La Daga en el Lago Como
El rodaje de «Ecos de Piel» los llevó a una villa opulenta a orillas del lago de Como. Estaban filmando una orgía coreografiada. Entre el reparto destacaba una joven actriz española llamada Clara, un talento en bruto.
Silas llegó al set y se reunió con ellos en privado.
—Tenemos una nueva petición de nuestros inversores. Un pequeño cambio en la escena de Clara. Quieren ver una entrega total, una pérdida de control. Sugiere que el personaje podría haber consumido alguna sustancia...
La sugerencia era repulsiva.
—Silas, de ninguna manera —intervino David.
Silas los miró, y la máscara de afable mecenas se deslizó.
—Encontraremos la manera de que sea artístico, David.
Se negaron con firmeza. La escena se rodó finalmente sin aquella alteración y Silas pareció ceder con una sonrisa fría, pero la sensación de victoria fue engañosa: el productor solo había replegado líneas para maniobrar fuera del plató.
Esa noche, Laura buscó a Clara. La encontró en su habitación, pálida.
—Laura, tengo miedo —le confesó—. Silas habló conmigo. Me «sugirió» lo mismo. Se sentía... como una orden. He oído cosas. Sobre fiestas privadas. Sobre «peticiones especiales». Alguien me dijo que esta productora no es lo que parece.
Esa noche, mientras Laura repasaba el plan de rodaje, David recibió un nuevo informe encriptado.
El Suizo: Confirmado lo que rastreaste en Chipre.
Volkov no es un simple inversor. Es el dueño absoluto.
Silas Monteiro figura como CEO, pero cada acción de Círculo Produções está en manos de una sociedad pantalla de las Islas Vírgenes, Aethelred Capital.
Y el único beneficiario real de Aethelred es Volkov. Silas no es su socio; es su mayordomo.
David cerró el portátil. El aire de la lujosa villa le pareció de repente mucho más frío. No estaban tratando con inversores. Estaban tratando con el dueño de la plantación. Y la «petición» de la escena con Clara ya no parecía artística, sino la orden directa del amo.