La edad del Ibuprofeno Capítulo 28 Contener #2
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Capítulo 28 Contener #2

La tensión acumulada durante semanas pareció aflojarse ligeramente dentro del pecho de Álvaro. Muy poco, pero lo suficiente.

Porque quizá el verdadero miedo no había sido únicamente perder clientes.

Había sido perder la posibilidad de seguir mirándose a sí mismo con cierta dignidad después de todo aquello.

Cuando salió del restaurante y empezó a caminar por la Castellana, sintió por primera vez en mucho tiempo algo parecido a esperanza, no para olvidar lo ocurrido.

Eso probablemente tardaría años. Pero sí para empezar a creer que todavía era posible reconstruir parte de lo que Ricardo había estado a punto de destruir para todos.

Cuando salió del restaurante, Álvaro caminó unos minutos despacio por la Castellana con las manos metidas en los bolsillos del abrigo y una sensación extraña de agotamiento mezclada con alivio. El aire fresco le despejó ligeramente la cabeza.

Por primera vez en semanas sentía que quizá el mundo no iba a derrumbarse del todo.

Miró el móvil. Tenía varios mensajes del despacho, dos llamadas perdidas y un correo marcado como urgente que probablemente requería otra reunión absurda sobre protocolos internos y reputación corporativa.

Se quedó quieto unos segundos mirándolo. Y de pronto pensó: a la mierda.

Volvió al despacho únicamente para recoger el portátil, un par de informes y algunas carpetas pendientes.

Saludó rápidamente a la recepcionista, ignoró elegantemente a un asociado que intentó detenerle para comentarle no sé qué auditoría y salió otra vez a la calle antes de que alguien pudiera atraparlo en otra conversación sobre el fin del mundo jurídico-financiero.

Aquella tarde simplemente quería irse a casa.

Cuando abrió la puerta no se encontró el silencio que necesitaba, sino el sonido lejano y frenético de disparos digitales procedente del salón.

Javi estaba tirado en el sofá en pantalón corto, completamente absorbido por un videojuego, rodeado de una cantidad preocupante de patatas fritas y bebiendo algo fluorescente que probablemente podría utilizarse también para desatascar tuberías industriales.

Levantó apenas la vista al oír entrar a Álvaro.

—Hombre. El abogado del pueblo.

Álvaro dejó el portátil sobre una silla.

—¿Eso qué demonios es?

Javi miró la lata.

—Química avanzada.

Thor dormía junto al sofá completamente entregado ya a la decadencia nutricional de aquella generación.

Álvaro se aflojó la corbata lentamente mientras observaba la pantalla llena de explosiones, coches imposibles y gente gritándose en inglés.

—¿Has trabajado hoy o seguimos financiando tu estilo de vida criminal?

Javi seguía jugando sin apartar la vista.

—Dos horas y cuarto. Estoy agotadísimo.

Aquello hizo que Álvaro soltase una risa involuntaria. Y quizá precisamente por eso decidió sentarse.

Porque llevaba demasiados días sin reírse de verdad.

Se dejó caer en el sofá de al lado observando la partida unos segundos.

No entendía absolutamente nada.

—¿Pero qué se supone que haces exactamente?

—Salvar el mundo.

—Pues parece que estás atropellando gente.

—Los daños colaterales son parte de cualquier liderazgo moderno.

Álvaro negó lentamente con la cabeza.

—Vuestra generación va a destruir Occidente.

Javi sonrió.

—Pero con interfaces muy intuitivas.

Aquello le hizo reír otra vez. Y por primera vez en mucho tiempo, la risa no le dolió.

Javi debió notarlo porque bajó un poco el mando y lo miró mejor.

—¿Qué? ¿Mucho drama empresarial hoy?

Álvaro se quedó callado un instante antes de responder.

—Digamos que he hablado demasiado de dinero y demasiado poco de personas durante las últimas semanas.

Javi asintió lentamente como si entendiera más de lo que aparentaba.

Luego le lanzó otro mando.

—Ven. Te voy a humillar.

Álvaro levantó una ceja.

—¿Perdona?

—Esto es terapia intergeneracional.

Cinco minutos después estaba siendo masacrado de una manera completamente humillante por su propio hijo.

—¿Pero cómo puedes disparar y saltar a la vez? ¡Eso no es físicamente posible!

Javi ni siquiera levantó la vista.

—La debilidad te consume, padre.

—Esto está amañado.

—No. Esto es talento natural.

Thor abrió un ojo ligeramente alarmado cuando Álvaro empezó a protestar indignado tras morir por quinta vez consecutiva en menos de treinta segundos.

—¿Me acabas de atropellar con una moto?

—Técnicamente sí. Pero desde el cariño.

La carcajada que soltó Álvaro esta vez resonó por todo el salón.

Y fue exactamente ahí cuando llegué a casa.

Abrí la puerta esperando encontrarme el ambiente tenso y silencioso habitual de las últimas semanas y, en cambio, escuché risas. Risas de verdad.

Entré despacio y me encontré a padre e hijo en el sofá gritándose absurdos el uno al otro mientras en la televisión explotaban coches y sonaba música electrónica infernal.

Javi levantó una mano señalando a Álvaro.

—Mamá, necesito que conste oficialmente que este hombre es completamente inútil salvando civilizaciones digitales.

Álvaro seguía riéndose.

—Tu hijo es un psicópata tecnológico.

—Eso ya lo sabíamos —contesté dejando el bolso.

Y entonces los vi bien. A los dos. Relajados, bromeando. Normales.

Como si durante un rato el miedo hubiera salido discretamente de casa para dejarnos descansar un poco.

Y sinceramente, después de aquellas semanas, aquella imagen me pareció una de las cosas más bonitas que había visto últimamente.

Tu hijo es un psicópata tecnológico.

—Eso ya lo sabíamos —contesté dejando el bolso.

Y entonces los vi bien. A los dos. Relajados, bromeando. Normales.

Como si durante un rato el miedo hubiera salido discretamente de casa para dejarnos descansar un poco.

Y sinceramente, después de aquellas semanas, aquella imagen me pareció una de las cosas más bonitas que había visto últimamente .