La Corona Robada (El Pacto De Las Coronas 1) CAPÍTULO 34 — El Comienzo de Todo
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CAPÍTULO 34 — El Comienzo de Todo

Un mes después de la declaración formal de Aldric, Ashvale había comenzado a asentarse en un nuevo ritmo que Aurora, observando la actividad cotidiana del palacio desde la misma ventana donde tantas veces había contemplado el mundo sintiéndose ajena a él, encontraba profundamente reconfortante en su normalidad recién descubierta.

Cassian se preparaba para partir hacia MorGath en apenas unos días, las negociaciones con la corte Ogro finalmente retomando el rumbo que el descubrimiento del plan de Ivor había interrumpido temporalmente.

Aurora lo encontró en el patio de entrenamiento, revisando por última vez el equipo que llevaría consigo para lo que prometía ser una misión diplomática considerablemente más compleja de lo que cualquiera de ellos había anticipado originalmente.

—¿Nervioso? —preguntó Aurora, apoyándose contra una columna cercana mientras observaba a su hermano organizar meticulosamente cada pieza de su equipaje.

—Un poco —admitió Cassian, con una honestidad que apenas meses atrás habría sido impensable de su parte—.

Una alianza matrimonial con una guerrera que apenas conozco, destinada a sanar generaciones de conflicto entre nuestros pueblos.

Es considerablemente más presión de la que estoy acostumbrado a manejar en el campo de batalla convencional.

—¿Listo para conocer a tu futura esposa? —preguntó Aurora, con una sonrisa traviesa que había redescubierto durante los últimos meses de felicidad genuina.

—Vrenna Skarn no es exactamente el tipo de persona que se deja impresionar fácilmente, según todo lo que he escuchado sobre ella —respondió Cassian, con una expresión que combinaba nerviosismo genuino y una determinación práctica—.

Pero considerando todo lo que hemos enfrentado juntos como familia estos últimos meses, sospecho que puedo manejar una negociación matrimonial con una guerrera Ogro sin mayores complicaciones.

—Cuéntame todo cuando regreses —dijo Aurora, abrazando a su hermano con una calidez que apenas meses atrás habría sido impensable entre ambos—. Y cuídate. La paz con MorGath es demasiado importante para arriesgarla por exceso de confianza.

—Aprendí de la mejor maestra posible sobre la importancia de la paciencia estratégica —dijo Cassian, con un guiño que arrancó una carcajada genuina de Aurora—. Nos vemos pronto, hermana. Y felicidades, otra vez, por todo lo que has logrado.

—Buena suerte, Cassian —dijo Aurora, observándolo alejarse hacia los establos con una mezcla de orgullo fraternal y una punzada de preocupación por lo que aquel nuevo capítulo familiar podría deparar—. El reino entero cuenta contigo para esto.

Encontró a Dorian esa misma tarde en la biblioteca privada de la familia, rodeado, como siempre, de pergaminos meticulosamente organizados que documentaban cada desarrollo político reciente relacionado con la persecución continua de Ivor.

—¿Alguna pista nueva? —preguntó Aurora, sentándose junto a él con genuina curiosidad.

—Nada concreto todavía —admitió Dorian—.

Ha desaparecido por completo, sin dejar rastro alguno desde la batalla en la cueva.

Sospecho que se está reagrupando en algún lugar que ninguno de nuestros informantes ha logrado identificar todavía, planeando su próximo movimiento con la misma paciencia calculada que ha caracterizado cada una de sus acciones durante tres siglos completos.

—¿Cómo llevas el peso de toda esta responsabilidad? —preguntó Aurora, genuinamente preocupada por su hermano, cuya dedicación a rastrear a Ivor había consumido una cantidad considerable de su tiempo y energía durante las últimas semanas.

Dorian consideró la pregunta con una sinceridad que Aurora apreciaba profundamente, un

nto de su existencia anterior. Pensó en sus padres, Aldric y Seraphine, aprendiendo lentamente a reconstruir una relación marcada por décadas de secretos y remordimientos silenciosos.

Y pensó en Kaelen, su hermano recién descubierto, liderando con valentía un ejército que apenas meses atrás había sido su enemigo jurado, encontrando en aquella nueva alianza familiar algo que había buscado, sin saberlo completamente, durante toda una vida de soledad impuesta.

Corvin se acercó por detrás, rodeándola con sus brazos mientras ambos observaban su reflejo compartido en el espejo.

—¿En qué piensa? —preguntó, besando suavemente su hombro.

—En todo lo que hemos logrado —dijo Aurora—.

Y en todo lo que todavía nos queda por enfrentar.

Ivor sigue ahí afuera. Nyxhollow todavía navega las consecuencias de su propia fractura interna.

Cassian está a punto de comprometerse con una mujer que apenas conoce, por el bien de la paz con MorGath.

Dorian y Lysander todavía tienen sus propias batallas por enfrentar, sus propios corazones por sanar completamente.

—Es cierto —concedió Corvin—. Pero también hemos demostrado, una y otra vez, que ninguna de esas batallas tiene que enfrentarse en soledad.

Esta familia, rota durante tanto tiempo, finalmente aprendió a sanar juntos.

Y esa lección, Aurora, es exactamente lo que necesitamos para enfrentar cualquier cosa que el futuro decida traernos.

Aurora se giró entre sus brazos, observando a su esposo con un amor que trascendía cualquier palabra que pudiera articular completamente.

—La amo —dijo, las palabras sintiéndose tan naturales como respirar—. Pase lo que pase a continuación.

—Y yo la amo a usted —respondió Corvin, con una sonrisa que llevaba consigo la promesa de toda una vida compartida—. Ahora y siempre, sin importar qué sombras decida enviarnos el destino.

