La esposa por contrato del multimillonario CAPÍTULO 33 #2
78%

CAPÍTULO 33 #2

—Y no encuentro el agujero. —Priya se echó hacia atrás.

Estaba despeinada, con ojeras, y se veía más joven y más cansada a la vez—.

Déjame que te lo explique como se lo explicaría a un juez, porque es el ejercicio que vamos a tener que repetir.

Primero: la cláusula diecinueve y el Anexo C, anulados por su nombre, completos.

Nada de «en lo que resulte incompatible».

Nada de salvedades. Segundo: no hay cláusula de supervivencia.

Nada que sobreviva a la rescisión. Tercero: el aviso de incumplimiento está retirado, por fecha y por referencia, con efecto desde el origen.

Cuarto: la garantía a favor del fideicomiso queda cancelada, y el documento incluye la renuncia expresa de Ledger Street a cualquier acción derivada de ella.

—Levantó un dedo—. Quinto, y esto es lo que más me gusta: el préstamo resultante es plano.

Sin vencimiento anticipado por convivencia, sin consentimientos, sin condiciones de conducta. Es un préstamo, Lena. Ni más ni menos.

—¿Y lo del consentimiento de Margot?

—La cláusula C.2, la de tu trabajo independiente, desaparece con el anexo.

Ya no existe un solo papel en el que alguien necesite autorizar que trabajes.

—Hizo una pausa—. Margot podrá decir lo que quiera sobre el incumplimiento del Undertaking, que eso es otra cosa, un asunto entre ella y Adrian, que se resolverá en el Review.

Pero no puede tocar tu préstamo. El Release no es suyo para anular.

Lena sintió que algo se soltaba dentro de su pecho, un nudo que llevaba tanto tiempo que ya lo había tomado por parte del esqueleto.

—Entonces estoy…

—Libre. En el papel y en los hechos. Sí.

Se quedaron un momento en silencio. Una sirena pasó por la avenida.

—Hay otra cosa —dijo Priya, y cambió el tono—. Ayer llamó Whitcombe.

—¿Qué quería?

—Cortesía. Mucha cortesía. —Priya sonrió sin humor—.

Dice que la señora Sinclair «lamenta profundamente la situación» y que le gustaría que prestaras una declaración de cara al Review, sobre las circunstancias en que se formó el acuerdo.

Para que tu «versión de los hechos» quede registrada.

Me dio a entender que eso favorecería la posición de tu familia en cualquier discusión posterior sobre el préstamo.

—Es decir —dijo Lena despacio—, quieren que diga que me compraron.

—Quieren que digas lo que ya dijo Gotham Wire, pero con tu firma debajo.

—No.

—Lo sé.

—No voy a ser su arma, Priya. —Lo dijo sin elevar la voz, y la firmeza la sorprendió a ella misma—. Ni la de Margot. Ni la de él. Si me llaman a declarar, diré lo que pasó, todo, con las fechas y los nombres. Pero no voy a dejar que me usen para demostrar lo que otros necesitan que se demuestre.

—Eso pensé que dirías. Ya le contesté que tu declaración, si se produce, será ante quien corresponda y en el momento que decidamos nosotras.

—Priya tomó un bolígrafo y le dio una vuelta entre los dedos—.

Y hay otra cosa que quiero que sepas. Si en el Review alguien ataca el Release, si Margot dice que es nulo o que es una maniobra, la que va a responder soy yo.

Lo he estado pensando. Te voy a representar yo. Si tú quieres.

—¿Me lo preguntas?

—Te lo pregunto. Después de lo de septiembre, creo que me debes la elección.

Lena sintió que se le calentaban los ojos.

—Priya, yo…

—No hace falta.

—Sí que hace falta. —Respiró—. No te escuché. Me lo dijiste con todas las palabras y yo… Estaba tan segura de que podía con todo.

—Estabas desesperada. Es distinto. —Priya se inclinó sobre la mesa—.

Y yo tampoco te escuché a ti, a lo mejor.

Te dije «no firmes» como quien dice «no te mojes» a alguien que está en medio del mar.

No me sirvió de mucho. Pero aprendí algo.

Que tenía que haberte preguntado qué necesitabas, antes de decirte qué no hacer.

Lena rió, una risa pequeña, rota, y se secó los ojos con el dorso de la mano.

—Sí, quiero que me representes.

—Bien. —Priya asintió, con una seriedad casi litúrgica—.

Entonces trabajamos. Vamos a preparar el Release como se prepara un caso.

Cada cláusula, cada fecha, cada firma. Vamos a recoger todo lo que haya, el correo de septiembre, las cuentas, la nota de la asignación.

Y vamos a esperar a ver qué hace Margot. Pero no vamos a esperar con miedo.

—No.

—No.

Priya cerró la carpeta de las pestañas de colores. En el borde de la mesa había una copia del Release, la misma que Lena le había llevado dos días antes, con el borde de las páginas doblado y subrayados de tres colores distintos.

—¿Quieres que te la guarde yo? —preguntó, con cuidado—. La original. Con las demás. La tendremos todas aquí, ordenadas.

Lena miró el cuadernillo grapado. Once páginas.

Había creído que no podría separarse de él, que cada vez que lo soltara sentiría la necesidad de volver a comprobarlo, de leer una vez más, de cerciorarse de que seguía diciendo lo mismo.

Había sido la costumbre de toda su vida: no fiarse del papel hasta haberlo leído tres veces.

Pasó la mano sobre la portada. Era un papel normal, de gramaje corriente, con una grapa en el ángulo.

—Sí —dijo—. Guárdala.

Priya la tomó con las dos manos, con reverencia, y la deslizó en el cajón de abajo del archivador. Cuando lo cerró, el sonido fue pequeño, metálico, definitivo.

Lena se quedó mirando el cajón. Esperó la angustia que siempre venía después de soltar algo importante, la urgencia de comprobar, de volver, de verificar.

No llegó.

Se prometió que no volvería a leerla. Mantuvo la promesa hasta la noche.