La Esposa Rechazada por ele Magnate (Multimillonarios Turcos nº 5) Capítulo 44
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Capítulo 44

—Me vuelves loco, mujer.

Mis ojos siguen el rastro dulce extendido entre sus senos y sobre los pezones. En el ombligo y en la parte delantera de los muslos.

Charlie se da vuelta y veo que también tiene cobertura sobre las nalgas.

Ella es mi perdición. Todavía inexperta, pero provocadora y atrevida.

Cuando vuelve a mirarme, toma un poco de crema de su ombligo y me la ofrece.

—Pensé que podíamos pasar directamente al postre —dice.

Me acerco despacio porque no quiero lanzarme sobre ella como un bárbaro, aunque resulta difícil controlar mi excitación.

—¿Tienes idea de lo que acabas de hacerme, Charlie?

—No del todo, pero quiero que me lo muestres, marido.

Suelta un gritito cuando la tomo en brazos, empujo todo lo que había sobre la mesa, haciendo que la vajilla se estrelle contra el suelo, y la recuesto sobre ella.

Apoyo las manos en la estructura de madera y observo a mi mujer, lista para ser devorada. Pero, aunque su delicioso cuerpo desnudo me roba por completo la capacidad de pensar con claridad, son su precioso rostro y sus ojos clavados en mí los que más me cautivan.

Charlie es el final de mi camino, la mujer a la que adoraré hasta mi último día en este planeta de locos.

No existe una sola palabra capaz de explicar lo que siento por ella.

Acerco los labios a su piel y paso la lengua justo por el lugar donde comienza la cobertura, entre sus senos.

El sabor dulce no es nada comparado con el placer de probar su piel de seda.

Jadea. Se arquea sobre la mesa.

Mis manos recorren sus piernas mientras mi boca sigue el rastro de la cobertura, saboreando cada parte cubierta de dulce.

La siento estremecerse cuando atrapo un pezón entre mis labios.

Succiono todo el dulce de uno y después del otro y, cuando bajo el rostro y me introduzco entre sus piernas, lamiendo sus muslos y su vulva, succionando su clítoris, Charlie grita mi nombre y me jura su amor.

—Quería ir más despacio. Es nuestra primera noche como marido y mujer, pero eres irresistible para mí.

Una de mis manos traza un camino desde sus caderas hasta su estrecha cintura.

El deseo ruge dentro de mí como un monstruo que exige ser liberado.

Su respiración es entrecortada y la mirada de Charlie me hace promesas de placer.

La hago correrse, succionando su clítoris y metiendo dos dedos en la vagina que me pertenece. Vuelvo a subir por su cuerpo, beso su boca, pero mis dedos siguen dentro de ella.

Suspira contra mis labios cuando aumento la velocidad con la que la penetro.

Bombeo los dedos para dilatarla porque estoy tan fuera de control que tengo miedo de lastimarla si la tomo con demasiada brusquedad.

El deseo que esa mujer despierta en mí es primitivo.

Su carne caliente me invita a vivir dentro de ella y, enseguida, sentirla alrededor de mis dedos deja de ser suficiente.

La beso, me incorporo y termino de desnudarme.

Llevo sus muslos hasta mis hombros y me acomodo en su entrada; tomo sus senos con ambas manos y, con los ojos clavados en los suyos, comienzo a penetrarla.

Su deliciosa boca se entreabre mientras estiro su canal para que pueda recibir mi miembro.

Su caliente vagina me engulle con dificultad.

Me inclino hacia delante y atrapo sus labios al mismo tiempo que me entierro por completo dentro de ella.

La monto de frente, macho tomando a su hembra, embistiendo con fuerza.

Está empapada y moja mis testículos con su miel.

Aumento el ritmo de las embestidas y Charlie me muerde la boca, succionando mi labio inferior.

Succiono sus senos, mordisqueando los pezones, y ella me suplica que no me detenga.

Follo con fuerza, sin control, con un deseo insano extendiéndose por cada célula de mi cuerpo.

El sexo se convierte en un acto de hambre primitiva, una necesidad de poseer y ser poseído. Pasión y locura.

