La Copa de Naciones (Academia Rider 3) CAPÍTULO 1
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La Copa de Naciones (Academia Rider 3)

La Copa de Naciones (Academia Rider 3)

Por Agueda Parellada

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CAPÍTULO 1

Despertar sin ese pitido estridente procedente de mi móvil era la mejor sensación del mundo.

Solo llevábamos dos días de descanso de los siete que nos habían asignado entre trimestres, y ya me sentía completamente en modo vacaciones.

Tenía la habitación para mí sola, casi la residencia entera, si no fuera por algún jinete que no había vuelto a su país para estar con su familia, y por Charlotte.

Al final, sus padres no le habían comprado un vuelo a París para visitarlos.

Así que me levantaba con energía al ritmo de Pink a todo volumen mientras me preparaba mi bol de cereales y cotilleaba los últimos tiktoks más virales.

Después de desayunar, me dirigí al paddock .

Liberty estaba estirado tranquilamente, disfrutando del sol matutino, con las orejas relajadas y los ojos entrecerrados, soltó un pequeño relincho, como si me saludara.

Me senté en el suelo a su lado, con mi libro Ignite Me en la mano, completamente absorbida por la historia, pasando horas con los personajes.

Este iba a ser el trimestre más tranquilo, estaba segura.

Solo faltaba sobrevivir dos meses y medio montando y aprobando los exámenes para irme a casa y disfrutar de un verano sin preocupaciones.

O al menos, eso creía.

Mi plan era trabajar con Liberty por la tarde con un paseo por el campo montado, pero alguien tenía otros planes, porque al mediodía mi teléfono vibró con un mensaje de Jack:

@Jack.Hawthorn: Quedamos en el parking . En treinta minutos. Tengo un plan para salir de nuestra aburrida vida en la academia. Coge tu bolso.

Mi corazón se aceleró. Aburrido él, pensé, yo adoraba esta vida contemplativa, al menos por una semana, pero Jack me daba miedo cada vez que decía: tengo un plan. No sabía si preocuparme o emocionarme.

Me puse mis bambas corriendo, cogí mi bolso y bajé las escaleras casi saltando los últimos dos peldaños.

—¿Dónde vas tú tan rápido? —preguntó Charlotte desde el sofá, sola en la sala común, mirando un reality como si no tuviera nada mejor que hacer.

Mierda. Justo la que no quería encontrarme.

—Tengo una cita con Jack —solté, intentando que sonara como si le dijera que iba al supermercado a por desayuno, aunque por dentro pensé: «Toma ya». No me gustaba fardar, pero es que desde el primer trimestre no podía con ella.

Charlotte parpadeó un par de veces, como si la noticia fuera una bofetada invisible.

—¿Con Jack? —repitió, ladeando la cabeza—. Qué… sorpresa. Solo espero que no llegues tarde. Jack odia que le hagan esperar.

Apreté los dientes. Ella lo sabía. Y sabía que yo lo sabía.

—Tranquila, llego perfecta de tiempo —dije dando un paso hacia la puerta—. Que disfrutes tu… reality .

Charlotte esbozó una media sonrisa.

—Disfruta tú de tu cita —contestó con voz dulce, y pude notar la punzada de rabia escondida detrás de sus pestañas postizas—. Vuelve antes de que empiece el trimestre, este promete ser intenso.

Sentí un escalofrío. Charlotte no hablaba por hablar.

—Tranquila, solo me voy unas horas, no te va a dar tiempo de echarme de menos.

Me fui antes de que pudiera añadir otro comentario venenoso. Cuando llegué al parking principal de la academia, Jack estaba allí, apoyado en una moto, con una sonrisa en los labios.

—Pensé que podríamos hacer algo diferente antes de volver a la rutina —dijo, dándome una chaqueta de cuero—. Vamos a mi casa.

—¿Tu casa? —pregunté, sorprendida.

