82 Sevilla, 14 de noviembre, 1530
El técnico ajustó el nivel y aisló la banda.
—Es un doble disparo muy seguido —dijo—. De la misma arma. Semiautomática, casi seguro: la cadencia es demasiado rápida para una paralela.
—¿Y la distancia?
—Yo diría entre setecientos y mil metros del micrófono. Y en dirección contraria a donde apunta la cámara.
Adela cerró los ojos un segundo.
Un hombre de setenta y seis años en una residencia llevaba treinta años pidiendo que le dijeran a un muerto que él no fue.
Y tenía razón.