CAPÍTULO 16 #8
—Te prometí que no te olvidaría, Alba —murmuró Elena en voz baja, mirando la imagen—. Pero creo que finalmente puedo dejar de buscarte en los archivos. —¿Estás segura de que no te quedarán dudas en el futuro? —preguntó Martín con delicadeza.
Elena sonrió ligeramente, guardando la fotografía en el bolsillo más cercano a su pecho. —Si algún día regresa un recuerdo de esa noche o de nuestra infancia, lo recibiré como un simple recuerdo de mi hermana. Ya no será una pista de ninguna investigación.
El paisaje quedó completamente iluminado por la luz del nuevo día. Elena respiró hondo, llenando sus pulmones del aire limpio de la mañana, sintiendo por primera vez en meses una sensación de paz profunda y duradera.
—¿Nos vamos? —preguntó Martín, indicando el camino de regreso hacia el coche. Elena miró una última vez hacia el horizonte iluminado por el amanecer. —Sí —dijo.
Dio un paso hacia adelante, firme y decidido. Después dio otro. Antes de emprender la marcha definitiva hacia el vehículo, se detuvo un instante, tocó con la mano el bolsillo donde descansaba la imagen y pronunció dos palabras en un susurro apenas audible que se perdió en la brisa de la mañana:
—«Ahora puedes descansar, Alba.»
Ajustó la gabardina sobre sus hombros y echó a andar junto a Martín por el camino de vuelta, dejando atrás las sombras de la tejera mientras la luz del sol cubría por completo la comarca.
Las consecuencias.
Los meses siguientes estuvieron marcados por declaraciones, investigaciones y procedimientos judiciales que permitieron reconstruir buena parte de la estructura de las Ofelias.
Las pruebas reunidas por Alba antes de su muerte, junto con la documentación recuperada durante la investigación, permitieron demostrar los abusos cometidos contra varias jóvenes, las amenazas y extorsiones utilizadas para mantenerlas en silencio y la responsabilidad de quienes habían participado en su ocultación.
Gonzalo fue condenado por su participación directa en la muerte de Alba, además de por su implicación en la red de extorsión y encubrimiento.
La investigación demostró que había provocado deliberadamente el accidente de su vehículo y que, después, había intervenido para impedir que Alba pudiera sobrevivir.
La sentencia estableció una larga pena de prisión por homicidio y por los delitos relacionados con la organización.
Darío, cuya participación había sido inferior pero decisiva en varias de las operaciones, fue condenado por colaboración criminal, amenazas, extorsión y encubrimiento.
Su cooperación con la investigación permitió esclarecer algunos de los procedimientos utilizados por las Ofelias y descubrir la participación de otras personas.
Otros miembros de la organización fueron condenados por abusos, explotación, coacciones, extorsión, ocultación de pruebas y pertenencia a una estructura criminal.
Algunos aceptaron colaborar con la justicia para reducir sus responsabilidades y aportaron información que permitió identificar a personas que durante años habían permanecido protegidas por su posición económica y social.
La investigación también permitió localizar documentación, fotografías y registros que habían permanecido ocultos durante años.
Parte de aquel material sirvió para identificar a jóvenes que hasta entonces figuraban únicamente como desaparecidas y permitió a sus familias conocer finalmente qué había ocurrido con ellas.
Sin embargo, no todos los responsables pudieron ser juzgados. Algunas personas habían muerto, otras permanecieron fuera del alcance de la justicia y la identidad de ciertos miembros de los niveles superiores de la organización nunca pudo demostrarse completamente ante un tribunal.
Las Ofelias dejaron de existir como estructura organizada, pero sus consecuencias permanecieron mucho después de las sentencias.
Para Elena, aquella era la parte más difícil de aceptar. Ninguna condena podía devolverle a Alba la vida ni borrar lo que aquellas jóvenes habían sufrido.
Pero al menos ahora sus nombres ya no estaban ocultos. Sus historias habían salido a la luz. Y después de tantos años de silencio, la verdad había conseguido sobrevivir a quienes habían intentado enterrarla.
EPÍLOGO
Habían pasado seis meses
El tiempo no había conseguido borrar a Alba, pero había cambiado la forma en que Elena convivía con su ausencia.
Al principio había esperado encontrarla en todas partes: en una llamada que no llegaría, en unos pasos detrás de ella, en una voz que pronunciara su nombre desde otra habitación.
Después comprendió que el dolor no desaparecía.
Simplemente aprendía a ocupar un lugar diferente.
La investigación había terminado semanas atrás.
Las declaraciones, los documentos y las pruebas habían permitido reconstruir la estructura de las Ofelias y establecer las responsabilidades.
La persona que había ocupado la posición siete esperaba ahora su juicio.
Darío también había quedado definitivamente implicado.
Algunas personas habían preferido guardar silencio hasta el último momento; otras habían hablado cuando comprendieron que ya no tenían nada que perder.
Elena había entregado todo lo que Alba había dejado. Todo. Incluso aquello que había guardado durante años porque le resultaba demasiado doloroso desprenderse de ello.
Excepto una cosa. La fotografía. La llevaba dentro de un libro que descansaba sobre la mesilla de noche.
Una fotografía vieja, con una esquina doblada, en la que dos niñas miraban a la cámara sin saber que aquel instante terminaría sobreviviendo a todo lo que vendría después.
«Elena había vuelto a trabajar».