Jack nunca hablaba mucho sobre su casa, y aunque sabía que su familia tenía dinero, lo cierto es que nunca me había invitado. En realidad, me daba cuenta de que sabía muy poco sobre él. Ni siquiera sabía que conducía una moto.

—Sí. Prometo que va a ser divertido. Pero antes haremos una parada —dijo mientras me daba un beso.

Me puse el casco, subí en la moto detrás de él y nos dirigimos a las afueras de la academia. El aire en la cara no me dejaba ni hablar, solo podía agarrarme a él mientras nos adentrábamos en un camino rodeado de árboles y campos abiertos.

A los veinte minutos, Jack paró la moto en la cima de una colina, donde el paisaje era espectacular. Pasamos horas ahí, con un pequeño tentempié y paseando cogidos de la mano. Delante de nosotros, el sol empezaba a bajar, tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas.

—¿No es increíble? —preguntó Jack, observando la puesta de sol mientras se sentaba en la hierba y daba una palmada a su lado para que me sentara con él.

—Sí, lo es —murmuré, sentándome casi encima suyo.

Por un rato nos quedamos en silencio, disfrutando de la tranquilidad del momento.

—Vamos a casa. ¿Quieres dormir ahí esta noche? —preguntó de repente, mirándome de reojo.

Lo miré, sorprendida.

—¿Por qué? —respondí.

—Porque te vendría bien salir un poco de la rutina —respondió con una sonrisa traviesa—. Y porque me gusta tenerte cerca. Y ahí no hay normas absurdas.

Sonreí mientras me lo pensaba por unos segundos.

—Vale, pero si mañana Liberty se venga de mí yéndose de caña por la pista por no haberlo trabajado hoy, será tu culpa.

Jack rio y me rodeó con su brazo.

—Puedo vivir con eso.

Cuando la puesta de sol desapareció por completo, volvimos a subir a la moto para seguir el camino hasta su casa.

Nada más llegar, lo primero que vi fue una enorme mansión de piedra con ventanales inmensos y una arquitectura que parecía sacada de una revista de lujo.

El camino de la entrada estaba bordeado por jardines perfectamente cuidados, fuentes de piedra y arbustos recortados en formas geométricas.

—Vaya… —dije mientras bajaba de la moto y me quitaba el casco, observando la fachada maravillada.

Pero Jack no se dirigió a la entrada principal. En lugar de eso, me llevó por un camino lateral, al fondo había una casa pequeña.

—¿No entramos? —pregunté, señalando la enorme puerta principal, que estábamos dejando atrás.

Jack negó con la cabeza.

—No, esa es la casa de mi tío Erik, bueno técnicamente es mi casa también, pero yo hace tiempo que no vivo ahí.

—¿Y tu tío vive aquí? —pregunté.

—Casi nunca —dijo mientras se encogía de hombros—. Es broker y siempre está viajando. Esta es solo una de las muchas casas que heredó.

Jack tenía dinero gracias a su familia, ya que había atesorado una fortuna con un imperio industrial, y aunque él no hablaba mucho de eso, era evidente que nunca había tenido que preocuparse por cuestiones económicas, visto lo visto.

—Esta es mi casa —dijo, abriendo la puerta de la pequeña casa.

Entré y me sorprendió lo acogedora que era.

A diferencia de la mansión principal, esta casita tenía un estilo moderno y minimalista.

Todo estaba impecablemente organizado, con muebles de líneas rectas y colores neutros.

El espacio era estilo loft, en el que las paredes eran grandes ventanales de cristal que dejaban entrar la luz natural.

—Tienes buen gusto —dije, observando algunos cuadros abstractos de caballos en las paredes.

—Gracias, los elegí personalmente —admitió Jack con una sonrisa.

No había fotos ni objetos personales a la vista, lo que me pareció un poco impersonal, pero al mismo tiempo muy de su estilo.

—Bueno, ¿qué quieres cenar? —preguntó Jack, sacando su móvil.

—¿Pides comida a domicilio?

—¿Acaso me ves cocinando? —respondió con una ceja arqueada.

