Capítulo 47
Siempre tengo la sensación de que Londres no le da la bienvenida a nadie.
La ciudad me recibió con su habitual cielo nublado y un viento desagradable, pero la perspectiva de estar con mi esposa dentro de unos minutos disminuye mi irritación por tener que encontrarnos aquí.
Estoy impaciente por llevarla a Estambul para que conozca a mi familia.
Todos mis hermanos ya saben del matrimonio, pero decidí que se lo comunicaré personalmente a mi madre.
En realidad, debería haberlo hecho esta noche, porque no tenía pensado venir aquí hoy, sino dentro de tres días, pero no quise posponer la aclaración de la historia que la venenosa Andrya Smith está intentando meterme en la cabeza.
Estoy seguro de que no son más que mentiras malintencionadas.
Bajo del taxi que me trajo desde el aeropuerto. Con la prisa por venir a encontrarme con ella, no tuve tiempo de contratar un chofer ni un guardaespaldas. Estoy ansioso por verla y aclarar esta historia de una vez por todas.
“Pregúntale a tu esposa qué te está ocultando. Cuando sepas la verdad, nunca más querrás volver a mirarla a la cara”.
¡Hija de puta! No me extraña que Charlie la deteste. ¿La mujer nunca cruzó una palabra conmigo y, cuando se pone en contacto, lo hace para sembrar calumnias contra su propia hermana?
Entro en el vestíbulo, molesto porque mi mujer esté hospedada aquí.
El hotel en el que se encuentra no ganaría ningún premio en materia de seguridad. Solo necesito presentarme como su marido para que no solo me autoricen a subir, sino que además me entreguen una tarjeta llave.
Voy camino al ascensor cuando recuerdo volver a encender el celular, que había apagado durante el vuelo para que, si ella me llamaba, no escuchara el ruido de las turbinas del avión y sospechara que venía a encontrarme con ella, porque quería sorprenderla.
En cuanto se enciende la pantalla, comienzan a aparecer varios mensajes.
El primero es de mi esposa.
Charlie: “Solo quería darte las buenas noches. Voy a acostarme temprano, así que, por favor, no intentes llamarme. Estoy agotada. Hablamos por la mañana”.
Releo las palabras varias veces, terriblemente confundido, porque esa actitud no es propia de ella. No importa lo largos que sean sus vuelos, siempre quiere hablar conmigo antes de dormir. Es una especie de ritual entre nosotros.
El segundo mensaje es un enigma.
El número del remitente está oculto, pero dice que proviene de alguien que se identifica como “un amigo” y que tendré que negociar con él o con ella, ya que no tengo forma de saber a qué género pertenece, si quiero mantener intacto el nombre de mi familia.
¿Andrya envió esto? Y, en ese caso, ¿por qué esta vez no se identificó?
Rápidamente me doy cuenta de que tendré que recurrir a mis abogados. No negocio con chantajistas, sin importar cuál sea el motivo.
El tercer mensaje hace que deje de caminar porque lleva un video adjunto. Es de la cabina de un avión y, a pesar del ruido infernal, consigo escuchar el diálogo, aunque las voces son difíciles de identificar.
Pero todo eso pierde importancia cuando, al minuto siguiente, la escena cambia a una mujer pelirroja practicándole sexo oral a un piloto. No se puede ver el rostro del hombre ni el de ella, pero no soy estúpido y puedo imaginar lo que está sucediendo.
Después comienzan a hablar, el hombre dándole órdenes para que le dé placer y ella diciendo que tiene que ser la última vez porque ahora es una mujer casada.
Se me contrae el estómago y siento como si una puñalada me atravesara cuando él la llama Charlie.
Un montaje. Es lo primero que me viene a la cabeza. Después hay otro mensaje de texto con instrucciones para que veinte millones de euros sean transferidos a una cuenta en un paraíso fiscal dentro de aproximadamente una hora, lo que significa que el plazo ya venció.
Quienquiera que haya enviado esto no tenía idea de dónde me encontraba ni de que no tenía acceso al teléfono porque estaba apagado.
No hay ningún nombre, solo un número, y sé que normalmente esas cuentas bancarias en paraísos fiscales se utilizan para lavar dinero.
No pierdo tiempo, sabiendo con quién tengo que ponerme en contacto.
Odin Lykaios, el hombre al que recurrimos cuando hay que esclarecer cualquier asunto relacionado con tecnología. No importa si se trata de algo profesional o personal, siempre está dispuesto a ayudarnos. Dejó de ser un amigo para convertirse prácticamente en parte de la familia.
Hace poco descubrí que él e Irfan, mi primo, son como hermanos.
Una enorme coincidencia, claro.
Son las nueve y media de la noche en Londres, lo que significa que son aproximadamente las cuatro y media de la tarde en Nueva York, donde vive. Solo espero que esté allí para que pueda ayudarme e impedir que el hijo de puta que me envió el video haga algún movimiento para perjudicar a mi mujer.
Obviamente, todo esto es una mentira, y voy a matar al desgraciado con mis propias manos cuando lo encuentre.
El teléfono suena al menos media docena de veces antes de que conteste.
—¿Zehab?
—Sí. ¿Llamé en mal momento?
—Nunca es un mal momento para un amigo, pero sé que, si llamaste, debe ser porque me necesitas.
Tardo unos cinco minutos en explicarle lo que acaba de suceder.
—¿Nadie sabe que estás casado?
—No, aparte de mis hermanos y las dos hermanas de ella.
También le cuento sobre Andrya y sobre los mensajes anteriores que recibí.
—Sabes que no voy a detenerme hasta descubrir la verdad, Zehab. No importa lo desagradable que sea.
—Eso espero. Estoy seguro de que la mujer del video no es mi esposa.
—Envíame todo, incluidos los mensajes anónimos y también los de su hermana. O, mejor aún, voy a hackear tu teléfono. Así podré averiguar de dónde pudieron salir todos los mensajes y los archivos. Imagino que esto es urgente.
Si cualquier otra persona me dijera que va a hackear mi teléfono personal, incluso para ayudarme, la mandaría al infierno, pero confío completamente en Odin.
—Sí, lo necesito lo antes posible. No voy a pagarle nada al maldito chantajista o a la maldita chantajista, pero no quiero correr el riesgo de que mi mujer quede expuesta.
—Me pondré en contacto contigo en cuanto tenga alguna pista o las respuestas. Mantén el celular encendido. Pronto sabremos quién está intentando chantajearte. Hablaré contigo en breve.
Cuelgo, pero no llego a guardar el teléfono en el bolsillo porque noto que hay otro mensaje, de hace aproximadamente media hora.
“Por lo visto, no le diste crédito a mi video. Quizá necesites un incentivo más. Abre el siguiente archivo y descubre qué hacía tu querida esposita en Londres mientras tú trabajabas para mantenerla”.
Hago lo que me indicaron y lo que veo hace que casi parta el teléfono por la mitad de tanto que lo aprieto.
Por mi cabeza pasa un torbellino de momentos, palabras y promesas de amor de ella.
Cualquier duda que hubiera respecto al video desaparece con esta imagen.
Ellos no saben que estoy en Londres.
¿Cómo pudo hacernos esto? ¿Cambiar lo que tenemos por esta mierda?
Quiero dar media vuelta y decirme a mí mismo que todo no es más que una mentira, pero sigo caminando hacia el ascensor porque nunca huí de nada en mi vida y no voy a empezar ahora, aunque sepa que mi mundo y todos los planes que hice, si esto realmente es verdad, están acabados.