Capítulo 75
Estaba dándole vueltas a los argumentos una vez más mientras contemplaba las llamas danzantes cuando sonó mi móvil.
Mi primer instinto fue ignorarlo, pero cuando vi el nombre de Jonah, respondí sin pensarlo dos veces.
Siempre tenía tiempo para Jonah, y no era hombre de llamar sin una buena razón.
Kyle me lanzó una mirada de reproche, pero cuando le dije «Jonah» moviendo los labios, asintió y volvió a su libro.
—Buenas noches —dijo Jonah—. Espero no interrumpir.
—No, por supuesto que no —exclamé—. Siempre me alegra saber de ti.
—¿Quinn ha podido avanzar en el caso? —preguntó.
—Sí y no —respondí—. La cruz sí pertenecía a Rosina, y Quinn pudo revivir algunos de sus recuerdos, pero todavía no ha llegado al momento decisivo. Y ha estado bastante ocupada con Echoes .
Me había decepcionado que Quinn no hubiera podido darme un final servido en bandeja, pero sabía que no debía presionarla.
Solo podía dedicar ratos breves a las visiones, ya que a menudo eran muy intensas y la dejaban exhausta.
Y, como me había explicado antes, los objetos que tocaba no la llevaban directamente a la resolución, sino a un momento crucial en la vida de una persona, uno que determinaba todo lo que venía después.
—Creo que he encontrado un vínculo entre Rosina de Winter y Godfrey Winslow —anunció Jonah, lo que me sorprendió.
—¿Qué tipo de vínculo?
—Uno tenue, pero pensé que querrías saberlo.
—Por supuesto —exclamé—. Ya sabes lo que dicen: el diablo está en los detalles.
—Encontré una carta escrita al obispo Jeffries por el archidiácono Collins. No estaba en el mismo archivo que las otras comunicaciones relacionadas con la muerte de Winslow, sino mezclada con la correspondencia personal del obispo. Te enviaré una copia.
—¿Qué dice la carta?
—Collins menciona que Winslow decretó que su sirvienta, Wilhemina Bosco, fuera enterrada en un cruce de caminos.
De Wilhemina, o Mina, como la conocían en el pueblo, se decía que había intentado provocarse un aborto sin conseguirlo.
A raíz de ello se ahorcó, un acto que la privaba de un entierro cristiano.
—¿Cuánto tiempo antes de la muerte del vicario ocurrió esto?
—La fecha exacta es difícil de descifrar, pero fue en octubre de 1816. Pensé que Rosina podría haber tenido algo que ver —sugirió Jonah.
—Como comadrona del pueblo, sin duda habría sabido cómo provocar un aborto —dije—, pero también es posible que Mina lo intentara por su cuenta. Quizá por eso falló.
—Por eso pensé que la conexión era tenue.
Pero quizá Winslow quería castigar a Rosina por su participación.
O pretendía disuadir a otras mujeres de interrumpir sus embarazos.
Y supongo que algunas se lo plantearían, dado que llevaban meses pasándolas canutas y la situación no iba a mejorar.
Otra boca que alimentar solo empeoraría las cosas —reflexionó Jonah.
—Pero aunque Winslow quisiera hacer un escarmiento con Rosina de Winter, ¿qué le pasó a él? A menos que... —dejé la frase en el aire mientras intentaba ordenar mis pensamientos.
—¿A menos que qué? —preguntó Jonah.
—Winslow murió de la misma manera que Mina. Suicidio por ahorcamiento. Justicia poética, ¿no crees?
—Pero si damos por hecho que no se ahorcó él mismo, ¿quién querría aplicar esa justicia?
—Quizá el padre del bebé de Mina buscó venganza por su muerte y liberó a Rosina —especulé—. Puede que no estuviera en posición de casarse con ella, pero podría haber amado a Mina y saber que Rosina había intentado ayudarla.
—Es una teoría plausible —coincidió Jonah—. Pero no hay forma de averiguar quién era el amante de Mina. Lo más probable es que fuera un hombre casado y que la aventura se mantuviera en secreto.
—Nunca lo sabremos a menos que Quinn pueda completar el rompecabezas —dije.
Se produjo una pausa natural en la conversación, y estuve a punto de compartir con Jonah lo que había estado pensando sobre Leo, pero algo me impidió hablar de mis sentimientos.
Sabía que Jonah me ayudaría a poner las cosas en perspectiva y me guiaría hacia una decisión.
Al fin y al cabo, esa era su especialidad, y él mismo acababa de acoger a un niño huérfano, pero me di cuenta de que necesitaba resolver este dilema en particular por mi cuenta.
Leo no era un problema que resolver. Era una persona, y a pesar de todas mis objeciones racionales, esto era, al fin y al cabo, un asunto del corazón.
—Te contaré lo que Quinn descubra —prometí, y me despedí.