Reí y nos decidimos por comida china.

Mientras esperábamos a que llegase el pedido, nos sentamos en el sofá con una montaña de palomitas y empezamos a ver: Cómo entrenar a tu dragón , en su versión con personajes reales.

Al cabo de un rato, Jack suspiró y, después de un momento de silencio, le dio al botón de pausa y empezó a hablar con un tono más serio de lo habitual.

—En cuanto los servicios sociales actuaron, vine a vivir aquí —dijo, mirando alrededor de la pequeña casa—.

Mi tío me acogió, pero casi nunca estaba.

Trabajaba más horas que un reloj, así que la que realmente me crio fue mi nanny .

Cocinaba para mí, jugaba conmigo, me llevaba al colegio, de vacaciones…

Básicamente, hizo todo lo que harían unos padres.

Lo miré en silencio, sintiendo un nudo en la garganta. Nunca me había contado esa parte de su infancia.

—¿Y tu tío Erik? —pregunté en voz baja.

Jack se encogió de hombros.

—Cosa que pedía, cosa que tenía…, excepto tiempo con él. Se aseguraba de que nunca me faltara nada material, pero la casa era enorme y estaba extremadamente vacía. No era para nada de mi estilo. Así que, cuando crecí, pedí construir este sitio aquí detrás. Algo más pequeño, más mío.

Sus ojos recorrieron el loft, y entendí por qué este lugar era tan importante para él. No era solo una casa, era un sitio donde realmente se sentía seguro.

Jack me abrazó y yo me acurruqué contra su pecho, disfrutando de lo bien que me sentía allí, lejos de la academia.

Un rato después, cuando la película terminó y salieron los créditos, Jack bostezó.

—Puedes ponerte cómoda en la cama, las sábanas están limpias. Yo dormiré en el sofá.

Lo miré con el ceño fruncido.

—No tienes que dormir en el sofá —respondí—. No me importa compartir, hay suficiente cama para los dos.

Jack sonrió.

—No sería caballeroso por mi parte.

Puse los ojos en blanco, pero no insistí. Me cambié de ropa con la camiseta que me había dejado, porque, obviamente, lo último en lo que había pensado era que terminaría durmiendo en su cama, así que me acurruqué entre las sábanas, sintiendo en todo momento su olor.

Justo cuando estaba a punto de dormirme, mi móvil vibró con mensajes en el grupo de las chicas.

@Brooke.Ashcroft: Espero que estés cuidando bien de Bumblebee. No quiero excusas.

@Emily.Delacroix: No te diviertas demasiado sin nosotras en la academia. No olvides enviarnos fotos.

@Olivia.Thorn: No chilléis, pero de momento estoy en casa de Jack, exactamente en su cama ahora mismo.

@Emily.Delacroix: Mmm, Olivia… Esto sí que es recargar pilas.

@Brooke.Ashcroft: AAAAA ¿Excuse me? Cuéntanoslo todo, detalles YA.

@Olivia.Thorn: Os he escuchado gritar desde aquí. Nada, hemos pedido comida china, peli en el sofá, todo chill . Nada más.

@Emily.Delacroix: ¿Duermes en su casa?

@Olivia.Thorn: Sip.

@Brooke.Ashcroft: Omg. Te odio.

@Emily.Delacroix: Fotos de la casa o no te creo.

Dejé escapar una sonrisa y les envié una foto del salón y Jack en el sofá, que estaba tan ocupado viendo tiktoks que ni se dio cuenta.

@Emily.Delacroix: ¿¿Esa es su casa?? ¿Por qué parece sacada de Pinterest?

@Brooke.Ashcroft: Te odio el doble.

Reí y dejé el móvil a un lado, increíblemente feliz. Y justo en aquel momento Jack me dijo:

—Buenas noches, Rompenormas, eres mi lugar favorito.

A la mañana siguiente, me levanté con mucha luz filtrándose a través de los enormes ventanales.

