La campana sumergida 56 Cañada de las Ánimas, 2 de noviembre, 1400
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56 Cañada de las Ánimas, 2 de noviembre, 1400

Cuando se fueron todos, Adela se quedó la última.

—Lo siento —dijo—. Tenía que hacerlo.

—Ya lo sé.

—No parece enfadado.

Gaspar se levantó y le dio la mano, cosa que no había hecho hasta entonces.

—Estoy enfadado, teniente. Pero no con usted. Yo llevo cuarenta y tres años en esta sierra y sé perfectamente quién ha llamado a Sevilla para que hoy estuvieran ustedes aquí.

—¿Quién?

Gaspar señaló con la barbilla, hacia el norte, hacia el muro blanco que se veía en la ladera de enfrente.