La Constante de Reacción (La Ciencia del Deseo nº 2) Para Marina Montes Asunto Re Una vieja colega en la ciudad
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Para Marina Montes Asunto Re Una vieja colega en la ciudad

Hola Marina,

Vaya sorpresa. Enhorabuena por el puesto. Tienes razón, el mundo es un pañuelo.

Un café suena bien para ponernos al día. La semana que viene la tengo complicada, pero avísame cuando te instales.

Un saludo, Daniel.

Le di a "Enviar".

Sentí un alivio inmediato, seguido de una punzada de culpa que me atravesó el pecho.

Había abierto la puerta. Solo una rendija. Pero estaba abierta.

Esa noche, en el sofá, Olivia se acurrucó contra mí. Estábamos viendo una serie, pero yo no veía la pantalla. Veía mi bandeja de enviados.

Ella me pasó la mano por el pecho, acariciándome la camiseta.

—Estás tenso —murmuró, besándome el cuello—. Tienes los hombros como piedras.

Me tensé aún más. Su tacto, que normalmente me calmaba, ahora me hacía sentir sucio. Como si mi piel tuviera una capa de grasa invisible.

—Es el trabajo —dije. La mentira salió automática.

Olivia se incorporó un poco. Me miró a los ojos. Su mirada era limpia, preocupada.

—Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad, Daniel? —dijo suavemente—. Lo que sea. No hay nada que no podamos gestionar si somos un equipo.

Sus palabras fueron un puñal. Me estaba ofreciendo la salvación. Solo tenía que decir: "Olivia, me ha escrito mi ex. La loca. Y le he contestado porque soy imbécil".

Ella se enfadaría, pero lo entendería. Lo superaríamos.

Pero el miedo me paralizó. Miedo a ver la decepción en sus ojos. Miedo a romper la burbuja de perfección que habíamos creado.

Y, en el fondo, miedo a que ella me prohibiera verla.

—Lo sé, amor —dije, dándole un beso en la frente. Un beso de Judas—. De verdad, solo es un experimento que se ha atascado. Lo solucionaré.

Ella me sonrió y volvió a apoyarse en mi pecho.

La abracé. Pero sentí que mis brazos ya no la protegían. La estaban cercando.

Acababa de meter el veneno en el sistema de ventilación de nuestra casa. Y ahora solo era cuestión de tiempo que nos asfixiáramos.