87 Cazalla de la Sierra, 16 de noviembre, 1800
—Ese hombre no se va a romper —dijo Bermejo—. Es de los antiguos.
—No se va a romper por lo suyo —dijo Adela—. Los de esa clase no confiesan por miedo ni por dinero. Confiesan cuando les enseñas a quién han hecho daño de más.
Y se quedó mirándolo con una sensación fea en el estómago, porque aquel apellido tenía un hijo, y aquel hijo le caía bien.