Toco su clítoris sin dejar de embestir con rudeza dentro de ella y siento cuando se corre, mojándome.

Beso su boca y la giro, inclinándola sobre la mesa. Vuelvo a entrar en su vulva rosada, cuyos labios vaginales ya están hinchados por la manera en que le meto la verga.

Mi miembro palpita, desesperado por eyacular, pero no quiero que termine.

Agarro sus caderas y enrollo su cabello alrededor de mi puño. La follo a un ritmo intenso y ella solloza, suplicando correrse otra vez.

Tiene el rostro apoyado sobre la mesa. Charlie se ha rendido por completo.

Embisto profundamente hasta que ya no consigo mantener el control y paso una mano por debajo de su cuerpo, acariciando con los dedos su punto de placer.

Charlie se contrae a mi alrededor, provocándome con su ardiente vagina y, cuando comienza a correrse, eyaculo dentro de ella, renunciando por completo a mi autocontrol.

Me corro con ella. Dentro de ella. Atrapado en ella. Y ya no quiero salir.

Permanezco así durante algunos minutos, besando su columna, incapaz de romper la conexión.

No tengo idea de cuánto tiempo pasa antes de que la gire para dejarla de frente a mí. Charlie me atrae para besarme y, esta vez, es un beso sin prisa, con la pasión salvaje calmada, por ahora. Esa conexión que solo existe con ella crea un vínculo poderoso entre nuestros cuerpos y nuestras mentes.

El deseo que siento por Charlie va mucho más allá de una simple necesidad física, es una urgencia que continúa después del orgasmo, y sé que es así porque ella es mía, la mujer que estaba destinada para mí.

Comienza a caer una lluvia ligera, algo poco común en Las Vegas, aún más en la zona en la que estamos, que queda todavía más cerca del desierto de Mojave, y, cuando nuestras bocas se separan, Charlie está sonriendo.

—Hay algo que siempre nos relaciona con el agua —dice—. El jacuzzi, la cascada, aquel día dentro del auto, cuando regresábamos de la casa de mi hermana.

—Tal vez porque eres mi sirena particular.

—O tu diosa de las aguas.

—Tenemos que entrar, mujer. No quiero que te enfermes.

Me preparo para levantarme y llevarla conmigo, pero Charlie cierra las piernas alrededor de mi espalda y me toca el rostro.

—¿Cómo vamos a hacer que esto funcione?

—Tenemos mucho de qué hablar. Encontraremos la manera —le digo, porque estoy preparado para cualquier cosa que le permita cumplir sus sueños—, pero no ahora. No durante estos días. El mundo se quedará afuera y seremos solo nosotros dos.

Horas después, tras haberla tomado otras dos veces, está con la cabeza apoyada sobre mi pecho y siento su respiración suave.

Mis dedos se deslizan lentamente por su espalda desnuda mientras mi mente hace planes.

Pienso fundar la compañía de aviación privada que ella desea. Charlie podrá ser piloto durante un tiempo si eso es realmente lo que quiere, aunque sospecho que intenta cumplir lo que creía que su padre habría querido para ella: que se convirtiera en una “viajera”, sin un domicilio fijo.

No sé demasiado sobre ese hombre y, aun así, no me agrada. Ya entendí que buena parte de los problemas que tiene, especialmente su dificultad para hablar del pasado, proviene de lo que vivió en casa durante su infancia.

No sé demasiado sobre la mente humana, no soy un hombre sensible, pero algo me dice que ese deseo de Charlie de “huir de casa” tiene que ver con sus problemas familiares, no solo con sus ganas de viajar, porque vi lo loca que está por su familia.

—¿No vas a dormir? —pregunta un rato después, removiéndose.

—No tengo sueño. Podría correr una maratón ahora mismo.

Noto que su cuerpo tiembla y sé que se está riendo.

—Dios mío, me casé con un titán.

—Mi cuerpo necesita pocas horas de sueño.

—Y pienso aprovecharme de eso.

—Úsame, mujer. Soy tuyo.

—Completamente mío, Zehab. Mi único hombre y mi para siempre.