Se quedaron así un largo rato, observando juntos su reflejo compartido, dos personas de mundos distintos unidas por un destino que ninguno de los dos había anticipado completamente cuando se conocieron por primera vez en aquel Salón del Trono, meses atrás.

Aurora pensó en la niña que había sido, entrenada para ser útil pero jamás amada abiertamente, y sintió una compasión profunda hacia aquella versión más joven de sí misma, deseando poder decirle que, algún día, encontraría exactamente la familia y el amor que siempre había merecido.

—Gracias —dijo finalmente, rompiendo el silencio contemplativo—. Por verme completamente, desde el primer día, cuando nadie más se molestaba en hacerlo.

—Siempre la vi completamente, Aurora —dijo Corvin—. Solo tuve que esperar a que usted misma aprendiera a verse de la misma forma.

Afuera, más allá de los muros de Ashvale, en algún rincón oscuro de un mundo que apenas comenzaba a sanar de generaciones de secretos y traiciones, Ivor Nightmourne observaba desde la distancia, paciente como solo alguien con tres siglos de existencia podía permitirse ser, esperando el momento exacto en que la felicidad recién forjada de aquella recordatorio más de cuánto había cambiado su relación desde aquella primera confrontación en la biblioteca, meses atrás.

—Mejor de lo que esperaría, honestamente —admitió—.

Descubrí que tener un propósito genuino, en lugar de simplemente maniobrar por ventaja política personal, resulta considerablemente más satisfactorio de lo que jamás había anticipado.

Quizás, hermana, tú tenías razón desde el principio sobre la importancia de luchar por algo más grande que uno mismo.

—Me preocupa que aparezca cuando menos lo esperemos —dijo Aurora, la seriedad reemplazando momentáneamente la ligereza de la conversación anterior.

—A todos nos preocupa —concedió Dorian—.

Pero por primera vez, Aurora, enfrentamos esa amenaza con una familia unida, con aliados en los cuatro reinos, y con recursos que Ivor nunca anticipó que reuniríamos tan rápidamente.

Sea lo que sea que planee a continuación, no nos encontrará tan desprevenidos como la última vez.

Fue esa noche, en la privacidad de sus propios aposentos, que Aurora y Corvin recibieron una visita inesperada: Maela, con una expresión seria que sugería que las noticias que traía consigo no eran meramente rutinarias.

—Recibí un mensaje de contactos que mantengo entre los exiliados de Avelia —dijo, sin preámbulos—.

Rumores, nada confirmado todavía, pero rumores que sugieren que Ivor podría estar buscando alianzas con facciones descontentas dentro de Sylvaneth y MorGath simultáneamente, aprovechando cualquier tensión residual de las negociaciones actuales para sembrar nueva discordia.

—Eso explicaría por qué ha estado tan silencioso —dijo Corvin, la mente evidentemente trabajando a través de las implicaciones estratégicas—. No se ha rendido. Simplemente está reconstruyendo su estrategia, esta vez apuntando a fracturar las alianzas que tanto trabajo nos costó forjar.

—¿Hay algo específico que debamos vigilar? —preguntó Aurora, sintiendo el peso de aquella advertencia asentarse sobre ella con una gravedad renovada.

—Cualquier comunicación inusual proveniente de esas cortes durante los próximos meses —dijo Maela—.

Especialmente durante las negociaciones de Cassian con MorGath.

Si Ivor logra insertar un agente en cualquiera de esos procesos diplomáticos, podría sembrar exactamente el tipo de desconfianza que necesita para deshacer todo lo que hemos construido juntos.

—Entonces necesitamos permanecer alerta —dijo Aurora—. Y necesitamos asegurarnos de que las negociaciones de Cassian con MorGath, cualquier desarrollo futuro con Sylvaneth, cualquier interacción con Avelia, se manejen con la misma cautela que aprendimos durante esta primera confrontación.

—Estoy de acuerdo —dijo Maela—. Y por eso mismo, niña, quiero que sepas que seguiré vigilando, como he hecho toda tu vida, cualquier indicio de que Ivor se acerca de nuevo a esta familia.

Aurora abrazó a su nodriza con una gratitud profunda, el recordatorio constante de cuánto debía a aquella mujer que había sacrificado tanto para protegerla durante toda una existencia marcada por el peligro y la incertidumbre.

—Gracias, Maela —dijo—. Por todo. Por cada sacrificio que hiciste, cada verdad que me revelaste en el momento correcto, cada lección que me preparó para enfrentar todo lo que hemos vivido juntas estos últimos meses.

—Fue un honor, niña —respondió Maela, con una sonrisa que llevaba consigo el peso de toda una vida de devoción silenciosa—. Y seguirá siendo un honor, mientras me quede aliento para ofrecértelo.

Más tarde esa noche, ya a solas, Aurora se paró frente al mismo espejo donde tantas veces había contemplado la runa dorada bajo su clavícula sin comprender completamente su significado.

Ahora, meses después de aquel primer encuentro consigo misma, sentía que finalmente comprendía no solo su poder, sino también su propio lugar en el mundo: ya no la consejera invisible, ya no la amenaza a temer, sino la mujer que había luchado, amado, y finalmente reclamado lo que le pertenecía por derecho propio.

Pensó en Lysander, ahora entrenando junto a Kaelen, aprendiendo a coexistir con una oscuridad que ya no lo definía completamente.

Pensó en Cassian, a punto de partir hacia una alianza que podría sanar, finalmente, generaciones enteras de conflicto entre humanos y Ogros.

Pensó en Dorian, encontrando propósito genuino más allá del cálculo político puro que había definido ta familia se convirtiera, una vez más, en la vulnerabilidad perfecta para su próximo movimiento.

La guerra por las Cuatro Coronas apenas había comenzado.