La Esposa Rechazada por ele Magnate (Multimillonarios Turcos nº 5) Capítulo 10
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Capítulo 10

En cuanto las palabras salen de mi boca, quiero recuperarlas. Cada una de ellas es cierta, pero tengo la sensación de que pasaré el resto de mi vida preguntándome “qué habría pasado si…”.

—Cena conmigo —dice, ignorando lo que acabo de decir.

—No puedo.

—¿Por miedo a perder tu empleo?

—Por miedo a perderme a mí misma. Tengo la sensación de que, si abro esa puerta, quedaré encerrada en esa habitación para siempre. Mi vida es sencilla, pero tengo ambiciones. He tenido que mantener la cabeza en su sitio para no desviarme del camino que elegí.

—¿De qué clase de ambiciones estás hablando?

La pregunta me toma por sorpresa. No es la primera vez que un hombre como él me invita a salir.

Otros pasajeros ya han intentado lo mismo, pero es la primera vez que, después de que dejo claro que no aceptaré una cita, el señor hermoso continúa prestando atención a lo que he dicho.

Porque, para ser sincera, podría conseguir que una docena de mujeres se metieran en su cama con solo caminar desde la puerta del avión hasta la acera frente al aeropuerto y mirarlas.

—¿Qué?

—Dijiste que tienes ambiciones. Háblame de ellas.

—¿Por qué le interesan mis sueños?

—Me interesa todo lo que consigue llamar mi atención. Te dije que tengo reglas, Charlie. Ya estoy rompiendo una. No me importa añadir uno o dos pecados más.

—No parece que le preocupen demasiado los pecados.

—¿A ti sí?

—No soy muy buena pecando.

—Puedo ayudarte a cambiar eso, Charlie.

Siento que el calor se extiende por todo mi cuerpo y, como alguien que acaba de descubrir una adicción, quiero más.

—Quiero ser piloto. —Cambio de tema—. Esa es mi mayor ambición.

Se muestra genuinamente sorprendido, lo que me produce cierta satisfacción.

El hombre parece tener todo cuanto desea al alcance de la mano y, por la manera en que vino hasta mí, seguro de que aceptaría su invitación (algo que me encantaría poder hacer, incluso con todos sus defectos, que básicamente consisten en ser hermoso, rico y querer solamente una noche de sexo sudoroso, si no existiera el riesgo de perder mi empleo), tal vez me haya clasificado como una de esas mujeres que se acuestan, se revuelcan y saltan en cuanto él chasquea los dedos y se lo ordena.

—¿Piloto de vuelos comerciales?

—Sí. Tal vez algún día pueda fundar mi propia empresa. Tengo pensado hacer un curso en París cuando aterricemos. No sé si quedarán plazas disponibles porque mis escalas cambian algunas veces, no puedo reservar con anticipación y…

Me cubro la boca con las manos para obligarme a dejar de hablar.

Dios, ¿qué demonios me sucede? ¡Por supuesto que a ese hombre no le interesan en absoluto mis planes!

—Continúa.

—No puedo seguir conversando a solas con usted o terminarán despidiéndome.

Me observa y tengo la sensación de que, en este preciso instante, un mundo entero de pensamientos atraviesa su mente, aunque no tengo la menor idea de cuáles son. El hombre, cuyo nombre ni siquiera conozco, es indescifrable para mí.

—Charlie, yo… —Oigo que Zhao me llama, pero ni siquiera eso consigue que el desconocido hermoso se mueva.

No parece la clase de persona a la que le importan otras reglas aparte de las que él mismo crea, pero aquí la reina no soy yo; solo soy una pieza más sobre el tablero. Por eso, tomo la iniciativa de disculparme, paso junto a él y me dirijo al fondo de la estrecha cocina.

Transcurren unos cuarenta minutos antes de que el avión aterrice y, cuando miro en dirección al dios griego (¿o será turco o árabe?), ya se ha puesto de pie y ni siquiera está mirando hacia mí.

Parece distraído mientras vuelve a ponerse el saco del traje, hasta el punto de que creo que podría haber imaginado nuestra conversación de hace un momento.

Impulsivamente, camino hacia él porque ahora mismo soy una mezcla de emociones.

Lamento saber que nunca volveré a ver al hombre que consiguió que la sangre me hirviera en las venas, algo que jamás me había sucedido, pero también me siento aliviada porque temo encapricharme con alguien que solo quiere utilizarme y después tener que lamerme las heridas sola.

¿Sobre el hombro de quién voy a llorar? ¿Sobre el de mi hermana, con su matrimonio perfecto (que Dios la bendiga), o sobre el de la otra, que se avergüenza de su propia familia?

—¿Charlie? —pregunta el hombre hermoso, y solo entonces me doy cuenta de que me he detenido frente a él y estoy contemplando su pecho.

Miro nerviosa a mi alrededor y, gracias a Dios, todo el equipo ya está situado junto a las puertas, despidiéndose de los pasajeros.

—Solo quería decirle que tuviera cuidado con ese hombre. —Decido contarle lo que percibí.

—¿Qué?

—El hombre que estaba sentado a su lado. Supongo que trabajan juntos. No es una buena persona y esto no tiene nada que ver con que estuviera coqueteando conmigo. No es de fiar. Si trabaja para usted, investíguelo.

Intento pasar junto a él, pero el hombre hermoso me bloquea el camino.

—¿Cómo lo sabes?

—Tengo una especie de don.

—¿Adivinación?

Disimulo una sonrisa.

—No, nada parecido. Digamos que soy buena observando y analizando a las personas.

—¿Qué dice tu don sobre mí?

—No consigo leerlo.

—¿Por qué no?

—A veces mi don falla —respondo con una verdad a medias, porque todavía no consigo imaginar por qué soy incapaz de leerlo.

Él no se mueve y, durante un instante, nuestras miradas quedan atrapadas, no como la primera vez, sino como si ninguno de los dos quisiera tomar la iniciativa de marcharse. Para mi decepción, el desconocido hermoso parece decidirse antes que yo.

—Que tengas una buena vida, Charlie.

—Habla como si nunca fuéramos a volver a vernos. Nadie sabe nada sobre el destino.

—Me aseguraré de que no suceda.

—¿Por qué?

—Porque eres demasiado tentadora y no quiero ser yo quien te aparte de tu camino.

Se marcha sin despedirse y permanezco paralizada en el mismo lugar durante mucho tiempo, hasta que oigo la voz de Zhao detrás de mí.

—¿Qué sucede entre tú y el multimillonario turco?

—¿Qué? ¿Multimillonario turco?

—Dios mío, muchacha, ¿de qué planeta eres? ¿No te diste cuenta de que todo el equipo estaba nervioso y no sabía qué hacer?

—¿A qué te refieres? —pregunto, sintiendo un nudo en el estómago—. ¿Con quién estaba hablando?

—Con Zehab Yavuz Aydin, uno de los hombres más ricos del mundo. Y no es solamente eso: también es el accionista mayoritario de Aureum Airlines, Charlie. Nuestro jefe.