Me estiré y, por un momento, olvidé que no estaba en mi habitación de la academia.

Luego vi a Jack, apoyado en el marco de la puerta, con una taza de café en la mano, sin camiseta y una media sonrisa en los labios.

Le observé unos segundos. Me recordó a cuando en el gimnasio, después de entrenar, se secaba el sudor con la camiseta y se le marcaban todos los abdominales, como si los hubieran esculpido.

Y yo ahí, intentando no quedarme embobada mientras pensaba: «Madre mía…

, ¿este es el chico que está enamorado de mí? ».

—Buenos días, dormilona —dijo, acercándose para dejar la taza en la mesita de noche—. ¿Qué quieres hacer hoy?

Me quedé pensativa. Estábamos en una maldita mansión, así que las opciones eran infinitas: una biblioteca enorme llena de libros (porque seguro que tenía una), pasear y descubrir los jardines, piscina… Aun así, pregunté.

—Mmm… ¿Qué se puede hacer en un sitio como este? —dije, levantándome y envolviéndome en las sábanas.

Jack apoyó las manos en la cintura y fingió pensarlo.

—Podemos conducir algún coche del garaje —sugirió con una sonrisa traviesa—. Mi tío tiene una colección entera de deportivos que casi nunca usa.

—¿En serio? —Mis ojos se iluminaron—. ¿Y me dejarías conducir?

—Depende… ¿eres buena al volante?

—Voy a demostrarte que soy mejor que tú —mentí, porque en mi vida solo había pasado la rastra del tractor de Emma por la pista de Blackwood Stables. Esto era mi máximo conocimiento de conducción.

Jack soltó una carcajada y me revolvió el pelo.

—Podemos hacer una carrera. Pero te aviso de que vas a perder.

—Ya veremos —reí, emocionada.

Me cambié y me puse la ropa del día anterior sin antes volver a sentir su olor en la camiseta con la que había dormido, una mezcla entre jabón y algo que solo era él.

—Creo que me la voy a quedar —dije.

Jack arqueó una ceja y se cruzó de brazos.

—¿Ah, sí?

—Sí. Así la tendré en la academia y podré dormir con ella cuando te eche de menos.

Jack sonrió de lado y se acercó a mí lentamente.

—Toda tuya —contestó.

Así que, con su camiseta en mi bolso y la emoción de ir a conducir los coches deportivos del garaje de su tío, me preparé para un día completamente distinto a cualquier otro.

Me dejó elegir coche. Por supuesto, fui directa al rojo sin saber ni el modelo.

Solo sabía que brillaba más que los otros.

Jack me explicó lo básico, me prometió que no me estrellaría (aunque tampoco parecía muy seguro de ello) y, después de varias risas nerviosas, me puse al volante, con él al lado, obviamente, después de confesarle que no tenía ni idea de conducir, y menos esos coches con mil botones y luces.

Literalmente, conseguí hacer una recta y ya.

Después fue Jack quien se encargó de devolver el coche a su sitio.

Cuando aparcamos de nuevo frente al garaje, tenía las mejillas rojas, y la adrenalina a flor de piel, aun sabiendo los pocos metros que había avanzado a velocidad tortuga. Jack me miró con una sonrisa.

—Te ha gustado.

—No tienes ni idea —respondí.

Terminamos el día tirados en el césped, viendo cómo el cielo pasaba del naranja al azul oscuro.

Hablamos de tonterías: de lo poco que dormíamos en la academia, de cuál sería el caballo de nuestros sueños, de qué haríamos si no estuviéramos allí y de qué queríamos hacer con nuestras vidas después de los tres años que pasaríamos en la Academia Rider.

Pero, sin duda, el tema estrella (y la gran pregunta) fue qué nos depararía este trimestre, después de que el director Charles, a finales del trimestre anterior, nos hubiera prometido que sería diferente.

Entre risas y suposiciones locas, no sabíamos si «diferente» significaba mejor o algo mucho más complicado.