa con ella para siempre, porque no quiero compartirla con nadie.
Tenerla otra vez entre mis brazos, en mi cama, en mi vida (aunque solo una parte de ella me recuerde) me convirtió en un hombre primitivo, todavía más posesivo y celoso que antes.
Pero, basándome en lo que me dijo, que se sintió abrumada por la casa, por venir a Turquía, por conocer a mi familia, sabía que necesitaba bajar el ritmo, así que la traje a cenar fuera.
Charlie necesita ver a otras personas además de mí, aunque, por ahora, pienso protegerla de la prensa. Si la ven conmigo, investigarán su vida y descubrirán nuestro matrimonio secreto en Las Vegas.
El restaurante pertenece a mi cuñada, Kadri. Un restaurante con tres estrellas Michelin que compite directamente con el de mi hermano Qasim, que además resulta ser su marido.
No hay paparazzi en la entrada porque solo una parte muy selecta de la alta sociedad europea consigue una reserva aquí.
Aun así, entré rápidamente con mi mujer para no correr ningún riesgo.
También pedí que ninguno de mis hermanos apareciera porque prefiero que Charlie los conozca a todos juntos en la cena en casa de mi madre, pasado mañana. Creo que vivir estas experiencias de a poco la dejará todavía más ansiosa.
—Gracias por orientarme sobre qué ropa ponerme —dice cuando aparto la silla para que se siente. Charlie mira alrededor—. Habría desentonado muchísimo si hubiera elegido yo sola.
—Estás hermosa. Eres la mujer más bonita de aquí, pero el vestidor está lleno de ropa que mandé comprar para ti.
—No puedo decirte si me gusta o no. No conseguí llegar al vestidor. —Me provoca porque, en cuanto entramos en nuestra suite, la arrastré a la cama y por poco no llegamos tarde a la cena.
—Eres irresistible para mí.
—¿Nos enamoramos a primera vista?
—Yo sí.
Me dedica una sonrisa incómoda y sé que es porque no puede afirmar ni negar lo mismo.
—Este lugar es hermoso —dice—. ¿Voy a conocer a tu cuñada, la dueña, en la cena en casa de tu madre?
—Sí. A toda la familia, en realidad. Pero no quiero hablar de eso. Hay algo más que estoy planeando.
—¿Tú y los planes? ¿En serio? Jamás se me habría ocurrido.
—Descarada.
—¿Porque creo que te encanta planear?
—Porque quizá tu inconsciente recuerde eso.
—O quizá sea una deducción lógica, ya que moviste cielo y tierra para traerme a Turquía. —Sonríe, sujetando mi mano sobre la mesa.
Atraigo la suya hacia mí y beso sus dedos. El lugar donde debería estar la alianza todavía está vacío, y eso es un recordatorio de que aún no somos definitivos. Tenemos un largo camino por delante.
—¿De qué planes estabas hablando? —pregunta, después de que el maître viene a saludarnos y nos habla sobre los platos especiales del día.
Nos decidimos por el menú degustación, con el que podremos probar un poco de todo, pero, antes de que pueda contarle mis planes de viajar con ella, el sommelier viene a ofrecernos vino para acompañar la comida y yo rechazo la propuesta.
Charlie está embarazada, aunque todavía no lo sepa. No puede beber alcohol.
—¿No bebes? —me pregunta, sonando confundida.
—Hoy no. Mantengámonos sobrios y prestémonos atención el uno al otro.
Ella asiente con la cabeza, sonriendo.
—No me gusta mucho el alcohol. Bebo vino y cerveza de vez en cuando, pero podría pasar el resto de mi vida sin ellos. Buffalo tiene cervezas excelentes. ¿Ya estuvimos juntos en mi ciudad?
—Sí.
—¿En mi casa?
—También. Pero sabes que no puedo seguir respondiendo tus preguntas, amor.
—Está bien. Vuelve a hablarme de tus planes.
—Vamos a pasar un tiempo viajando, conociendo mi país.
—¿Un viaje?
—Sí, un recorrido para que conozcas todo sobre mis orígenes. Varias ciudades. Un mes fuera. Quiero mostrarte mi mundo. No tuvimos tiempo de hacerlo antes.
Sonríe y sus ojos brillan.
—¿Adónde iríamos si aceptara?
—Preparé un pequeño itinerario, podríamos terminar en Capadocia, con un paseo en globo.
—¡Dios mío, parece un sueño! Acepto, si hablas en serio.
—Hablo en serio.
—Entonces me pondré en tus manos. Confío en ti.
Sus palabras me golpean directamente en el corazón.
La culpa me corta como una cuchilla fría, desgarrándome por dentro.
La verdad sigue oculta y, aunque sea para protegerla y siguiendo lo que los médicos me recomendaron, todavía la estoy engañando por omisión.
Confío en ti.
No merecí su confianza en el pasado. Dudé de su palabra.
Y, aun sin memoria, creyendo únicamente en lo que le dije y en la comunicación perfecta de nuestros cuerpos, Charlie vuelve a ponerse en mis manos.
No voy a desperdiciar esta nueva oportunidad.
—Te amo, mujer. —Le entrego lo único que puedo y, como el ángel inocente que es, Charlie me sonríe y me devuelve la declaración.